deportes y política

El periodista deportivo que ayudó a gobernar un país

Bernardo Neustadt utilizó al deporte como punto de partida para convertirse en uno de los argentinos más influyentes de la historia moderna argentina. Su biógrafo no autorizado, Jorge Fernández Díaz, le cuenta a El Intransigente cómo construyó ese imperio.
martes, 15 de enero de 2019 · 10:06

Por A.D.- “Esto es una porquería. Usted no va a llegar a nada”, lo despreció el jefe de Deportes del diario El Mundo a un jovencísimo Bernardo Neustadt que acababa de volver de la cancha de Lanús. Hizo un bollo con el papel de la crónica y lo arrojó al tacho de basura. Antes, Neustadt había pasado los datos del partido por teléfono y al regresar a la redacción de la calle Río de Janeiro al 300, en Caballito, escribió esas seis líneas que lo terminaron por bajonear. Hincha de Racing, no quería hacer notas de deportes sino cubrir los temas más importantes. Un contacto le permitió seguir en el diario. Cobraba 50 centavos por día para trabajar desde las diez de la noche a las dos o tres de la mañana. Tomaba por teléfono los resultados de vóley, bochas o fútbol. Los domingos juntaba unos pesos más con su trabajo en Crítica o Noticias gráficas. Su sueño era ser periodista. Vivía en un cuarto alquilado porque acababa de irse de su casa y tenía los bolsillos vacíos. Se convirtió en referente de la revista Racing, ícono del periodismo partidario. Pero su ambición era más grande. Con su programa Tiempo Nuevo hizo fortunas y con sus contactos, poder. Pero nunca fue tan poderoso como cuando se hizo amigo de Carlos Menem y le aconsejaba sobre qué funcionarios incorporar o echar y qué medidas de gobierno tomar.


 
“Hubo un tiempo en el que económicamente sobrevivió gracias a la revista Racing, que hizo durante varios años. Se metió en el mundo del periodismo deportivo. Hay una vieja idea de redacción que dice que los mejores periodistas de Política salen de las secciones policiales o deportivas, porque son los dos lugares que te obligan a relatar y analizar los acontecimientos”, me dice el periodista y escritor Jorge Fernández Díaz sobre las condiciones profesionales de Neustadt, quien falleció en 2008, lejos del poder que supo acumular. Fernández Díaz habla con causa: en 1992 publicó una biografía sobre Neustadt, quien se encargó de que no se difunda. Utilizó su posición para que no se la mencione en los medios. Mucho después, se juntaron y hablaron sobre El hombre que se inventó a sí mismo, tal el nombre del libro que acaba de republicar Planeta con actualizaciones. En la portada se aclara: El lado B de la historia política argentina y los secretos de un personaje maldito.

El deporte siempre estuvo en la vida de Bernardo Neustadt. Cuando en 1961 lo convocaron para trabajar en Clarín se cruzó en los pasillos del diario con otro ícono del periodismo argentino, Jacobo Timmerman. Fernández Díaz sonríe al recordar los detalles: “Era la primera vez que se veían. Cuando los presentan, Jacobo le da la mano y le dice: ‘¿vos sos el periodista deportivo?’. ‘Si’, le contesta Bernardo. ‘Dedicate al deporte porque de política no entendés nada’, le dice Jacobo. Ese fue el comienzo de una batalla de décadas. Dos tipos diferentes. Uno cultísimo y otro no culto pero popularísimo. Jacobo era un tipo temible. Los dos transaron por igual con las dictaduras militares. Hicieron cosas infames. Sólo que Jacobo fue torturado en la última dictadura y salió de ese episodio como víctima”.

Neustadt entró a la revista Racing -que llegó a vender 60 mil ejemplares- a los 15 años y se quedó veinte. Así se aseguró un sueldo cuando no podía trabajar, como le ocurrió tras la Revolución Libertadora por su identificación con el peronismo, del que quiso renegar antes las nuevas autoridades nacionales. El director de Racing, Antonio Rey, cuenta Fernández Díaz, le enseñó que en el periodismo partidario “hay que criticar con dolor y elogiar con pasión”. “Eso mismo Neustadt lo aplicó en el periodismo político. La revista Racing fue su globo de ensayo”.

El emblema de la Academia Juan José Pizzutti fue permanente blanco de las críticas de Neustadt. Una vez, en un vestuario, habrían terminado a los golpes si Neustadt no se iba. Y otra vez, cuando a Racing las cosas le iban bien, Pizzutti lo encaró y, en tono de revancha, le preguntó “¿y ahora qué me dice?”. “El que cambió fue usted, no yo”, le devolvió el periodista antes de retirarse.

Neustadt fue amigo del periodista deportivo Pepe Peña y enemigo acérrimo de Dante Panzeri, ícono del periodismo de deportes. Fue padrino del hijo de su amiga Pinky (Lidia Satragno) a condición de que sea hincha de Racing. Y supo utilizar al Cilindro de Avellaneda como fuente de contactos: Fernández Díaz cuenta que antes de asumir como presidente, el dictador Leopoldo Fortunato Galtieri era su compañero de platea y, por ende, de charlas. De hecho, intercambiaron información durante la guerra de Malvinas.

