Nota de opinión

La prostitución es violencia

-Eh profe, ¡estás re yuta! -me dijo una piba luego de leer la columna de la semana pasada. -Las abolicionistas son re ortivas, ¡yo estoy a favor del regulacionismo!
Por 
lunes, 02 de julio de 2018 · 19:04

Por Camila Ríos Fernández. 

-Eh profe, ¡estás re yuta! -me dijo una piba luego de leer la columna de la semana pasada. -Las abolicionistas son re ortivas, ¡yo estoy a favor del regulacionismo!

Dos modelos: el modelo regulacionista y el modelo abolicionista:

Hace ya un tiempo largo que se fue instalando esta idea de reglamentar la prostitución sosteniendo que hay que respetar la libertad de las personas a decidir sobre lo que deseen hacer con su cuerpo. Desde el regulacionismo se exige la intervención del Estado en pos de reconocer la prostitución como un trabajo más. Plantean que hay que modificar las leyes para regular la actividad, ya que con derechos laborales y de seguridad social las mujeres enfrentarían menos problemas y podrían ejercer libremente la prostitución sin presiones ni persecuciones.

Pensamiento casi mágico. La policía, cómplice de la explotación sexual (¿o no sabe cada comisaria donde están localizadas las whiskerías y casas de citas donde están secuestradas las pibas?) dejarían con la regulación de cobrar coimas, de ser encubridores de los proxenetas y el comercio de la trata acabaría. ¿Son o se hacen? Salvo aquella que es propietaria y ejerce en su departamento, el resto de las personas son en su mayoría personas pobres con desiguales accesos previos a la educación, a la vivienda, a los derechos básicos que han llegado a la prostitución por la falta de oportunidades.

Subyace la corrupción de menores, la cooptación, la coacción. El regulacionismo omite decir que la prostitución es un negocio redondo, no para las putas, sino para los explotadores que se llevan miles de millones de pesos, con complicidad del Estado, abusando de estas desigualdades primarias que arrojan a la prostitución mayormente a las personas pobres. Muchas llegan sin ser secuestradas, otras sí, otras son extorsionadas. A la mayoría les arruinan la vida con droga, alcohol, corrupción. Y cuando el negocio requiere de carne fresca son las niñas y adolescentes las cooptadas por estas redes.

Otro modelo es el abolicionista que desde una mirada de los derechos humanos entiende a las personas como sujetos de derechos y no como objetos o mercancías para ser comercializadas. Desde estos posicionamientos se busca cambiar las condiciones materiales para que no se tenga que recurrir a la prostitución como única salida. Se castiga a los prostituyentes y se reconoce como víctima a la persona prostituida.

Dos conceptos para entender por qué es explotación y no un trabajo la prostitución:

Fuerza de trabajo y trabajo.

La capacidad de trabajo (o fuerza de trabajo) es el conjunto de capacidades físicas y mentales, inherentes a todo ser humano, susceptibles de ser utilizadas para la producción de un valor.​ Se diferencia así del trabajo, que es la puesta en práctica de la fuerza de trabajo.

La costurera, la maestra, el obrero, el chofer, la ingeniera, el doctor, etc, venden sus saberes (su fuerza de trabajo) para producir algo a cambio de su salario.

¿Cuál es la fuerza de trabajo en la prostitución? No se compra la fuerza de trabajo. Se compra a la persona misma como si fuera una cosa, y como tal (como cosa) es cosificada, mercantilizada.

Asumir que las mujeres tenemos derecho a vendernos como establecen las regulacionistas implica que habrá hombres consumiéndonos, comprándonos como objetos. Cuando le pagas al psicólogo la sesión, estás pagando por un servicio, en este caso de salud mental. No comprás al profesional como una mercancía.

Cuando comprás un kilo de papas, pagás al verdulero por esos tubérculos y no por hacer uso del verdulero.

Que existe explotación en este mundo capitalista no queda ninguna duda. Mientras los empresarios se llenan los bolsillos, los obreros dejan sudor, lágrimas e ilusiones en cada tarea. Pero la prostitución no es equiparable a cualquier modo de explotación porque exige el pasaje de sujeto a objeto. Porque en la relación empleado/empleador, obrero/empresario, capitalista/laburante, existe plusvalía, pero no  estrés post traumático como ocurre con la prostitución porque requiere escindirse, porque hay abusos, misoginia, tortura, riesgo de vida, violencia y violaciones.

Los y las adultos/as debemos ser garantes de derechos, debemos promover los derechos humanos y detectar la vulneración de los mismos. Tenemos que estar alerta y atentos/as porque vienen por los y las pibas más pobres con este discurso que parece inocuo, inofensivo pero es siniestro. Plata fácil dicen y ellas muchas veces así lo creen. Lo de fácil, rápidamente se esfuma. 

Cargando más noticias
Cargar mas noticias