CULTURA

Murió León Rozitchner, el filósofo que cruzó política y subjetividad

El reconocido ensayista y profesor universitario murió el sábado a los 87 años. Estaba internado desde febrero. Sus restos fueron velados en la Biblioteca Nacional.
viernes, 09 de septiembre de 2011 · 12:41
BUENOS AIRES.- Las opiniones de Jorge Coscia, Ricardo Forster, Osvaldo Bayer, Alejandro Horowicz y Boyanovsky Bazán.

En una entrevista hecha en 2009, Osvaldo Bayer contó que, a la vuelta de sus exilios, se juntaba con David Viñas, Tito Cossa, Osvaldo Soriano y León Rozitchner a comer empanadas y tomar buen vino. Pero si se repasa la biografía de estos cinco hombres, queda claro que se juntaban a discutir. Cuenta Bayer que Rozitchner y Viñas eran los más vehementes. Y que los temas los planteaba Soriano.

Hijo de un matrimonio judío, nació el 24 de septiembre de 1924.

En la madrugada de ayer, 87 años después, moría en el hospital universitario del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas, donde estaba internado desde febrero. Durante la tarde de ayer, fue velado en la sala Cortázar de la Biblioteca Nacional y hoy será enterrado en un cementerio judío que se determinará.

De él se puede decir que trazó la línea de su vida junto a algunos hechos culturales que hoy son historia. A los 24 se fue a vivir a París. Antes le habían pasado muchas cosas: un comisario que lo expulsa de un cumpleaños infantil por ser judío, el ingreso al Club Infantil Socialista, el peronismo, las carreras sin terminar de Medicina y Filosofía, la amistad con el hombre con quien muchos años después se juntaría a discutir con la excusa de tomar vino, David Viñas.

En 1952, Rozitchner se doctoró en Humanidades en la Universidad de La Sorbona y estudió con maestros como Maurice Merleau Ponty y Claude Lévi-Strauss. De regreso al país fue docente y traductor, dio conferencias y participó de grupos fundacionales de la cultura argentina, como el que integró con Noé Jitrik, Adolfo Prieto, Oscar Masotta y los hermanos Viñas, que generó la revista Contorno y salió entre 1953 y 1959. Después, desde Venezuela, donde debió exiliarse en 1976, participó de otra publicación que dio debates que aún perduran, como la lucha armada y la Guerra de Malvinas: Controversia, editada por un grupo de intelectuales argentinos desterrados en México.

“Yo creo que las cosas que uno puede contar de sí mismo tienen sentido en la medida que se refieren a los otros”, decía Rozitchner. Diferenciaba, siguiendo la “Etica” de Spinoza, los “escollos” de lo “esencial”. Y agregaba: “ Todo el mundo está queriendo hablar de sí mismo, esta autorreferencia continua para justificar la propia nadería ”.

La religión fue otro de sus objetos de estudio. En 1967, publicó el libro Ser judío, en el que planteaba el compromiso con los perseguidos, los reprimidos y los débiles como consecuencia de la ética del ser judío.

Rozitchner
no se iba con chiquitas: trazó los vínculos entre marxismo y psicoanálisis y de ahí saltó a pensar el peronismo.

En las últimas entrevistas, dos de ellas en Revista Ñ, decía que, en la Argentina, la producción de ideas circulaba “por núcleos intelectuales más ligados a las revistas de cultura que a la Universidad”. Que los intelectuales eran culpables de “la carencia de reflexión sobre la política presente en este país”. En 2008 hizo un intervención pública, con otros intelectuales, en relación a la Resolución 125, que él mencionaba como “el (mal) llamado ‘conflicto del campo’”. Y aunque en algunos aspectos estuvo cercano al grupo de intelectuales kirchneristas de “Carta Abierta”, ayer sus allegados explicaban que no había sido un integrante orgánico.

Era muy crítico, agudo y por momentos, demoledor.

“El sentido de la nada, del morir, va a estar determinado por el sentido que para uno tuvo la propia vida (...) Por eso, cuando vaya a morir me gustaría decir como los franceses, chapeaux” . Llevarse la mano a la cabeza y sacarse el sombrero para anotar el respeto, para asentir y compartir que uno es una nadería. Chapeaux.

Fuente: Revista Ñ

UN HOMBRE QUE METIÓ LOS PIES EN EL BARRO

León fue director de la mítica revista Contorno y estuvo exiliado en Venezuela durante los años del terror en los setenta. Siempre a la vanguardia del pensamiento de izquierda, se fue uno de los grandes intelectuales de la Argentina. Frente a las disputas donde no cabían medias tintas, siempre estuvo a viva voz del lado de los más débiles, junto al pueblo, sin dudarlo. Nos quedan sus textos, que fueron siempre punzantes intervenciones en el debate público.

La prolijidad de la torre de marfil no fue nunca un espacio donde se sintiera a gusto. Fue uno de esos hombres cuyo pensamiento se prolonga a la vida real y la política. No fue sólo un académico, sino que fue un hombre que metió los pies en el barro. Una metida de barro, una de sus últimas, fue un artículo que escribió, uno de los más conmovedores que yo leí, “La despedida de Kirchner”, un texto muy audaz de parte de un ser humano que no era peronista ni kirchnerista: la comparación que hizo entre Perón y Evita, Néstor y Cristina, sobre la muerte de una mujer primero y un hombre después, fue de una radicalidad que ningún peronista se atrevería a hacer.

