LA VOZ REBELDE

La persecución política de Mercedes Sosa, el exilio y su ansiado regreso

Debido al homenaje de Google, recordamos la lucha de la voz de Latinoamérica.
jueves, 31 de enero de 2019 · 10:16

Mercedes Sosa fue homenajeada por Google a 54 años de su primera presentación en el Festival Nacional de Folklore de Cosquín. En los medios de todo el mundo se recuerda su vida, su obra, su voz y su lucha. Una artista que luchó contra la opresión, se reveló contra los militares y tuvo que exiliarse para salvar su vida. 

Mercedes nació en una familia humilde, su papá era un obrero de la industria azucarera y su madre trabajaba de lavandera para familias más acomodadas. Desde muy pequeña estuvo en contacto con el movimiento peronista. Era simpatizante de Juan Domingo Perón en su juventud y apoyó las causas de izquierda política a lo largo de toda su vida. De hecho, se afilió al Partido Comunista en los años sesenta. Es por eso que, tras el golpe de estado del 24 de marzo de 1976, fue incluida en las listas negras del régimen militar y sus discos fueron prohibidos. Desde entonces comenzó a realizar giras por Europa y el norte de África acompañada por el joven guitarrista de Chabuca Granda, el argentino-peruano Lucho González. 

Al volver luchó por permanecer en el país a pesar de las trabas y amenazas. No fue hasta que en 1978, en un recital en La Plata, fue cacheada y detenida mientras se encontraba en el escenario. “La única noche que estuve presa fue después de un recital tuyo en La Plata, en el viejo Almacén San José. Te habías entusiasmado y cantado canciones no permitidas, habías abierto las ventanas para que escuchen los que no podían pagar. Estábamos todos eufóricos. Pero llegaron ellos con sus armas, haciendo por fin visible lo que sabíamos que pasaba. Nosotras en fila en el patio, apuntadas, aterradas; vos, tal vez con tu propio miedo, en una oficina donde te hacían escuchar los temas que cantaste, mostrándote tu desobediencia. A las seis de la mañana, consideraron que ya nos habían dado la lección y salimos al sol. ¿Sabés qué? Valió la pena”, escribió una mujer, también llamada Mercedes, que estuvo presente aquella noche. 

Al poco tiempo, en 1979, tuvo que exiliarse. Primero vivió en París y luego se instaló en Madrid.  A pesar de la pena que eso significaba, jamás dejó de cantar y grabar discos.  Unos de ellos fue Serenata para la tierra de uno (1979), tomando como mensaje la canción del mismo título de María Elena Walsh: “Porque me duele si me quedo, pero me muero si me voy”. Ya en 1981 grabó en Francia el álbum A quién doy, cuyo título está tomado de la canción de Julio Lacarra con que se inicia el álbum, referido al exilio (“A quien doy las cuerdas de mi guitarra, para que no suenen tristes a la hora de mi adiós”). Ese disco fue lanzado en Argentina con un repertorio diferente del original, ya que la censura no admitió que se difundieran «Sueño con serpientes» (del cubano Silvio Rodríguez), «Fuego en Anymaná» (de César Isella y Armando Tejada Gómez), ni «Gente humilde» (de Garoto, Vinícius de Moraes y Chico Buarque).

Desterrada de su hogar, la Voz de Latinoamérica sufrió por el exilio. Y la pena fue doble, tras fallecer su segundo esposo, Pocho Mazitelli. Incluso ella relató que, entonces, pensamientos suicidas inundaban su mente. Volvió a la Argentina en febrero de 1983, tras la Guerra de Malvinas. En aquella ocasión realizó una serie de recitales históricos que se convirtieron en un acto cultural contra la dictadura. Pero recién pudo instalarse en el país luego de recuperada la democracia el 10 de diciembre de 1983. Desde entonces, luchó por proteger y el régimen democrático.
 

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