Venciendo prejuicios

El fanático de rugby que llevó a los All Blacks a almorzar a su casa

Alejandro Oneto Gaona, especialista en coaching y empresario deportivo, habló con El Intransigente sobre la humildad de los mejores rugbiers del mundo.
miércoles, 03 de octubre de 2018 · 08:10

Hace dos años, Alejandro Oneto Gaona -coaching y empresario deportivo- venció los prejuicios y le escribió un mensaje por redes sociales a Gilbert Enoka, manager del área de Liderazgo y Aptitudes Mentales de los All Blacks. Enoka, según define el periodista Jorge Búsico, es el hombre que “moldea desde hace una década el cerebro del mejor seleccionado del mundo”. Oneto Gaona quería viajar a Nueva Zelanda para ver cómo trabajaba Enoka. Su idea era aprender más sobre el manejo de grupos.

“Le escribí diciendo que me gustaría conocerlo y aprender de él en vivo y directo. ‘Estoy dispuesto a cagar bidones y limpiar botines’, le transmití. Quería saber cómo hace para transformar al jugador y sacarle su mayor potencial. Ése era mi desafío. El primer mail lo mandé sin mayores expectativas de que me conteste. Un tiempito después, un lunes a la noche, recuerdo, recibí su respuesta. Le dije a mi mujer que no podía creer que me haya contestado: ‘si los calendarios se alinean, venga’, me escribió. Enseguida le dije que mi calendario era el suyo. Y así empezamos a intercambiar mails”, le explica Oneto Gaona a El Intransigente. “Enoka es el mejor especialista en actitudes mentales”, resume.

Tan respetado es Enoka que fue condecorado con la Orden de Mérito de Nueva Zelanda. Pasa todo su tiempo con los All Blacks. Jorge Búsico refiere en un artículo del diario La Nación que “Enoka vivió una infancia muy dura en un orfanato junto a sus hermanos y más tarde fue víctima de la violencia de un padrastro alcohólico. Nunca jugó al rugby ni tampoco empezó con este deporte su trabajo. Después de recibirse de profesor de educación física estuvo unos años entrenando equipos de vóleibol”.

En 2007, cuando en Cardiff los All Blacks fueron eliminados en cuartos de final de la Copa del Mundo por Francia, Enoka -de orígen maorí- dijo al plantel que había que permitirse ser vulnerables. Y que en el vestuario no había lugar para “jugadores egocéntricos y vanidosos”.

Esa forma de pensar y sentir fue lo que llamó la atención de Oneto Gaona: “Refleja su humanidad. Refleja que esos tipos no se creen nada”, nos dice. Con la respuesta en su casilla de correo electrónico, Oneto Gaona empezó a meterse de lleno en el mundo de los All Blacks. “Sabía que mi pedido era un poco raro. Porque él no me conocía. Y por más que le contara quién soy, no había muchas chances de seguir charlando”. Lejos de ser incisivo, dejó pasar el tiempo. Hasta que el año pasado, con motivo de su visita a la Argentina, volvió a mensajearlo. Enoka le propuso un encuentro de una hora. “Que se transformaron en dos horas y media”, recuerda Oneto Gaona con orgullo aquella vez en el Hotel Emperador. “Había estudiado muchísimo sobre él. Una infancia durísima, de orfanato en orfanato. Y cuando nos juntamos hablamos de cómo ciertas experiencias fortalecen aún más y nos impulsan a confiar en uno mismo. Él se lanzó de chico, estudió educación física y así llegó a trabajar con el seleccionado de vóley de Nueva Zelanda y después con los All Blacks”.

Esas dos horas y media marcaron la relación. Oneto Gaona se volvió uno de los referentes argentinos de Enoka, quien se comunicó con él antes de esta última visita. La semana pasada, Oneto Gaona coordinó la asistencia de los All Blacks al penal de San Martín para jugar con Los Espartanos, el equipo de rugby de la Unidad. A través de Enoka, Oneto Gaona invitó a los integrantes del plantel a comer un asado en su casa de Tigre. “No cabía dentro de mí”, indica cuando le confirmaron asistencia. Toti, su esposa, le propuso no complicarse tanto. En lugar de asado propuso algo más simple. “‘Mirá que somos como veinte’, me advierte Enoka. Y me pregunta cuánto es el costo del almuerzo para darme el dinero. Le digo que no, que es un orgullo para mí que me visiten nada menos que en mi casa”. El miércoles pasado se concretó el encuentro.

Asistieron veinte integrantes de la comitiva. “Los jugadores de los All Blacks me saludaban a mí”, recuerda Oneto Gaona. Hubo picada “bien argentina”, empanadas y pernil de cerdo de 22 kilos. Además, mousse de dulce de leche y frutillas a la crema. 

La visita estuvo a punto de naufragar cuando el micro en el que se trasladaban los neozelandeses, de dos pisos, casi no pasaba bajo un puente: resultó una falsa alarma. Después, para entrar al barrio, tuvieron que bajarse antes y caminar. “No sabés lo que era: la gente me preguntaba si realmente los tipos a los que veían caminar en pleno horario laboral eran los All Blacks”, dice Oneto Gaona, quien dejó la organización en manos de su mujer.

Se quedaron poco más de una hora, hicieron un picado de fútbol y hasta jugadas de rugby. Hubo amigos y fotos. “Estuve como en el aire durante esa hora. Me sentía como un chiquito que se salía de sí mismo de la felicidad. Me ocupé de servir, de hablar, de hacerlos sentir en mi casa. Que sientan la calidez de la casa de un argentino común y corriente. Lo logré. Y ellos me hicieron sentir que el trato era de humano a humano. Sintonizamos el mismo dial”. Sus hijos, Dimas (5 años), Alejandro Blas (7) y Elisa (2) participaron de la reunión. Ardie Savea y Richie Mo’Unga fueron de los rugbiers que jugaron con sus dos hijos mayores y un compañero del colegio; Sonny B. Williams tuvo en brazos a su hija: “Mis chicos estaban más ansiosos que en Navidad. Fue un momento único”, define Oneto Gaona, quien de tanta emoción no durmió ni en la noche previa ni en la posterior.

2019 será el año en el que Oneto Gaona concrete su viaje a Nueva Zelanda para convivir con los All Blacks. “Me sentí como parte de ellos, parte de su ambiente familiar, de su amistad. En mayo próximo iré a especializarme en coaching. Haré un curso con los Crusaders (últimos bicampeones del súper rugby neozelandés)”. Le queda, de la visita, una camiseta original firmada por los jugadores. A cambio, le regaló a Enoka un cinturón con sus iniciales realizado por el orfebre Mariano Dragui. 

Pero tal vez lo mejor, dice, ocurrió en el regreso del plantel al hotel. “Enoka me dio un abrazo muy fraternal, sincero, y me dijo que era uno más de ellos. La calidad humana de estos tipos es genial”, dice Oneto Gaona tras una larga siesta de domingo. Su experiencia ya no es un sueño a cumplir sino una realidad construida con la prepotencia del trabajo.