Por Jorge Coscia
Fuente: Tiempo Argentino

UN PROTAGONISTA DE LOS DEBATES DE LOS ÚLTIMOS 50 AÑOS

León fue uno de los pensadores más intensos, apasionados, complejos y profundos del pensamiento argentino. En su obra se cruzaron la filosofía, el psicoanálisis, la política, la literatura y, desde luego, el compromiso fervoroso con su tiempo. Con una parte de la generación de Contorno, con Sebreli, Massota, Correa y alguno más, pensó muy intensamente la política y sus consecuencias. Reflexionó y combinó las herencias de Perón y Clausewitz, el teórico de la guerra, y analizó el terror, el terror argentino y lo que ese terror le hizo al cuerpo en los argentinos y argentinas.

Resulta muy interesante un artículo que publicó posterior a la muerte de Kirchner, donde además de reflexionar sobre la relación de Néstor Kirchner con Cristina Fernández, lo hizo sobre su gesto de descolgar el cuadro de Videla, como modo de desactivar en parte los miedos del terror en los argentinos.

Discutidor temible, no dejó tema por tocar. En el exilio reflexionó sobre las Malvinas y deploró violentamente lo que era entonces la emergencia de un patriotismo que olvidaba el contexto y los pesares de la dictadura argentina.

Son insoslayables sus reflexiones sobre el peronismo y la tradición de izquierda. Es imposible pensar los debates de los últimos 50 años sin su figura, porque los núcleos de ese pensamiento han sido los suyos, en gran medida.

Y hay que decir que León, hasta sus últimos meses, mostraba una juventud extraordinaria, una vitalidad a los 86 años que lo llevaba a escribir diariamente, a intervenir, a dar clases.

Por Ricardo Forster
Fuente: Tiempo Argentino

UN LEÓN EN TODO SENTIDO

Fue un verdadero león en todo sentido. Fuimos muy amigos. Lo que más recuerdo son las reuniones del grupo de los cinco cuando todos los jueves en mi casa nos juntábamos con David Viñas, Osvaldo Soriano, Tito Cossa, él y yo. Había unas discusiones tremendas, pero todo dentro de la amistad.

León desarrollaba toda su sapiencia en las discusiones, principalmente con Viñas, pero el que las provocaba era Soriano. Fue una amistad muy intensa, yo lo seguí visitando en su estudio en las Barrancas de Belgrano y pasábamos hermosas tardes conversando.

Para mí fue un filósofo rebelde, un hombre que quería realmente el socialismo, un hombre que no aceptaba las injusticias de lo que hacía Israel con los pueblos árabes, pese a que nunca renegó de ser judío. Un hombre que quería un mundo mejor, era un socialista.

Por Osvaldo Bayer
Fuente: Tiempo Argentino

MAESTRO DE MI JUVENTUD Y AMIGO ENTRAÑABLE

La Argentina tuvo en su historia dos filósofos: Carlos Astrada y León Rozitchner. Astrada era un descendiente directo de la escuela alemana. No sólo porque se formó en ella (era un discípulo directo de Martin Heidegger) sino porque al mismo tiempo literariamente pensaba en términos idénticos problemas diversos. En cambio, León Rozitchner, aunque formado en la tradición francesa, era un auténtico representante del pensamiento sudamericano no sólo porque expresaba una línea de continuidad respecto de Ezequiel Martínez Estrada, de quien fuera un admirador explícito, sino además porque nos tenía acostumbrados a síntesis notables de su propia cosecha.

En esa dirección deben filiarse Freud y los límites del individualismo burgués (1972) y La Cosa y la Cruz: Cristianismo y Capitalismo (1997), esto es, una síntesis personal de la filosofía del siglo XX desde la perspectiva del marxismo y el psicoanálisis freudiano. No se trata de un repetidor á la page del lacanismo parisino; sino de un original punto de vista que alcanzaría sus últimas consecuencias en la tradición feminista del postestructuralismo europeo. Al mismo tiempo la pasión política siempre formó parte de su agenda y por eso integró el grupo intelectual más significativo de los años ’50, Contorno. En sus páginas, se rehizo la evaluación crítica que el peronismo mereciera en 1945. Y allí se comprendió que pensar el peronismo y pensar la modernidad política argentina eran una misma cosa. En lo personal me siento huérfano porque no sólo fue el maestro de mi juventud y madurez sino un amigo entrañable.

Por Alejandro Horowicz
Fuente: Tiempo Argentino

SOBRE TODO, UN HOMBRE GENEROSO

La primera vez que conversé con él traté de exponerle mis ideas acerca de las organizaciones de la militancia en el marco del kirchnerismo. Sentí necesario aclarar que mi formación era muy irregular y no había hecho carrera de grado. “Mejor”, respondió. “La universidad te atrofia.” Esta bofetada a la cultura, esta simpleza a la vez crítica e irónica, definen a este, uno de los pensadores contemporáneos más importantes que ha tenido esta tierra.

León, además, era la antítesis del genio inaccesible, del intelectual brillante encerrado en su propio entorno. Generoso, capaz de escuchar y aun sorprenderse con ideas ajenas; y opinar o aconsejar siempre con esa sonrisa tranquila y esa calma, esa paciencia que sus discípulos darán cuenta estos días. Con igual ánimo en reuniones alborotadas, donde por un lejano parentesco político coincidimos más de una vez, como en la fresca semipenumbra de su estudio de la calle La Pampa, mientras con naturalidad resolvía cuestiones mundanas como la actividad de la tarde de sus dos hijitas de apenas nueve años.

Hacía varios meses que su salud lo tenía enmudecido. Sentiremos profundamente su falta. Como dijeran los discípulos de Sartre, era un faro, uno de esos grandes a quienes acudimos para saber qué y cómo pensar nuestra historia.

Por Boyanovsky Bazán
Fuente: Tiempo Argentino