Cultura

Zamba Quipildor, un folclorista diferente

A la voz de la 'Misa criolla' le gustan, dice, la ópera y los desafíos. Después de cinco años sin grabar, sacó un disco notable.
sábado, 30 de agosto de 2008 · 15:28
Luego de cinco años sin grabar, Zamba Quipildor dio a luz Paciencia de Piedra, un disco en el que se filtra cierta ambición modernista en los arreglos para clarinete, chelo y batería. "Paciencia de piedra es la que he tenido durante este tiempo", reconoce Quipildor mientras ordena unas viejas partituras desparramadas sobre el escritorio de su oficina en Corrientes y Cerrito, ya cerrando la tarde. "Güemes eterno fue mi última grabación. En una época hacía dos o tres discos por año, pero desde hace cinco años no grababa. No es que estuviera detenido, trabajé mucho de cualquier modo, pero soy un hombre de perfil bajo".

Quipildor es un folclorista singular que apenas comenzada su carrera, en la década del 70, abandonó las peñas para actuar en escenarios internacionales. De la mano de Carlos Mandri, un empresario de la industria automotriz que se convirtió en su padrino, Quipildor cantó en la Unión Soviética y Alemania, en Francia, Portugal y España. Esa carrera de cantor solitario abierto al mundo convivió con el gran éxito de la Misa Criolla de Ariel Ramírez, que cantó en Sorrento, el Bolshoi, el Carnegie Hall, la Academia Santa Cecilia der Roma, el Palau de Barcelona y el Thomas Mann de Tel Aviv, entre otros escenarios. "Me gusta la ópera, así que es un honor para mí haber cantado en tantos teatros líricos. Canté seis veces en el Colón. Eso sí que es conmovedor", asegura.

Alejado de los grandes formatos de Ramírez, Paciencia de Piedra muestra un registro más personal. "Soy una persona traviesa y me encantan los desafíos", dice. "Pero creo que es importante dar un paso atrás para después avanzar hacia adelante. Voy de a poco. En el 82 presenté en Cosquín un trabajo parecido a éste; llevaba un saxo que se complementaba muy bien con el sicus y la quena. Pero a la gente no le gustó mi propuesta. Así que me vine un poco desilusionado".

Cosquín no parece el lugar más adecuado para probar cosas nuevas, ¿no?

(Se ríe). Puede ser. Pero de allí salieron muchos cantores. Es cierto que después se sumó el rock, los boleros y los cantantes de México. Son concepciones distintas y la gente no perdona porque lo que quiere es oír folclore.

Y el saxo alto no es precisamente un instrumento de nuestro folclore.

Sí, tal vez por eso no fue aceptado. Sin embargo, Juana Azurduy tenía unas secuencias de saxo y sicus que a mi juicio sonaban hermosas.

Pero uno, como artista, ¿no tiene el compromiso de insistir con aquello que le interesa?

Por algo este disco se llama Paciencia de Piedra.



Por Sandra de la Fuente para Clarín.com

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