LIBROS

Camilo Blajaquis: Del encierro al amor por las letras

Presentan 'Crónica de una libertad condicional', el nuevo libro de Camilo Blajaquis. Tras las rejas reconoció el poder de las palabras. Una vez afuera, escribió un libro de poesías.
martes, 22 de noviembre de 2011 · 13:33
BUENOS AIRES.- Presentan "Crónica de una libertad condicional", el nuevo libro de Camilo Blajaquis. Tras las rejas reconoció el poder de las palabras. Una vez afuera, escribió un libro de poesías. Hoy dicta talleres literarios a chicos de contextos vulnerables. Publica libros y la revista "¿Todo Piola?"

Se presentará hoy martes 22 a las 19 en la Biblioteca Nacional

Desde el encierro conoció el camino de las letras y se conectó con un mundo de palabras silenciosas, donde un lápiz y un papel lograron traducir angustias, resentimientos, dolor y soledad -a veces compartida con colegas de calvario-.

Cinco años estuvo tras las rejas por participar de un secuestro extorsivo y, por las noches, cuando las paredes parecían arrimarse hasta asfixiar, él escribía.

Camilo Blajaquis, pseudónimo de César González, es fundador de la revista Todo Piola y autor de la antología de poemas La venganza del cordero atado .

En poco tiempo, la editorial Tinta Limón lanzará su segundo libro, Crónica de una libertad condicional .
 
Mientras tanto comparte aquello que aprendió en ese tiempo de sentimientos encontrados: "Si el arte me salvó, puede salvar a cualquiera".
 
-¿De qué manera te acercaste a la literatura?
 -Estando preso en un instituto de menores, cuando llevaba tres años de los cinco de condena que tuve. Me motivó el dolor que sufría estando ahí adentro, en un lugar donde los derechos humanos no existen. Básicamente tuve la necesidad de encontrar algo que me salvara de ese destino premeditado que tenía. Un destino de muerte, de balazo policial.
 
-¿Qué sensaciones tenías dentro de la cárcel?
 -Cuando caí, si bien sentía miedo, ya estaba advertido. La verdad es que cuando uno vive en un barrio marginal, sobre todo si sos hombre, la cárcel está presente. Uno sabe que si anda en la vida de malandra tarde o temprano va a caer. Sinceramente sufrí mucho. Fue doloroso, triste, cruel, y todavía las heridas están abiertas.

-¿Qué pasaba cuando llegaba la noche?
 -La noche es un momento donde pesa más el encierro. Es el momento de la claustrofobia. Puede llevarte a reflexionar o a sumergirte en el mundo tumbero. En mi caso, escribía. En los pabellones colectivos tenés que estar atento a las jugadas, casi sin dormir, es una tensión constante. Lo beneficioso es que podés compartir, hablar con otro, porque tenés un colega de calvario. En una celda individual, la soledad puede ser muy asfixiante.

-¿Qué fue lo primero que escribiste?
 -En un comienzo era un vómito, mucho resentimiento con la sociedad, el sistema judicial, las instituciones y el Estado. Al principio no había metáforas, alegorías ni poesía. Era concreto, con un vocabulario bien precario, pero contundente.
 
-¿Cómo ampliaste tu vocabulario?
 -Aunque suene contradictorio, la cárcel tuvo un aporte muy interesante. De día estaba en el pabellón, sumergido en un territorio donde los pibes con pocas palabras te dicen todo. Y por la noche leía y las palabras eran miles. Eso me ayudó mucho. Hubo una gran voluntad mía de averiguar qué quería decir cada cosa. Leía con un diccionario al lado.
 
-¿Cómo llegaron los libros a tu vida?
 -Los libros aparecen en mi vida a través de un profesor de magia que daba un taller con el ingrediente de que los trucos iban acompañados de lectura de textos y relatos de historias de personajes que me atrajeron. Una chispa me acercó a él y se formó una gran amistad. El me acercó libros, autores, estilos, criterios, formas de escribir y corrientes de escritura. Me ayudó a conocer e informarme sobre un montón de cosas que yo no sabía. Hoy sé quién fue Rodolfo Walsh, Jorge Masetti, Roberto Arlt, Kafka, Nietzsche. Si no fuera por él no sería quién soy.
 
