POR ARMANDO M. PÉREZ DE NUCCI

La pobreza como perversión en la Argentina de hoy

La opinión pública se ha visto sacudida por la existencia de casos de desnutrición y muerte
lunes, 14 de noviembre de 2016 · 09:36

BUENOS AIRES (Armando Pérez de Nucci) - La Bioética se ha convertido en la ciencia del siglo XXI justamente porque su propia definición, "ética del Bios -vida-", la hace actual y extendida en el tiempo. Ya me he referido en otras oportunidades a varios de los problemas que la Bioética trata de dilucidar, analizándolos en su esencia y proponiendo soluciones desde la praxis y la consideración moral del problema. Pero no hay mayor problema en la actualidad que el estado de pobreza y su consecuencia inmediata para la medicina y la sociedad, tal cual es la perversión encarnada por la desnutrición infantil preferentemente, y es éste un problema de la población en general.

La opinión pública se ha visto sacudida por la existencia de casos de desnutrición y muerte en varias ´provincias del norte Argentina, como Tucumán, Salta y Chaco, por citar algunas y una vez más los medios se hacen eco de una situación que parece no tener fin y que sacude enérgicamente los asertos del gobierno referidos al descenso de los índices de pobreza y malnutrición, que chocan drásticamente con la realidad imperante en muchas , por no decir todas la provincias del norte de nuestro país.

No es éste un tema novel en mi carrera, en mi devenir medico humanístico, ya que estas reflexiones y la búsqueda de soluciones o paliativos al problema de la pobreza empezaron ya hace bastantes años, cuando mi trabajo antropológico médico en los vales de nuestra provincia y el Noroeste Argentino y  mi desempeño profesional médico específico en el pedemonte tucumano, me enfrentaron a una realidad diferente para la que no me había formado la universidad. Era aquella una realidad que pasaba por los pobres de nuestra alejada región, cuya fundamental preocupación era – como ahora - , contar con un trabajo digno, bienestar, posibilidades de evolución ascendente, salud y justicia.. Casi toda mi vida de médico ha transcurrido en relación directa con la pobreza y sus consecuencias sociales y médicas, y durante casi treinta años – hasta que dejé mi trabajo rural -, no he visto hechos concretos que pudieran modificar esta realidad .Al contrario, he visto crecer el pauperismo, la desigualdad, las brechas sociales, el aprovechamiento de unos por otros y una situación imperante que solamente puede ser revertida por el cambio de mentalidad y la solidaridad de los argentinos en su conjunto. Es esta – la tarea de recuperar espacios y oportunidades para los pobres - de todos nosotros y el cambio ha de venir a través de la educación ciudadana junto a la ayuda social que ya existe pero que no es suficiente. ¿Planes sociales?, si, pero con cambio de conductas, sin aprovechamiento político de los pobres y sus necesidades. Si con la inclusión social, la ausencia de demagogia en las acciones, la educación que enseñe a pescar y a crear oportunidades de trabajo y cambios de conciencia social que den como resultado un cambio reclamado por todos los argentinos.

Entendida de esta manera, la pobreza pasa a ser, entonces, no una consecuencia de la globalización o de políticas económicas erradas, como así tampoco el emergente de precarias situaciones financieras nacionales; la pobreza es un problema de la humanidad entera, que nos compete a todos por igual. Es una realidad de casi un 40% de personas (Observatorio de la UCA) que ven frustradas sus posibilidades en nuestro país.
 
Hace algunos años, mientras redactaba mi tesis doctoral en Filosofía sobre Ética, Pobreza y Salud, y citaba en el texto  un artículo titulado "La pobreza no se resolverá a corto plazo”, en el que el economista Juan Jorrat manifestaba que "en Tucumán hay chicos que se mueren de hambre, pero también hay chicos que han tenido apenas cien días de clase y en el futuro van a ser unos desnutridos analfabetos en un mundo competitivo y globalizado y no van a poder tener un salario adecuado” , apareciendo en nuestra ecuación de subdesarrollo otro de los flagelos, junto a la enfermedad que complican el panorama de los pobres y los desnutridos : la educación, base de nuestro proyecto EPEP, Ética para la Erradicación de la Pobreza, que hace hincapié en esta formación para erradicar a largo plazo las consecuencias de esta situación de pauperismo.
Los años han pasado, la educación ha avanzado mucho en el Noroeste Argentino, pero seguimos teniendo casos de desnutrición y muerte como consecuencia de la pobreza de importantes franjas de nuestra población.
 
La pobreza y su consecuencia inmediata que es la desnutrición constituye un problema bioético y de derechos humanos, muchas veces proclamados pero faltos de soluciones en el corto plazo.
Y es un problema no solamente sanitario, sino además moral porque las consecuencias de esta situación afecta a amplias franjas de nuestra población y crean situaciones de pauperismo y desigualdad social inimaginables hace varios años atrás, además de crear una situación de inequidad y de estigmatización – tan proclamada últimamente pero nada combatida en la realidad – en amplias franjas poblacionales de nuestro país.
 
Es además un  problema moral a la vez que económico porque las enfermedades de la pobreza no dan tregua a los más pequeños y faltos de defensas sociales y físicas por la situación existente. Al respecto, Gomez Heras manifiesta que "los analistas sociales y críticos de la cultura creen encontrar las raíces de la crisis en la desaparición de los sistemas de valores morales que, hasta el presente, venían legitimando nuestras conductas. Proclamar norma suprema al 'todo vale', equivale en los hechos a ´nada tiene valor ´y, por consiguiente, nada puede reivindicar poder normativo".
 
Por eso, toda solución debe pasar por una revalorización de los problemas morales que aquejan a la sociedad y los poderes de Argentina y que no solamente constituyen problemas éticos: corrupción, clientelismo político, malversaciones, desvío de fondos, crecimiento patrimonial exagerado y no justificables, evasión fiscal, intentos de perpetuación en el poder, confusión entre lo público y lo privado , creencia en la deificación política de algunos dirigentes y, en fin, toda conducta que no pudiera no ser calificada de correcta desde el punto de vista moral.
 
Finalmente, la pobreza y sus implicancias no nos pueden ser ajenas a todos aquellos que hemos dedicado nuestra vida a la salud y las humanidades, porque tanto en un caso como otro, la búsqueda ha estado centrada siempre en lograr lo que de humano tiene el hombre, lo que los antiguos llamaban la "humanitas de la hominitas” y toda consideración del hombre como tal debe ser considerada desde esta perspectiva esclarecedora. Tal el norte y el deber de todos aquellos que queremos un cambio en el campo social de la pobreza de los argentinos.