MIRADA

El feminismo como "medida de todas las cosas"

Los intelectuales intentan responder: ¿Hay que acabar con el feminismo o repensarlo?
miércoles, 09 de enero de 2019 · 19:13

ESTADOS UNIDOS, Miami.- Las banderas de la inclusión social han despuntado en los países emergentes y en la propia Europa el amanecer de una nueva turbación social con un feminismo exacerbado que lucha por imponerse como la medida de todas las cosas, según la famosa expresión de los griegos.  

En los países hispanoparlantes con fuerte cuño socialista en las clases medias y bajas el feminismo ha echado buenas raíces, en parte porque la violencia de género es una realidad que azota a diario a las mujeres que sufren además los resabios de una cultura que heredó el machismo por una doble vía: el cacicazgo indígena y el patriarcado hispano. 

Esta mentalidad de reparación social ya hizo pie también en los Estados Unidos como quedó reflejado en la última entrega de los Golden Globes 2019 que acredita la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood donde los ganadores predicaron en sus discursos a favor del feminismo y la inclusión racial.  

También se nota la multiplicación de grupos que pregonan el multiculturalismo y la necesidad de que los colectivos sudamericanos y afroamericanos sean respetados y valorizados como parte integrante de una nueva cultura norteamericana. 

En los Estados Unidos se mira con recelo los desbordes que provoca el feminismo y la perspectiva de género en las sociedades y así ha surgido una pregunta que los intelectuales intentan responder: ¿Hay que acabar con el feminismo o repensarlo?

Una filósofa como Bérénice Levet, autora de “Libérons nous du féminisme!” efectúa una durísima crítica a los métodos feministas y  Manuel Arias Maldonado intenta –también filósofo- procura una postura más conciliadora. Pero en los hechos se observa la formación de movimientos de opinión que demuestran su oposición al movimiento feminista por el autoritarismo de sus métodos y las consecuencias sociales a que está llevando. 

España se presenta como la fragua de esta reacción con la difusión de videos donde Ignacio Abascal propone plantar bandera contra lo que se ha dado en llamar  "feminismo supremacista".

Es un toque de racionalidad donde se busca equilibrar la balanza en la búsqueda de una ley que “proteja a mis hijas pero también a mis hijos". Se trata además de evitar el desmadre provocado por una mentalidad que pone al hombre “per se” en el banquillo de los acusados prácticamente criminalizando al género masculino.

Feminismo y aborto se han asociado para verter una filosofía que contradictoriamente instala a la mujer como la primera enemiga de la maternidad, que los militantes de esta nueva oleada española vayan contra las abortistas pidiendo "una ley que proteja al más débil". 

Una Sudamérica envenenada por la ideología de género desprendida de la prédica feminista concebida en Europa, una prudencial tendencia a favorecer las políticas inclusivas en los Estados Unidos que en mucho responden a la impronta del presidente Donald Trump que impuso una línea conservadora tajante y una reacción antifeminista que viene predicando la moderación para un movimiento que en los países emergentes ha causado más daño a las mujeres que ganado espacios para su desarrollo.

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