HISTORIAS

Alfonsín: el Presidente de México 86 tiene su merecido documental

Los periodistas Christian Rémoli y Juan Baldana investigaron durante dos años su vida. Consiguieron material original y realizaron entrevistas para homenajear al hombre que abrió las puertas de la esperanza y de la democracia.
martes, 05 de marzo de 2019 · 12:48

Por Alejandro Duchini.- Hincha de Almagro y de familia ligada al radicalismo, el recordado y premiado publicista David Ratto celebraba los goles de su equipo desde la platea con un abrazo a la distancia a sus amigos de la popular. El gesto consistía en unir las manos y moverlas hacia atrás y a un costado. Cuando Raúl Alfonsín, quien preparaba con él su campaña presidencial a principios de los 80, supo de ese gesto, se lo pidió “prestado”. Fotos de la época muestran al primer presidente de la nueva democracia sonriente y con esa imagen que nació en las canchas de fútbol y se popularizó de manera imparable. Había además un óvalo celeste y blanco en el que se leía RA. Raúl Alfonsín, pero también República Argentina. Una coincidencia que alimentaba un tiempo de esperanza y efusividad a nivel social. Cambios drásticos. Se iba la dictadura.

“Del 84 al 87 fui feliz. Fueron un par de años muy lindos para mí. Y también para mucha gente. Hasta el 87, cuando los militares volvieron. Luego me dediqué a pensar en Argentina. Empecé a pensar por qué pasó lo del 89. Se tuvo que ir Alfonsín y se terminó muy mal. Esa ilusión no la viví nunca más. Hubo una posibilidad de hacer un corte con el pasado militar y dictatorial, con el pasado de la violencia, que no es sólo de los militares, y de la posibilidad de un proyecto. Eso no se vivió más”, me dijo hace unos pocos meses el filósofo Tomás Abraham. Margarita Ronco, secretaria histórica del líder radical, pidió “que muestren que una vez en este país hubo esperanza”.

Estos recuerdos vienen a colación de Raúl (la democracia desde adentro), un documental de casi cuatro horas que se presentará en el BAFICI, en abril próximo. Luego se podrá ver en un canal de aire -posiblemente el 9-, en cuatro capítulos. Lo dirigieron Christian Rémoli y Juan Baldana, periodistas experimentados en documentales, para la productora Koala Contenidos. Desde hace casi dos años trabajan en la figura de Alfonsín (Chascomús, 12 de marzo de 1927 – Buenos Aires, 31 de marzo de 2009). En agosto pasado comenzaron los trabajos de edición. 

Raúl Alfonsín era hincha de Independiente. Dicen que no era bueno jugando al fútbol. Durante su presidencia -del 10 de diciembre del 83 al 8 de julio del 89- el equipo de Bochini y Pastoriza jugó y ganó la final Intercontinental contra el Liverpool inglés en Tokio. Fue en 1984, a dos años de la guerra de Malvinas. El primer enfrentamiento de gran relevancia entre argentinos e ingleses tras el conflicto bélico. Un grupo de políticos había pedido que en su camiseta el Rojo llevara un dibujo de las islas. La idea no prosperó. El otro gran choque deportivo entre ambos países ocurrió en el Mundial de México, el 22 de junio de 1986, cuando Argentina ganó 2 a 1 con los recordadísimos goles de Maradona. Pocos pudieron -o quisieron- abstraerse del clima bélico. Incluso, algunos de los dirigidos por Bilardo en ese plantel tenían la edad como para haber combatido en Malvinas. 

El seleccionado de Bilardo y Maradona no la pasó bien en los tiempos previos al Mundial. El técnico decía que desde el gobierno alfonsinista lo querían despedir. Ocurrió a partir de que el entonces secretario de Deporte, Rodolfo O’Reilly, con raíces en el rugby, dijo públicamente que el equipo no andaba. Rémoli me recuerda cómo comenzó aquello: “Creo que Alfonsín estaba reunido con Nosiglia, Stubrin, Storani y Michingo O’Reilly hablando de la Ley del Punto Final y en un momento, dice Michingo, Alfonsín lo miró y le preguntó cuándo iba a echar a Bilardo. A lo que le contesta que no puede. ‘Pero ponele a alguien al lado’, pidió Alfonsín. Cuando O’Reilly se comunica con Grondona, le contesta con la famosa frase: ‘Michingo, dedicate al rugby que de fútbol no entendés un carajo’. Fue más una charla de asado que un intento de echar a un técnico”.

De hecho, continúa Rémoli en su charla con El Intransigente, “cuando los jugadores vuelven con el título de México, el único que no quiere ir a la Casa Rosada por su condición de peronista es el Negro Enrique. Pero Alfonsín recibe a los jugadores y les da el balcón para que celebren ante la multitud. ‘El balcón es de ustedes’, les dijo, a contramano de lo que pasó con Menem en 1990, cuando el plantel volvió de Italia con el subcampeonato y se mostró junto a los jugadores”.

