Editorial

“Son todos corruptos, menos nosotros”

Un discurso que promete ser el guión de una elección presidencial distorsionada.
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martes, 07 de agosto de 2018 · 21:42

(Por Federico Mena Saravia) - “Lo que está pasando representa un cambio enorme en la Argentina, empresarios cercanos al Presidente se presentan en la Justicia, no hay impunidad para nadie”. 

La frase salió de boca de la diputada Elisa Carrió y representa una verbalización consciente del plan del oficialismo para aprovechar electoralmente el escándalo de corrupción del momento, el “cuadernogate”

La descripción, tan gráfica, se puede traducir así: “Son todos lo mismo. Todos corruptos. Menos nosotros, que dejamos que investiguen a todos, inclusive al primo del Presidente”.

El periodista Jorge Rial sugirió hoy en la red social Twitter: “Después del lunes 13 (que es el día que declara Cristina Kirchner) empiezan a citar a varios gobernadores por las coimas de la obra pública. Arrancan con un peso pesado. Ojo al piojo”.

Y añadió: “Dicen que detrás de la estrategia de arrepentimiento espontáneo de los empresarios más cercanos al poder de turno, está el Tano Angelici. El Presi de Boca armó el guión que Calcaterra estudió. De allí las coincidencias a la hora de declarar entre todos”.

Una interpretación de que lo que pasa no tiene que ver tanto con la búsqueda de la verdad. Y si no, basta con revisar algunos datos:

—El primo de Mauricio Macri, Angelo Calcaterra, charló con el Presidente antes de decidir presentarse de manera “espontánea” en la justicia federal.
—El acuerdo para que Calcaterra se “arrepintiera” fue sellado con el fiscal y el juez antes de su declaración: varios medios se hicieron eco de una versión que contaba que la letra chica del “arrepentimiento” fue conversada por el empresario con Stornelli y Bonadío el fin de semana. Nadie lo desmintió.
—Calcaterra salió libre. Y tendrá pena menor por decir que no tuvo escapatoria para aportar a las campañas del kirchnerismo. Es el mismo libreto que otros empresarios repiten y que algunos sugieren que fue delineado por la Casa Rosada.
—Mientras todo esto pasa, la economía, la de la calle, no la de los grandes grupos, está cada vez peor. Cualquier indicador y cualquier observación urbana delata el malestar social.

No hace falta irse ni siquiera al blanqueo, que permitió que familiares directos de Macri ingresaran al sistema dinero negro (por decreto), basta con recordar que el día anterior a que se destapara este cuadernogate, el tema en los principales medios era cómo Vidal sorteaba su propio affaire de corrupción: los aportantes truchos. Para que se entienda bien: la Provincia todavía no dio explicación sólida sobre más de 40 millones de pesos de “aportes” hechos en muchos casos por indigentes o beneficiarios de planes sociales.

En segundo lugar, instalar la idea de que todos son lo mismo, de que todos tienen prontuario, a partir de algunos casos reales, y otros verosímiles pero aún no comprobados, no sólo es una distorsión intencionada, es la estrategia que marcará al oficialismo hasta las elecciones de octubre del año que viene.

Y es un terreno que conoce bien. Cimentó su campaña en 2015 sobre la corrupción K, y repitió discurso en las legislativas del año pasado. Es el único camino que intenta explotar ante una realidad económica imposible de ocultar, y que no promete otro segundo semestre positivo.

En el medio, el macrismo se olvida que este mismo empresariado denunciado (que deberá ser investigado) usa estos métodos desde hace como mínimo 40 años, y en algunos casos los nombres o apellidos son los mismos. La familia Macri forma parte de la patria contratista desde antes de la dictadura militar del 76, con la que supo amasar fortuna.

Con Alfonsín, Menem, Duhalde y Kirchner, inclusive, la familia hizo negocios muy rentables. No fue sino hasta el desembarco en la Rosada que el macrismo empezó a asombrarse selectivamente con esa patria contratista. 

Mientras hay otro olvido, que Macri fue salvado por la Corte menemista de una condena por contrabando que le quedaba de su pasado empresarial. Y que asumió la Presidencia mucho tiempo después, procesado por espionaje, de su paso por el gobierno porteño. 
 



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