Análisis

Vivir sin luz: un problema histórico con pocos beneficiados y muchos perjudicados

Con subsidios o tarifazos, la energía se corta igual. ¿A dónde fueron a parar los subsidios? ¿Quiénes ganan ahora con los aumentos? La gente no recibe respuestas de las empresas y el Estado no controla.
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miércoles, 30 de enero de 2019 · 17:37

Cuando Mauricio Macri asumió la presidencia, su gobierno resolvió eliminar “gradualmente” los subsidios a la energía eléctrica para “equilibrar” las cuentas del Estado. Desde 2016 hasta ahora la Casa Rosada avaló aumentos en la luz de hasta 1000 por ciento, pero en la ecuación no se contempló el costo real de la energía ni si esas empresas hicieron inversiones con los subsidios que recibieron durante la era K.

Tampoco si el salario del que paga la boleta subió en proporción lo suficiente como para que tener luz no sea un privilegio, sino un derecho.

La historia es la misma desde que se privatizó el servicio. Las concesionarias hacen casi lo que quieren y el Estado no controla ni muestra números. Entonces, se avalan aumentos al consumidor sin transparentar (ocultando o esforzandose en que el usuario no lo encuentre) cómo se gasta el dinero recaudado ni si se hacen o no las inversiones necesarias. 

Eso era así cuando se subsidiaba casi totalmente el consumo y sigue siendo así ahora que vamos hacia una política de no apoyo estatal. La gente se queda sin luz en verano, como siempre. A veces por varios días. Y no recibe respuestas ni de las eléctricas ni del ENRE, como siempre. La incertidumbre sobre la recuperación del servicio, los daños por alimentos perdidos, aparatos quemados y la imposibilidad de refrigerar la casa para mitigar la ola de calor genera enojo e indignación. 

El enojo social está ligado directamente a los aumentos. La sensación de la mayoría de los que sufren los cortes es que pagan mucho más (dato real) y obtienen un servicio tan malo como el de antes (dato real). Para peor, el Estado no actúa ante el destrato a los consumidores ni ejerce poder de policía para que la gente reciba lo que merece (nadie pide que se lo regalen). 

Entre 2016 y 2018 ¿cuánto aumentó el salario y cuánto los servicios? Está claro que la luz subió mucho más y que su pago representa cada vez una porción mayor del bolsillo de los usuarios. 

La decisión de subsidiar no es económica, es política. Muchos países lo hacen, algunos desarrollados y otros no. Tiene que ver con una concepción. Más allá del modelo, lo que está claro es que los beneficiados son siempre los mismos, un puñado de empresarios que, en este caso, rodean al presidente.

Nicolás Caputo es uno de ellos. El alma máter de Macri es dueño de Central Puerto y a través de ella, accionista de Edesur. Es una de las compañías que más usuarios sin energía reportó en los últimos días. 

El otro es Marcelo Mindlin, el propietario de Pampa Energía, Edenor, Transener y TGS. Mindlin fue el comprador voluntario de Iecsa, la empresa del primo de Macri, que quedó en la mira por Odebrecht. Un favor a la familia Macri que el gobierno supo retribuir en tarifas dolarizadas. Y es que Macri tiene una prolijidad estricta para cumplir los contratos de las energéticas, pero no es tan puntilloso para garantizar que los usuarios reciban un buen servicio ni que tengan un salario acorde (o empleo) para poder afrontar tantos aumentos. Pero el viernes subirá la luz de nuevo un 32 por ciento. “La energía es cara y hay que pagarla”, es la filosofía macrista que, por ahora, solo deja usuarios con menos plata y mala calidad en la prestación del servicio.  
 

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