“Con respecto a su decisión sobre no influir en la destitución de Bilardo al frente de la Selección en el Mundial 86, a pesar de estar presionado por los grandes medios monopólicos que lo querían echar y lo presionaron bajo su mandato presidencial, debemos agradecer esa imagen posterior de Maradona y los jugadores en el balcón de la Rosada con la copa alzada y la gente enfervorizada y emocionada en la plaza. Es un claro ejemplo de que hacía lo que le parecía correcto sin quedar bien con la mayoría. Algo que hoy se ha perdido. En las campañas políticas de esta era se dice lo que la gente quiere escuchar. Alfonsín decía lo que quería decir. Menos mal, si no el más grande de todos los tiempos no hubiera sido tampoco la figura que hoy nos inmortaliza en el mundo del fútbol. Debemos decirlo. El Diego es un poco el Diego gracias a Alfonsín, también. Porque sin Bilardo no hubiese habido  copa”, opina Juan Baldana en diálogo con este portal.

Durante el gobierno alfonsinista no hubo avances detonantes en el deporte. Tal vez uno de los intentos fue el de reglamentar la Ley Nacional del Deporte (la 20.655), sancionada el 21 de marzo de 1974 y reglamentada recién en 1989, con Carlos Menem en el gobierno. Vale también señalar que desde la llegada de la democracia se acentuaron los hechos de violencia en las canchas. Fueron 23 los casos bajo el mandato alfonsinista. Los siguientes presidentes nada hicieron para revertir la tendencia.

Nora Cortiñas, Hugo Moyano y Graciela Fernández Meijide son algunos de los entrevistados. No falta el recuerdo de cómo se creó la CONADEP con palabras de Ernesto Sábato, su máximo responsable. Hay además una verdadera joya de historia en imágenes. Entonces aparece el Alfonsín de los 60 y los 70. De los 80, es imperdible el cruce en plena Casa Blanca con Ronald Reagan, quien cambia el discurso anunciado y ataca la política latinoamericana. Nada lerdo, Alfonsín hace lo mismo y con tranquilidad le devuelve que “no podemos hacer reajustes que recaigan en los que menos tienen”.

Para Rémoli, Raúl (la democracia desde adentro), es posible que se le haya aparecido en su cabeza a sus 8 o 9 años, cuando Alfonsín visitó su Junín natal. “Es algo personal, porque un año antes de la recuperación de la democracia, el 30 de octubre del 82, Alfonsín vino a dar charla a Junín en un club que estaba lleno de gente. Nunca me voy a olvidar de dos hermanos de unos 70 años que se largaron a llorar. Hasta entonces no había visto a una persona grande llorar. Así que ahí me enganché con la figura de Alfonsín y lo empecé a seguir. Lo fui a ver a un par de actos cuando estudiaba en Buenos Aires. Sobre él tengo todavía una mirada contradictoria, crítica. Es un personaje complejo, Alfonsín. No se lo puede definir en términos de blanco sobre negro”.

Rímoli agrega que “es muy difícil de encontrar hoy un político tan abocado a su partido. Porque nunca rompió con la UCR. Se lo recuerda como un político honesto, que es verdad, pero tuvo otras cualidades que se verán en el documental. Cualidades por sobre la honestidad. Perteneció a una generación en la que la honestidad era algo normal, como cepillarte los dientes”.

En la misma línea, Baldana le dice a El Intransigente: “Alfonsín fue mucho más que un hombre honesto. Agarró el país endeudado y hundido en el pozo más profundo. A pesar de ello, no dejó de pensar ni un minuto en la gente. Soñó y luchó por un Estado fuerte y consolidado en las tres bases fundamentales para ser lo que se debe ser. Un Estado con salud, educación y cultura”.

“Un líder. Un reformista. El primer político sudamericano en transitar la transición democrática, luego de padecer la peor de todas las dictaduras en la historia de nuestro país. El que luchó y encarceló a los militares iniciando la CONADEP. El que se enfrentó a los medios monopólicos sin temblar. El que le tenía que decir a la iglesia las cosas en la cara. El que en la Rural se plantó y les dio una cátedra a los oligarcas del campo. El que fue un distinto entre los radicales y hoy pareciera ser una especie en extinción. El que luchó de verdad por los derechos de la mujer, sin modismos. El que promulgó la Ley del Divorcio. Un líder desde sus inicios, creyendo verdaderamente en una convicción sólida hasta el último día de su vida. Un político que a la distancia se extraña de sobremanera. Como si se hablara de los próceres en los libros, olvidando ciertos defectos evidentes pero rescatando los valores que hoy parecen estar cada vez más alejados de la política que nos gobierna en el presente”, agrega Baldana.

Alfonsín jamás habrá imaginado que el sindicalista Hugo Moyano hoy sería el presidente del club de sus amores. Ni que su hijo Ricardo se reconocería “un fanático” de Ariel Holan, el técnico que hoy divide aguas entre lo hinchas rojos. “Lo quiero mucho a Ariel Holan. Era muy hincha de mi padre. Se acercaba en los actos para recordar episodios de mi padre”, dijo su hijo hace pocos días durante una entrevista a la periodista María O’Donnell. 

Resume Baldana: “Me sorprendió ir conociéndolo mucho más en la filmación de la serie documental a través de las entrevistas, tanto con sus aliados, compañeros y amigos, como con sus contemporáneos que estaban en la otra línea. Incluso ex militares. Podrían no coincidir en muchas cosas, pero no hubo una sola persona que hablara mal de Alfonsín. Y nos preguntábamos con Christian Rémoli, al no ser yo radical, si a veces no sentíamos que se acercara a un tono partidario el formato de lo que estábamos construyendo. Pero el camino transitado nos iba demostrando que la única manera de reflejarlo como político, pero sobre todo como hombre, era justamente documentarlo tal cual fue. Por eso la serie se llama Raúl. Las cosas por su nombre”.