Panorama

Cómo se filtró la prueba más escandalosa sobre la corrupción K

La obscenidad de la prueba y la sospecha de un 'entregador'. Un escándalo que nadie sabe hasta dónde llegará.
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miércoles, 01 de agosto de 2018 · 16:25

Quién, en su sano juicio, escribe con nombre, apellido, horarios, lugares y accesorios, los datos de una maniobra delictiva durante más de diez años. Oscar Centeno, en este caso, era el chofer de uno de los hombres más poderosos durante la era K. Y lo hizo: volcó en varios cuadernos cómo vio pasar bolsos con dinero y cómo llegaron a manos de la cúpula del poder en un gobierno. 

Nadie imaginó una prueba incriminatoria tan contundente como esta. Ni en un guión de televisión, o sí. Tampoco nadie, en su sano juicio, podría salir de madrugada, con 9 millones de dólares en un baúl (¿o más?) para arrojarlos en un convento de monjas. Pero pasó. 

Los casos de José López y Oscar Centeno tienen puntos de conexión inquietantes. Uno de ellos es el descrito: la obscenidad de la prueba. López era el protagonista del delito. Centeno, al parecer, un mero observador. 

¿Era un mero observador? Para la Justicia, Centeno es un partícipe secundario. TN reveló que era un suboficial retirado del Ejército Argentino. Le cabría en todo esto una pena menor. Es el que menos tiene para perder, y más si se acoge a la figura del arrepentido, que ya le ofreció la Justicia. 

¿Cómo se filtraron los cuadernos? El primero en recibirlos fue el periodista de La Nación Diego Cabot. Contó que fue un paquete anónimo, que llegó a su nombre en la redacción. Que se reunió con los involucrados, en una paciente investigación, en paralelo a la judicial, y que los acusados, algunos de ellos empresarios -que quedaron detenidos- no podían creer que esa información estuviera en manos de la prensa.

Lo más probable es que todos los acusados y llamados a indagatoria estén seriamente comprometidos. Porque lo que Centeno contó en sus cuadernos, la Justicia, al parecer, puede comprobarlo con testigos, videos y alguna que otra prueba más. 

Es un escándalo de proporción, mucho mayor al de los bolsos de López, porque hay acusaciones precisas que llegan, ahora sí, contra la expresidenta Cristina Kirchner. Pero la primera versión, que indicaba que los cuadernos habían sido entregados por la ex mujer de Centeno, con quién habría tenido una pelea, fue desmentida por varias fuentes judiciales a varios medios distintos. 

Entonces, cómo se filtraron es un interrogante no menor. “Hubo alguna mano negra, como en lo de Josecito”, susurró un hombre que conoce el mundo judicial. En el caso de López, uno de los primeros detenidos de la era K, una versión que nunca pudo comprobarse fue que alguien llamó a López en las horas previas a que el exsecretario de Obra Pública tomara millones de dólares y saliera con la intención de ocultarlos.

¿Tenía Centeno algún vínculo secreto? ¿Escribió todo para resguardarse de alguna presión mafiosa? ¿O tenía otros intereses? Llama la atención que uno de los citados a indagatoria sea Javier Fernández, Auditor General de la Nación, de extenso vínculo con el peronismo y a quién sus detractores señalaron siempre como un operador de la justicia con vínculos con el ex espía Antonio Stiuso, algo que el siempre negó. 

El otro aspecto de la investigación judicial es la oportunidad. Nadie niega, ni los involucrados a esta altura, la contundencia de la prueba. La maniobra delictiva, detalles más, detalles menos, existió. Pero se sabe que la Justicia puede definir cuándo mover sus piezas, sino no se entiende que durante la era kirchnerista fueron pocos los que se animaron a tocar a Cristina y a Néstor. Y tribunales tuvo, de repente, un ataque de actividad insuperable. Una cosa no quita la otra. Pero genera sospechas. No hay conspiración, pero sí un momento oportuno que, por ahora, favorece la situación del Gobierno, justo el día en que se implementan varios aumentos en tarifas, en medio de una crisis, y con problemas serios en el empleo. Nada mejor para el oficialismo que revivir como en una remake los bolsos de López, pero recargados. Sin embargo, es de tal magnitud el escándalo que nadie sabe hasta dónde llegará.
 

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