OPINIÓN

José de Álzaga: Argentina, entre egoísmos y codicias

Con la política mediática de Cambiemos que introdujo la discusión del aborto, la Argentina se ha convertido en un país maniqueo, donde esta cuestión se valoró como la existencia de dos principios contrarios, que luchaban entre sí. Una verdadera apología del bien y del mal.
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martes, 14 de agosto de 2018 · 14:16

Amigo Lector: Nada nuevo e interesante ocurre en la Argentina. Otra vez –y van…- veo repetida la escena de mediocridad económica donde los simples son exprimidos para saciar a Baal dolarizado -Baal dios antiguo que representa el mal- mientras se endeuda otra vez a las próximas generaciones. Poco creativo es este libreto, de modo que opté por asilar mi espíritu en algún sitio recóndito, donde las humanas debilidades se diluyan ante la contemplación supraterrenal. 

Siendo que los ciudadanos del mundo somos ecuménicos y un hombre libre lo es sólo en tanto puede vivenciar la nota mística de todas las culturas, puse rumbo al milenario Japón abordando la primera de Qatar Airways, espacio recoleto donde es fácil reconocer a los adinerados de los nuevos ricos, concepto breve, un tanto frívolo tal vez, pero de profundo significado. 

Digo así pues, los de noble cuna tenemos el comportamiento medido y apenas saboreamos un champán delicadamente en el tramo Buenos Aires-Río, mientras los nuevos ricos se lanzan sobre las bandejas denunciando que nunca antes vieron reunidas tantas exquisiteces, acuciados por el inconsciente que les denota que jamás volverán a verlas. ¡Ah, el proletariado enriquecido es siempre vil y inconveniente a los buenos usos y modales! 

De Río a Dubai, escala en la tierra –bueno, la arena- donde los Hijos de Alá han convertido el desierto en un paraíso de cemento, sólo un paso hasta Tokyo, donde pernoctaré en Koyasan, el centro religioso más importante del budismo, en cuyo cementerio reposan los restos de los grandes maestros. Una estancia declarada Patrimonio de la Humanidad a la que podré ingresar debido a la gentil invitación de mi amigo, Hui-Chih-Tsang, Gran Maestro de quien se cuenta que en sus trances espirituales llega a levitar de la misma manera en que me ocurre a mí cuando observo los desvaríos de la clase política argentina. 

Sea dicho nada más que apenas terminan de resolver a costo pírrico la cuestión del aborto punible o no, tema sensible que fue echado a las masas como se tira el trozo de carne a las bestias. Así hemos visto columnas de disciplinados ciudadanos, católicos y democráticos ataviados en defensa de la vida, como también hordas de féminas en estado incivil, exhibiendo sus partes pudendas con tal desparpajo que hasta las Furias griegas se habrían cubierto de vergüenza…, justamente, lo que les falta a esta jauría de hienas ávidas de sangre nonata. ¡Ni el Averno en su versión más espantosa sería capaz de reproducir escenas tan amorales montadas por estos espíritus miserables, desechos de conciencia, apenas despojos cárnicos y escombros de una humanidad caída! 

¿A esa caterva de dementoides llaman “mujeres”? Por mucho menos la Eva fue exiliada del Paraíso y se llevó en la caída al buen hombre, indefenso ante la mordacidad de ese cerebro femenino. ¡Imaginad de lo que sería capaz esta marea de feromonas insurrectas!

Pero dados a la cuestión, os repetiré que nada es casualidad en esta historia. De la grieta kirchnerista, con la política mediática de Cambiemos que introdujo la discusión del aborto como parte de su “Panem et Circenses”,  la Argentina se ha convertido en un país maniqueo, donde esta cuestión se valoró no como una situación a debatir sino como la existencia de dos principios contrarios, inmutables que luchaban entre sí. Una verdadera apología del bien y del mal.  

Sin embargo, sería conveniente intentar una lectura más amplia ya que al final si bien las calles se dividieron en verdes y celestes, en los hechos, tanto el macrismo como el kirchnerismo terminaron patrocinando el mismo proyecto oficialista en favor del aborto. La prueba más resuelta de esto es la actitud de Cristina Fernández que defendió la idea echada a rodar por su enemigo. 

