Gobierno de Maduro

La crisis terminal de Venezuela en cinco datos

El jefe de Estado venezolano alertó que hará respetar su legitimidad ante los adversarios que desconozcan su mandato.
jueves, 10 de enero de 2019 · 16:45

Ante la continuidad de Nicolás Maduro en el poder los venezolanos se ven envueltos en una crisis terminal, afectados por alarmantes problemáticas que parecen no tener fin, ya que bajo el segundo mandato del presidente bolivariano la hiperinflación, la extrema pobreza, el desabastecimiento de comida y medicamentos, sumado al conflicto migratorio –que implica que miles de personas se vean obligadas a abandonar sus hogares de toda la vida- en busca de una mejor calidad de vida –algo que preocupa a todo el mundo- aparenta no tener escapatoria.

De este modo, Venezuela está envuelto en la oscuridad de una crisis que se agudizó con Maduro, quien hoy inició un segundo período de seis años de gobierno, pese a ser desconocido por la oposición y gran parte de la comunidad internacional. Y es que gobernado por el mandatario socialista,  el país cayó en la peor crisis económica de su historia reciente, lo que forzó el éxodo de 2,3 millones de personas desde 2015, según datos anunciados por las Naciones Unidas.

Ante este escenario, el Grupo de Lima, creado en 2017 -año de protestas contra Maduro que dejaron unos 125 muertos en Venezuela-,  que está integrado por Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, Guyana y Santa Lucía, se resistió a la nueva asunción del bolivariano. Sin embargo, lejos del temor, el jefe de Estado –calificado como “dictador” por muchos- advirtió que hará respetar su legitimidad contra cualquier adversario que se le presente en el camino.

En un contexto de extrema necesidad económica, cientos de ciudadanos sometidos al régimen de Maduro han caído bajo la línea de pobreza e indigencia azotados por una inflación que este 2019 trepará a 10.000.000%, según indicó el Fondo Monetario Internacional (FMI). En Venezuela no hay plata que alcance, denuncian los trabajadores que se encuentran viviendo allí, incluso trabajando horas extras en empleos informales los ingresos son insuficientes.

Otro de los escenarios más dolorosos se visibiliza en el área de la salud debido a la falta de insumos para los enfermos. Desde el Hospital Pérez Carreño, el más grande de Caracas, lamentaron que “todos los días mueren uno o dos pacientes" a la espera de turnos quirúrgicos.  Se estima que la escasez de medicinas e insumos hospitalarios ronda el 84% por agremiaciones.  Su disponibilidad cayó por el desplome de la producción petrolera, de 3,8 millones de barriles diarios a 1,13 millones en la última década, lo que limita las importaciones.
   
Como si fuera poco, también escasea el agua en un 70% dentro de los hospitales. El gobierno atribuye las fallas a una "guerra económica" y a sanciones internacionales, cuyas pérdidas calcula en 20.000 millones de dólares en 2018. A este problema se suma  el de los 2,3 millones de venezolanos que han migrado desde 2015 para escapar de la crisis de Maduro. La ONU prevé que la cifra suba a 5,3 millones en 2019 ante el colapso de una economía que se redujo a la mitad en cinco años.

Pero los conflictos en Venezuela no terminan allí, también está el conflicto político que rodea a la imagen de Maduro. De hecho, el Parlamento, que es el único poder que controla la oposición, sostiene que el mandatario es un "usurpador". El Legislativo está amarrado, ya que todas sus decisiones son nulas tras ser declarado en desacato por el Tribunal Supremo de Justicia, y sus funciones fueron asumidas por la oficialista Asamblea Constituyente que rige como suprapoder.

A la impotencia por la pérdida de autoridad, los legisladores - acusados por Maduro de buscar derrocarlo e incluso asesinarlo- suman las penurias de vivir sin sueldo desde 2016. Trascendió que hay funcionarios, como la parlamentaria Manuela Bolívar que se sostiene con remesas y productos que le envían sus familiares que emigraron. En tanto, varios diputados de provincia contaron que viajan hasta 14 horas en colectivo para asistir a los debates, debido a que no pueden costearse pasajes aéreos, y que pasan el día con una comida.
 

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