Hay más: era amigo del polémico presidente de Boca Alberto J. Armando y entre las figuras del deporte solía encontrarse con Guillermo Vilas, al que admiraba, al igual que a José Luis Clerc. Neustadt era asiduo jugador de tenis en el Tenis Club Argentino, deporte que descubrió en la quinta de uno de sus tantos empresarios amigos.

Hundió a Diego Maradona cuando peor la pasó. En los tiempos de su doping positivo en el Mundial de Estados Unidos, en 1994, desde su Tiempo Nuevo repetía la imagen de Maradona gritando a la cámara y con descargo su gol a Grecia. Neustadt le decía a su público que esa no era la imagen de la alegría sino de la furia. Ya se habían enfrentado en 1980, cuando Maradona aceptó una entrevista televisiva a cambio de que no asistiera Neustadt. Sin embargo, Bernardo incumplió y se cruzaron en Canal 9.  “Usted no me gusta porque habló mal de mi mamá”, le recriminó el jugador. Antes, el periodista lo había encarado con un “¿cómo puede ser que vos, a los 19 años, hagas de censor de un periodista con con mi trayectoria?”. Diego, que ya entonces no tenía pelos en la lengua, le devolvió un ladrillo: “Yo uso mi libertad, simplemente. Y puedo elegir al periodista”. “Vos no aceptás que yo te entreviste porque dije que me parecía mal que cobres los reportajes”, insistió Neustadt. “Yo acepté este reportaje sin cobrar”, fue la respuesta maradoniana.

Con los años, aprendió que debía ampliar su mirada. Sin dejar la política, se metió en temas sociales. Aún se recuerda la visita del Bambino Veira a su programa: fue una de las pocas veces que el ex jugador y técnico habló del caso Sebastián Candelmo, un menor de edad del que abusó sexualmente y por lo cual fue a parar a la cárcel. Veira es aún un caso emblemático de un abusador que, sin embargo, despierta simpatías sociales. Algún día Veira debería ser un tema de debate en serio.

Es inolvidable el programa que hizo el 7 de septiembre de 1993, 48 horas después de la goleada por 5 a 0 de Colombia a la Selección argentina en el Monumental. Esa noche, en vivo, armó una mesa con Adolfo Pedernera, Norberto Alonso, Hugo Gatti, José Sanfilippo y Sergio Goycochea, el arquero que sufrió los goles. Desde entonces, Sanfilippo saltó a la fama por su agresividad contra Goycochea. Fue el programa de la frase “pibe, usted se comió todos los amagues”. Neustadt se frotaba las manos, Goycochea no decía ni ‘mu’ con sus ojos lacrimosos y Gatti destacaba el buen juego colombiano. Las cámaras enfocaban a la impotente esposa del arquero, Ana Laura Merlo. Fue tal el ataque que Carlos Bilardo apareció para defender al jugador. Le recriminó a Sanfilippo que lo crucifique en público en vez de ir al entrenamiento para aconsejarlo en privado. “¿Quién es éste para darle consejos a Goycochea?”, soltó Bilardo. “Yo fui el goleador que vos no fuiste”, respondió Sanfilippo.

“A través de Bernardo iba pasando la historia”, analiza Fernández Díaz desde la mesa de un bar de Palermo, donde recibe a El Intransigente. “A través de Neustadt se va viendo cómo se pensaba en aquella Argentina: los militares, Alfonsín, Menem, las guerras periodísticas. Neustadt era una especie de Ciudadano Kane, con sus cosas buenas y malas”, agrega.

“Tenía 35 puntos de rating. Era un tipo poderoso que te fulminaba con campañas, que llenaba la Plaza de Mayo, como cuando reunió a 100 mil personas en apoyo a Menem. Ni remotamente existió otra persona así en los medios. Algunos empresarios me decían que Bernardo fue lo que fueron ellos: esencialmente oficialista en los comienzos y opositor en el final de cada gobierno”, lo describe antes de explicar por qué en la tapa del libro se lee “personaje maldito”. “Si hacés un ranking de los tipos más odiados de la Argentina de los últimos 50 años, sacando a la dictadura, Bernardo está entre ellos. A la vez era un extraordinario periodista. Cambió conciencias en la Argentina, la mayoría de las veces para mal. Convenció a la opinión pública de ir contra los ferrocarriles, de aceptar privatizaciones, fue el gran verdugo de Alfonsín”. 

Finalmente hubo encuentro personal entre Fernández Díaz y Bernardo Neustadt: “Nos encontramos en Puerto Madero, un día de semana. Un Puerto Madero más embrionario que ahora. Era un día otoñal. Caminamos un rato. Comimos. Me pidió perdón por lo del libro. Ya era un Bernardo crepuscular. Aquella era una escena crepuscular, como de final. Con un restaurante vacío. Después caminamos solos. Nadie lo saludó. Y fuimos a su oficina en Puerto Madero, que se estaba desmantelando. Era como el fin de algo. En ésos, sus últimos años, Bernardo ya estaba fuera de todo”. Ese encuentro sucedió el mismo año en el que Racing, dirigido por Reinaldo Merlo, conseguiría el primer título después de más de treinta años de de vacas flacas.
 

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