Así es que se ha planteado un confuso cuadro donde priman los grises y claroscuros que hacen de la cuestión política argentina un laberinto donde se desdibuja el límite entre oficialismo y oposición. Y así deviene esto porque en los hechos, el kirchnerismo debió ser la oposición a un tema cuestionado por el grueso de la sociedad argentina, con lo que quizás perdió una buena oportunidad para ganar algunas posiciones. 

Sin embargo, quedaría por analizar qué importancia tuvo en esta discusión la presión social que motivó que no pocos senadores que “por convicción personal” estaban a favor de la despenalización del aborto terminaran votando lo contrario. 

Esos votos fueron negativos en función de esa presión que operó desde la calle, una sociedad que hizo sentir su rechazo al proyecto en marchas, mensajes, publicaciones y demostraciones que llevaron a pensar a esos senadores en función de electorado y no de “principios”. 

Para decirlo más claramente, la cercanía de las elecciones del próximo año 2019 tuvo tal vez que ver en que estos representantes “escucharan la voz del pueblo” y decidieran ir en favor de esa corriente. 

Pero, ¿qué es lo que movilizó a esas huestes ciudadanas de una manera que hicieron sentir su presencia? Los valores humanos y religiosos. Y hasta se podría decir que ese fue el orden, el valor de la vida y luego los dogmas. 

Así es posible hablar sin temor al equívoco de que existe vibrante y, de modo palpitante en la República Argentina, una reserva moral que está adormilada o acallada por tanta parafernalia mediática que impone desembozadamente modelos y arquetipos sociales que avasallan con lo que supo ser el orden normal constituido. Esa herencia que abreva en las generaciones pasadas que en gran mayoría llegaron al país para construir familias que se cimentaron sobre postulados de gran firmeza ética y moral. 

Entonces, podría decirse que por un lado los grandes derrotados en esta ocasión fueron los sistemas políticos de uno y otro lado, cuyo resultado obliga a repensar qué modelo político hay que formular hacia adelante. 

De algún modo, el triunfo del “No” al aborto devuelve a la memoria aquella expresión acuñada en los umbrales del peronismo: “el subsuelo de la Patria sublevado”. Pero esta vez no para salvar a un líder político sino para advertir a los políticos que el pueblo argentino todavía mantiene viva su herencia cultural de cuño cristiano y que modela precisamente a lo que supo llamarse el “Ser nacional argentino”.

Y mientras el aquelarre del choripán continúa, en la proximidad a pisar la tierra del Sol Naciente, ya saboreo anticipadamente el sushi acompañado de un exclusivo sake “Sumine” de la bodega Yukisuzume, reputado entre los mejores del mundo, como manifiesta preparación de la conciencia para el ingreso al Chang Shambhala,  la fuente de la sabiduría eterna donde moran los seres inmortales en armonía perfecta con la naturaleza y el universo. 

Claro, tan exclusivo como la primera de Qatar Airways, lógicamente.

En fin, veo a la distancia a mi Argentina rodada a causa de los egoísmos y la codicia, dividida a propósito de inconfesables deseos de quienes la gobiernan y la apetecen, conducida por un mentecato que sólo puede hablar de fútbol donde va. ¡Imaginaos ese “estadista” cuya comprensión tiene el límite de un estadio. Pero os diré, a vosotros que arreáis al vulgo como reses de matadero que hora de la claridad de los pueblos arriba inexorable como el amanecer tras la pesadilla nocturna, por eso os amonesto con las palabras del Buda: “Cuidado, porque son tres las cosas que no se pueden ocultar por mucho tiempo: El sol, la luna y la verdad.”

Hasta la próxima.-

José de Álzaga*

*Nació el 25 de mayo de 1955. Egresó con el Título de Licenciado en Historia de la Universidad de El Salvador. Cursó luego la Licenciatura en Filosofía en la Universidad de Navarra, España. Ejerció la docencia en prestigiosos Colegios de la Ciudad de Buenos Aires.  

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