RUSIA 2018

Rusia 2018: la política también juega

La final de la Copa Mundial, Macron y Putin
viernes, 13 de julio de 2018 · 06:42

(ANSA) - "El domingo veremos la final en Moscú junto a (Emmanuel) Macron y cada cual hará fuerza por su selección", dijo Kolinda Grabar-Kitarovic, presidenta de Croacia que asistirá al estadio Luzhniki con su colega francés. "Y ganaremos nosotros", completó menos diplomática la mandataria croata al desafiar al inquilino del Palacio del Elíseo, en un momento de distensión de una tensa cumbre de la OTAN en Bruselas.

Grabar-Kitarovic ya había expresado su pasión por el fútbol antes del triunfo ante Inglaterra que le garantizó a Croacia su mejor actuación histórica en una Copa del Mundo pase lo que pase el domingo en Moscú.

Fue cuando le regaló una casaca de su selección con el número 10 estampado en la espalda y su nombre también a la premier británica Theresa May, gesto que repitió con el mandatario estadounidense, Donald Trump, bajo el número 9. Rápido de reflejos, Macron le respondió: "Estamos en la final. La cita es el domingo y volveremos a alzar la Copa", auguró en referencia a aquella primera y única consagración mundialista de Francia como anfitriona del torneo, en 1998.

Un Mundial que registra un antecedente entre Francia y Croacia, que favoreció a los organizadores, victoriosos por 2-1 en semifinales de ese torneo que luego los consagraría al mando de Aimé Jacquet.

La nueva final en Rusia, tercera para Francia contando aquella perdida en Alemania 2006 frente a Italia por penales, representa, además, para Macron, una ocasión única para estar cara a cara con su par ruso, Vladimir Putin. Será justamente en la víspera de la cumbre que el líder del Kremlin sostendrá el lunes en Helsinki con Trump, quien sólo puede festejar por ahora que su país volverá a organizar un Mundial en 2026 junto con Canadá y México.

Un dato no menor considerando la política de hierro del mandatario estadounidense mantiene en materia de inmigración, especialmente con sus vecinos del sur. Escenario que se repite del otro lado del Atlántico en la Francia de Macron, que persigue y expulsa de su país a los inmigrantes procedentes fundamentalmente de Africa, pero cuyos goles festeja con la selección nacional.

Ya es historia la foto del presidente galo festejando el gol del zaguero franco-camerunés Samuel Umtiti frente a Bélgica que le dio el pasaje al equipo de Didier Deschamps a la final de esta Copa. Una Francia multiétnica que sólo se refleja en el fútbol, con una selección integrada en su gran mayoría (el 80 por ciento) por inmigrantes o descendientes de inmigrantes y apenas cuatro futbolistas con padres franceses.

No es el caso del juvenil delantero Kylian Mbappé, hijo de madre argelina y de padre camerunés, que milita en el PSG y apunta a ser una de las figuras, sino la figura de este Mundial, a pesar de su corta edad (19 años). Argelino también es el origen de un tal Zinedine Zidane, que supo alzar la Copa con Francia hace hoy 20 años y seguramente habrá padecido también en carne propia alguna vez el odio del que suelen ser víctimas los inmigrantes en su país.

Odio que se traduce en políticas de Estado, como la que permitió que más de 25.000 inmigrantes fuesen expulsados de Francia hace apenas un año y bajo el gobierno socialista de Francois Hollande.

Escenario que no se modificó, sino que más bien se profundizó desde la llegada al poder de Macron, quien recientemente firmó un acuerdo para endurecer la política inmigratoria en Europa junto con la canciller alemana, Angela Merkel. Por lo visto, la única diferencia entre ambos es que Macron podría festejar este domingo en Moscú la consagración de su selección "multiétnica" como campeona del mundo y ocupar el trono que dejó vacante la Alemania de Merkel.

Croacia, con distintos matices, no escapa a esta tendencia aunque por conflictos de otra naturaleza vinculados a la guerra que ensangrentó a la ex Yugoslavia hasta provocar su desmembramiento. La cuestión de los Balcanes también dijo presente en este Mundial en más de una ocasión. La última de ellas cuando el zaguero croata Domagoj Vida afirmó durante el festejo de un triunfo en Rusia "que arda Belgrado", la capital de Serbia.

Vida llevó el conflicto de la ex Yugoslavia más allá al "dedicarle" la victoria por penales de Croacia sobre Rusia en cuartos de final a la vecina Ucrania, lo que le valió más de una crítica y hasta la posibilidad de una sanción por parte de FIFA.

El zaguero intentó justificarse entonces apuntando al hecho de que él supo jugar en el ucraniano Dínamo Kiev antes de pasar al turco Besiktas, lo que no impidió una airada reacción de las autoridades rusas.

La tensión entre Kiev y Moscú atraviesa un momento crítico por la anexión de Crimea por parte de Rusia y por el inicio del conflicto en Donbass, en el que el Kremlin es acusado de apoyar militarmente a los separatistas filo rusos.

Nada explicó, en cambio, sobre aquella referencia a Belgrado contaminando el momento de gloria que vive Croacia en este Mundial y que hoy se reflejó en Zagreb durante una reunión de gabinete. Los ministros, incluido el premier Abdrej Plenkovic, concurrieron a la misma enfundados en la casaca a cuadros blanca y roja de la selección nacional, festejando la clasificación a la primera final de una Copa del Mundo. Plenkovic prometió construir un nuevo estadio en Croacia para adecuarse a lo que demanda esta época de gloria para el fútbol nacional. Otra muestra más de la política jugando su propio partido a caballo del deporte más popular del planeta.