-Con el tiempo, ¿en qué se transformó ese vómito?

-En algo más interesante, por ser algo más pensado, con más trabajo. En cuanto a la esencia conceptual de mis escritos, el vómito sigue latente en estos días: escribir con sangre, como decía Nietzsche. Trato de desafiarme cada vez más a la hora de escribir.

-¿Cómo continuaste afuera?
 -Tuve que afrontar la tempestad que a uno lo recibe cuando sale de esa isla sumergida en las tinieblas. Salí sabiendo que me iba a encontrar con eso, entonces pensé, imaginé, preparé un plan y diseñé un mapa. Sabía que si volvía al barrio iba a ser durísimo, que iba a tener que remar sin remos, con los brazos, y fue con lo que me encontré. Pero pude mantener el barco en esa tempestad, a pesar de que aparecían la merca , las pastillas, los fierros, pero sabía que tenía que evitar esas situaciones, porque ya conocía adónde me llevaban. Entonces elegí no volver a transitar ese camino y me puse a contradecir mi destino. Esa tempestad duró un par de meses e implicó dolores y tristezas. Hoy logré cierta tranquilidad y un trabajo que me llena de felicidad y adonde puedo aportar desde el lugar que más me gusta.

Gracias a Martín Sabatella que me dio una mano en mi reinserción, hoy tengo un lugar en la Dirección de Arte y Cultura del municipio de Morón, donde doy talleres de literatura y participo en las discusiones y la organización de eventos.

Además, con otros chicos y chicas tenemos la revista Todo Piola , que implica mucho esfuerzo y responsabilidad. Ya tenemos doce números publicados.
 
-Escribir te ayudó, ¿creés que puede ayudar a otros chicos?

 -Claro que sí. Si el arte me salvó a mí, puede salvar a cualquiera. Si yo no tuviera esa certeza no podría apostar a este camino.
 
-¿Cómo se desarrollan esos talleres?
 -Son todos jóvenes, entre 13 y 20 años. Somos unos 15 pibes que nos reunimos una o dos veces por semana para pensar, dialogar, debatir y relacionarnos desde otro lugar como seres pensantes. Partiendo desde ahí apostamos a lo creativo. Yo llevo las temáticas y, si bien tengo que pilotear la movida del taller, no soy el sabio, sino uno más.

-¿Todos tienen algo para decir?
 -La verdad que sí. Ahí se viven momentos de mucha emotividad, donde los pibes relatan cosas que te ponen la piel de gallina. Recibo producciones muy buenas, escritos que sorprenden. En un principio relataban una realidad socioeconómica adversa, pero hoy se están animando a volar, a emplear la imaginación sin restricciones y a pasar de ese vómito a un cuento, a una poesía. No hay algo épico en mi relación con ellos, soy un amigo más, soy un pibe más del barrio.

-¿Cuáles son tus sueños, adónde querés llegar?
 -Espero nunca perder la inmadurez a la hora de ser catalogado, no olvidarme de las verdades que fui aprendiendo, y seguir escuchando y percibiendo lo que pasa a mí alrededor. Quiero seguir transitando este camino donde mis métodos para subsistir son la escritura y el compromiso social. Quiero que la revista siga creciendo y, particularmente, seguir estudiando.

-¿Tu familia te apoya?
 -Soy el mayor de siete hermanos. Mi vieja es madre soltera y siempre estuvo conmigo. Hoy mi presente es una devolución para ella, para que no sufra más por su hijo, la oveja negra. Las paredes ya no asfixian. Por el contrario, parecen alejarse.

Por Soledad Avaca Cuenca
 Fuente: La Nación
 
CRÓNICA DE UNA LIBERTAD CONDICIONAL
Presentación De Crónica De Una Libertad Condicional El Nuevo Libro De Camilo Blajaquis Lugar: Biblioteca Nacional Martes 22 de Noviembre 19hs Sala Juan L. Ortiz Con la presencia de Rocambole, Horacio González y El Fantasma DJ y un invitado sorpresa. Más información: http://camiloblajaquis.blogspot.com