El regreso del hombre de "amianto"

"¿En qué te has convertido, Daniel? ¡En candidato, Mauricio!"

Como en los viejos tiempos, cuando era gobernador, Scioli reflotó su capacidad para esquivar los escándalos, poner en segundo plano su mala gestión y sus causas, y se lanza por la revancha.
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viernes, 18 de enero de 2019 · 17:34

Daniel Scioli comenzó a instalar su candidatura a la presidencia por el peronismo/kirchnerismo. Y como en los viejos tiempos de gobernador, el exmotonauta reflotó su capacidad de esquivar escándalos (personales o no) y seguir como si nada hubiera pasado. 

Tras las acusaciones públicas de su expareja Gisela Berger, Scioli presentó su libro “El otro camino” y ya anticipó por dónde dará la discusión. La pretensión del exgobernador bonaerense es resucitar la batalla presidencial de 2015 y utilizar el recordado debate por televisión como plataforma electoral.

En el entorno del exgobernador remarcan que aquel “face to face” entre Scioli y Macri (que entre otras cosas pasó a la fama por una de las chicanas: “¿En qué te han convertido, Daniel?”) posiciona al entonces candidato del FPV como tal vez el único que le avisó a la gente lo que Macri iba a hacer. Y que, para regocijo del sciolismo, el actual presidente negó varias veces.

Tarifas, devaluación, despidos, ajuste, fueron algunos de los tópicos de aquel debate. No importa ahora, casi cuatro años después, si Scioli lo hubiera hecho mejor, si era verdad buena parte de los diagnósticos de Macri sobre cómo el kirchnerismo había dejado hasta ese momento el país ni la responsabilidad del propio Scioli en el asunto. Lo que importa en su comité de campaña es contrastar lo que Scioli dijo, advirtió, acusó y Macri negó. 

En tiempos del kirchnerismo, a Scioli lo apodaron “el hombre de amianto”, un material que se usa en la construcción y que resiste el paso del tiempo, las llamas, todo. Y se lo ganó con creces. Cuando la imagen pública de Cristina Kirchner se desplomaba, la de él permanecía casi intacta.

Cuando visitaba un municipio en el que se había cometido un crimen, los insultos iban al intendente, nunca al gobernador, que era el verdadero responsable de la seguridad bonaerense. 

La gestión en la Provincia fue más bien chata, más bien mala. No hubo cambios estructurales en infraestructura, en salud, en educación. En algunos lugares, incluso en el Conurbano, fueron ocho años en los que el tiempo no pasó, con todo lo que eso implica. Sin embargo, para muchos bonaerenses era culpa de Cristina que no lo dejaba gobernar (algo de eso había). De hecho, Scioli ganó dos veces con más de 50 puntos.

La mala gestión de Scioli (que se tradujo en escuelas rotas, hospitales con graves deficiencias de personal y recursos, rutas destruidas, inseguridad profunda) fue también un aditivo importante para la derrota de Aníbal Fernández contra Vidal, aunque la mala imagen de Fernández tampoco ayudó mucho que digamos.

En la campaña de 2015, a pesar de que había sido propuesto por Cristina Kirchner, y muy probablemente por sus orígenes más “moderados”, Scioli logró parecer al mismo tiempo el candidato de Cristina y del peronismo no kirchnerista, algo que desde el marketing aprovechó muy bien. Es cierto que su relación con la entonces presidenta nunca fue buena o del todo buena, pero de ahí a reducir el vínculo a un sometimiento -como hoy se sigue sosteniendo- es demasiado. Y hasta parece una subestimación de la capacidad política de una persona que pasó de la farándula y el deporte, al Congreso, luego a la vicepresidencia y más tarde a la gobernación. 

Ahora está lanzado. Según contaron a El Intransigente fuentes del kirchnerismo, Scioli fue autorizado por Cristina a “caminar”, como hizo otras veces, como hizo en 2015, cuando se discutía si el candidato era Florencio Randazzo o el propio Scioli. Claro que antes que nada, Scioli debe despejar varios interrogantes. El más importante es si Cristina competirá o no como candidata a la presidencia, porque si lo hace, las chances del exgobernador son nulas.

La segunda es si se desdoblan o no las elecciones en la provincia de Buenos Aires, porque en ese escenario puede pasar cualquier cosa y tampoco se sabe que hará la expresidenta de ocurrir eso. 

Hay, en el oficialismo, quienes se atreven a sugerir que Scioli tiene un acuerdo no escrito con María Eugenia Vidal, para robarle votos al kirchnerismo. No hay elementos que avalen, al menos por ahora, esa teoría. 

El otro costado que podría inquietar a Scioli, al menos en el debate público, son las causas judiciales. No hay elementos para pensar que pueda llegar a quedar severamente complicado al menos en año electoral. Pero no es menor que hay investigaciones que muestran graves delitos que lo salpican y que en algunos casos involucran directamente a gente que fue de su mayor confianza cuando era gobernador, como el entonces jefe de gabinete, Alberto Pérez.


 

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