Panorama

Urna mata helicóptero

El teorema de Baglini recuerda que el que tiene discurso violento es porque está lejos del poder. Cristina pasó de fogonear el caos al silencio. ¿Siente que puede ganar?
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jueves, 17 de enero de 2019 · 16:49

El radical mendocino Raúl Baglini explicó hace más de 30 años, un teorema fácil de entender. Cuando el discurso político es violento, irresponsable y además se acompaña con marchas callejeras con insultos a los gobernantes, quiere decir que se está lejos del poder.

Cuando ese mismo grupo siente, percibe, que puede ganar las elecciones, se vuelve más reflexivo, prudente y trata de limar el extremo de su partido. En síntesis: urna mata helicóptero. Las usinas de conflicto kirchnerista, que fogonearon las marchas por la reforma jubilatoria en 2017 y amenazaron con incendiar el Congreso (hasta ofrecieron como souvenirs pequeños helicópteros), ahora se llamaron a silencio.

¿Por qué se apaciguaron? ¿Por qué piden tranquilidad? ¿Por qué censuraron a Grabois por entrar con violencia al edificio del grupo Clarín? ¿Por qué frenaron las protestas por el nuevo tarifazo? Porque piensan que pueden ganar en las urnas.

La Cámpora da señales de moderación. Alberto Fernández en su recorrida señala que Cristina es otra. La metamorfosis llegó para mejorar. Espert dijo: “Hay que meter en cana el cajón de Néstor”. Maximo dijo: “No contesten”.

La Cámpora tiene 25 diputados, de los cuales 13 terminan su mandato. Algunos de sus dirigentes fueron a la embajada de Estados Unidos en la Argentina. Pidieron autorización para que Cristina con una delegación vaya a visitar Washington. La consigna: “Hacer buena letra”.

Quedaron atrás las frases de Cristina en sus discursos cuando dijo: “Si me pasa algo miren al Norte”. Aludía a que si había un atentado contra su vida apuntaran a Estados Unidos. En aquellos momentos soñaba con reemplazar al fallecido Hugo Cháves  como cabeza del populismo de izquierda en América del Sur. Perdieron la paciencia cuando falleció el ex canciller, Héctor Timerman.

Allí se les escapó la tortuga. Hablaron de “hambre de venganza” y “odio”: La conclusión a la que se llegó fue que murió por la persecución policial y judicial y no por el memorándum con Irán.
Anibal Fernandez fue mas claro en su reacción: “Lo van a pagar”; “Ni olvido ni perdón”,  “A donde vayan los iremos a buscar”.

¿A quién? La justicia, la prensa crítica y la comunidad judía.  El maquillaje, ante la primera lluvia fuerte, desapareció. Vayamos a la economía. Ahora plantean que, si ganan, hay que cambiar la Constitución,  y que el pueblo controle a los jueces. El populismo de izquierda no la tiene fácil. La ola que comenzó en 2003 con Néstor, Lula, Hugo Chávez y Correa, se disolvió.

Venezuela es caótica, Correa huye de la Justicia, Lula esta preso y Néstor y Hugo Chávez fallecieron.
Además, el país más grande de América del Sur, el que tiene una economía cuatro veces más grande que Argentina, puso al mando de los números a Paulo Guedes, un ultra liberal.

En Argentina seria el equivalente a López Murphy o Espert. “Chile es el ejemplo”, dijo.
Su razonamiento está ligado a que el Estado debe ser “lo más pequeño posible”. Y tiene dos objetivos, según repite: “Terminemos con el comunismo cultural” y “ meter cuchillo en los subsidios”.

Brasil es el 50 % de Sudamérica. Si le va bien, el efecto contagio es inevitable. Frente a este cambio , las declaraciones del kirchnerismo en materia económica suenan antiguas y obsoletas.
Brasil va a atraer inversiones. Al crecer, como calculan los analistas, entre 3 o 4 % del PBI, va a arrastrar las exportaciones industriales argentinas. Es nuestro principal socio comercial. Mientras tanto, se frenó la corriente contraria.

Apareció en estos meses el superávit comercial, el dólar tocó el piso de la banda cambiaria, bajo el riesgo país, el turismo interno puso su cuota positiva, la tasa bajó un poco y la cosecha será récord.
Igual, esto recién empieza. Según la encuesta de D` Alessio el 39 % apuesta a que este año la economía estará mejor. La gente quiere creer.

 

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