MUJERES

Cuando las propias redactoras de Cosmopolitan viven sus peores experiencias amorosas

Ellas escriben para la conocida publicación de y para mujeres, pero no quedaron exentas del mal momento.
lunes, 18 de febrero de 2019 · 12:37

Casa de herrero, cuchillo de palo. Histórico refrán para recordar que a veces los principales especialistas en un tema, terminando pasando por los mismos problemas. Y bien le cabe el tema a las periodistas de la revista Cosmopolitan, que contaron en primera persona sus malas experiencias pese a brindar siempre los mejores consejos y estrategias para con los hombres.

Todo queda en familia
"Tenía planes para salir esa noche pero había discutido con él, por aquel entonces, era mi novio y no me apetecía ir de fiesta. La mañana siguiente, mientras yo seguía llorando por la discusión, vino mi prima a casa. Me contó que la noche anterior había bebido demasiado y se había enrollado con alguien, aunque no se acordaba de quién era. Más tarde me enteré por una amiga que el afortunado era nada más y nada menos que... ¡mi chico! Ahora es mi ex, 'of course".

Una orgía satánica
"Estaba a punto de cumplir 16 años y acababa de empezar a salir con un chico. El día de Reyes quedamos para intercambiar regalos y me dijo que su mejor amigo iba a hacer lo mismo con su novia, así que fuimos a lo que yo creía que era la casa de ella... Resultó ser la casa abandonada de su abuela. Como no había luz, les pareció buena idea comprar velas de iglesia (¿sabéis las típicas que vienen dentro de un vaso rojo?) y cuando ya creía que la cosa no podía dar más mal rollo, el amigo le dio a su chica una caja de condones como regalo. Querían hacerlo allí, en mitad de lo que parecía un escenario de un rito satánico, ¡¡con nosotros presentes!! Lo más fuerte de todo es que mi ex sugirió que nosotros también podríamos hacerlo. Solté el peluche que acababa de regalarme y salí corriendo de esa casa del terror."

Dios está en todos lados. Literalmente
"Durante un tiempo tuve un medio ‘ligue’ que era muy, muy religioso. Como de una especie de secta. El problema era que cada vez que hacíamos el amor en su casa, había una foto enorme del Papa Juan Pablo II presidiendo la velada... A mi me daba bastante mal rollo."

Con las manos en la masa
"Tenía 21 años y llevaba uno entregada a una relación donde las mariposas seguían igual de revoltosas que el primer día (ahora pienso que qué clase de maravilloso 'virus' era aquel). En verano, solíamos dar vueltas con el coche por el monte, con la música a tope, algo convertido en una especie de tradición entre las parejas jóvenes —y que no tienen casa donde dar rienda suelta a su 'calentón'. Una noche, decidimos parar en una explanada y, bajo las estrellas, demostrarnos nuestro amor (sin ropa, claro). En el punto álgido unas luces de otro coche nos sorprendieron y, lejos de alejarse, se acercaron hasta estar ventanilla con ventanilla. Eran unos (muy) amigos del pueblo de al lado que confundieron nuestro coche Golf con el de otra gente. La realidad es que al ver el panorama (mi chico de entonces me tapó con su cuerpo como pudo, a costa de enseñar aún más su culo –de diez por cierto–, lo pasaron peor ellos que nosotros, sonrojándose como tomates y pidiendo disculpas mil veces. Al día siguiente, cuando nos vimos por los bares y vestidos, tuvimos miradas cómplices, nos echamos a reír... Y hasta hoy no he tenido una pillada in fraganti tan oportuna."

El tamaño sí importa
"Hace unos años estuve con un chico que, simplemente, bueno, no está muy bien dotado que digamos y, encima, era bastante 'estrellita de mar' en la cama. Aunque a mí me daba igual, le ponía todo mi empeño en cada encuentro sexual que teníamos. Hasta que un día, cuando yo me situaba encima suya dándolo todo, vi que empezó a poner una cara bastante rara... Se había salido y no me había dado ni cuenta. #Tierratrágame. Se hizo un silencio incómodo pero, como sabía que lo nuestro no era para siempre, volví a meter(me) en el asunto y seguí con mi motivación."

Flashback a los 2000
"Era la segunda cita con el chico que estaba quedando y me dijo que tenía una sorpresa para mí. Le pedí que, por favor, me diera una pista y solo recibí una nota de voz con una psicofonía extraña que podría deletrear como "winyuwiyuwiyu". Obviamente, no lo pillé. Pero él, insistente en su regalo, me mandó otra nota igual que la primera. Resulta que la súper sorpresa era llevarme a ver la peli de los Minions. (Emoji de chica tapándose la cara). Pero la cosa no terminó aquí. Acepté su propuesta y, cuando nos encontramos, había decidido que el mejor look para nuestra 'date' eran unos pantalones cargo de montañero con mil bolsillos y cremalleras en el muslo para convertirlos en shorts, combinados con una camiseta estampada de un mensaje difuso que no recuerdo. Vamos, un cuadro. Y para más inri, se dispuso a pagar con su cartera Puma de velcro y, como no tenía suelto, decidió sacar de su bolsillo XXL un dispensador de monedas como el que utilizan en los bancos. Tenía 25 tacos."

Había un embarazo de por medio
"Lo conocí en el metro, de camino a la universidad, tras varios intercambios de miradas, me pidió el móvil y accedí. Imposible resistirse a un pibonazo de ojos verdes. La cuestión es que una hora después me escribió un SMS [sí, en aquella época no existía WhatsApp] para vernos por la tarde y acepté. Aquello fue el inicio de un montón de quedadas, muy, muy intensas, pero llegó el final de curso y yo me iba unos meses a casa de mis padres, fuera de Madrid, así que tocó despedirnos con la promesa de que nos veríamos a la vuelta. Seguimos hablando por teléfono hasta que un día me encontré una voz femenina al otro lado. Resultó ser su novia y, encima, me confesó que estaba embarazada [el chico tenía 24 años, así que no sospechaba nada]. Mi cara debió ser un cuadro y, obviamente, le dije: ‘Thank You, Next’."

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