A cinco años de su consagración

Francisco será recordado como "un gran reformista"

Marcelo Figueroa, quien compartiera espacio radial con el actual Papa, reflexiona sobre su figura tanto a nivel local como global.
martes, 13 de marzo de 2018 · 13:07

Marcelo Figueroa es editor de L’Osservatore Romano en Argentina. Fue parte del programa “Biblia, diálogo vigente”, junto con el cardenal Jorge Bergoglio, quien hoy es conocido como Papa Francisco. A propósito de cumplirse cinco años del pontificado, El Intransigente conversa con Figueroa, quien cree que Francisco será recordado a través de la historia como un reformista.

Cinco años del Papa Francisco, ¿cuál es su balance? 

Es difícil hacer un balance. Yo lo que creo es que Bergoglio, Francisco, es un hombre de iniciar y profundizar procesos más que acaparar espacios. Ese desarrollo de procesos tiene que ver no solamente con hechos de la historia presente si no muchas veces tiene que ver con actitudes que nosotros llamamos de alguna manera teológicamente proféticas. ¿Qué quiero decir con esto? El proceso de puesta en agenda a nivel mundial de la problemática de las migraciones, que tiene que ver con lo que se cobra vidas específicamente en el Mediterráneo y que está influyendo seriamente en lo que tiene que ver con Europa, no solamente a nivel humano si no a nivel político.

A pocos meses de asumir como Papa, Francisco va a Lampedusa. Ahí comienza todo un proceso de puesta en agenda y lo que tiene que ver con el lugar de los migrantes y la tragedia que está atrás de los migrantes que hoy tiene que ver con otros procesos en lo que tiene que ver con las guerras hechas en nombre de Dios, en la cuál Dios no tiene nada que ver pero sí se utiliza el nombre de Dios. Ahí entramos en otro círculo de procesos que tiene que ver con una estrategia diplomática que la desarrolla muy bien atrás de la Secretaría de Estado, como Jefe de un Estado Vaticano. Pero me parece que también en su doble rol, en lo que tiene que ver con el liderazgo espiritual y es algo que él conoce muy bien y que a mí me ha tocado de alguna manera participar en una manera muy pequeñita en lo que tiene que ver con el rol del diálogo entre las religiones. Todo lo que tiene que ver con su tarea... Para dar solo un ejemplo: la visita de Parolin -quien fue Secretario de Estado, como si fuera el Primer Ministro, digamos, del Estado Vaticano- a Rusia se da prácticamente un año después del encuentro de Francisco luego de prácticamente mil años con el Patriarca Ortodoxo en Moscú, en el no lugar, la utopía, el no lugar, en un aeropuerto en La Habana, y ahí entra a jugar el rol del Pontificio Consejo de la Unidad entre los Cristianos y el diálogo inter-religioso. 

De alguna manera, la estrategia de apertura va a través de un lugar no habitual que es la Secretaría del Diálogo pero que después se traduce en efectos políticos concretos. Podríamos hablar también de su visita a Egipto, en un lugar paradigmático en lo que tiene que ver con la formación del mundo musulmán, del pensamiento musulmán o Israel, estaba Shimon Peres; era otra historia pero de alguna manera también. De manera que este proceso de cambio a nivel de utilización de las herramientas del diálogo, que no es el primer Papa que lo hace, Juan Pablo II también lo hizo, pero más profundamente porque él lo ha vivido y, de alguna manera, yo creo que Argentina, específicamente Buenos Aires, ha sido un entrenamiento muy fuerte en el cual él ha sido formador de muchos en esa área y él lo está utilizando a nivel mundial. 

Alguien que viene del tercer mundo, que tiene una consciencia muy fuerte de la problemática que atraviesan los jóvenes también, ¿eso se nota en el Papa?

Yo creo que sí, yo creo que de alguna manera también para ir a un espacio más cercano, el viaje de él a Chile y Perú. Cuando uno analiza desde el lado de la agenda desde dónde él mira, o sea, la semiótica en lo que tiene que ver con un Papa, es muy importante, más lo que tiene que ver con Bergoglio; o sea, los gestos y el lugar, el espacio, hablan a veces o acompañan las palabras y cuando uno traza de alguna manera algo así como un atril imaginario entre la Araucanía en el sur de Chile y la Amazonia en Perú, donde comienza toda la trama de la problemática del cambio climático. Dos discursos muy fuertes. En la Araucanía y en la Amazonia, él está hablando desde la periferia, justamente desde la columna vertebral de la periferia de Sudamérica o de la Patria Grande, le está hablando a América pero también le está hablando al mundo.

Su visión siempre ha sido desde allí. Así como Jesús siempre habló como un pueblerino de Galilea desde la periferia de Galilea a Jerusalén y a todo el mundo y a la humanidad, Bergoglio lo hace de esa manera. Visto así, él da un mensaje hacia adentro de Latinoamérica que creo que es uno de los legados más importantes pero también al mundo. Un detalle para mí menor, muy menor: visto desde esa manera, el viaje de Chile y Perú realmente era absolutamente fuera de contexto una visita a Argentina o a Uruguay porque el objetivo del viaje era prácticamente ese.

Me parece que sí, eso que vos decís es verdad. Él está siempre mirando al mundo desde la periferia y eso es algo muy valioso porque no es absorbido por la visión eurocéntrica y una visión curialcéntrica. 
Francisco no ha perdido en cinco años su visión de este lado de las latitudes y eso es un mérito extraordinario porque abre los ojos y por eso muchas veces es incomprendido. Nosotros creemos en Argentina que es acá, pero la verdad en Europa muchas veces es incomprendido o los que lo comprenden lo atacan porque él mira al mundo desde ese lugar y es desde allí, desde ese lugar de la marginación, de los pobres, de los movimientos sociales no políticos pero sí que tienen un rol importante en lo que tiene que ver con el reclamo de los derechos, las postergaciones, las discriminaciones. 

La voz de los que no son oídos. Él también tiene un poco esa bandera. 

Yo creo que, para entender a Francisco, a veces hay mucho de literatura escrita, mucho y muy buena, muy importante. Pero los que no tienen tiempo o ganas de leer tanto, con leer de acuerdo a la edición 300 ó 350 páginas es suficiente, tiene que ver con los evangelios. La visión de los pobres, de los marginados, inclusive la visión de enfrentamiento hacia los dueños de la religión, hacia los que se creían de alguna manera, los fariseos y demás, el enfrentamiento de Jesús con todos ellos tiene que ver un poco con las raíces de él.

Él tiene una visión evangélica y una lectura de los evangelios desde ese lugar de la periferia. La lectura de los evangelios o de las escrituras hecha quizás desde lugares de poder o de Estados Unidos o Europa es particularmente diferente y quizás eso también sea una manera de las problemáticas que él se enfrenta. Creo que el gran mérito de Francisco ha sido no perder su visión de Cristo del Cristo de las periferias, del Cristo de la villa, del Cristo de los pobres, de la religiosidad del pueblo y trasladarla a todo el mundo. Por supuesto que eso es un desafío, desafiante como lo fue el ministerio de Jesús. Yo creo que hay una relación muy íntima, inseparable, en lo que tiene que ver con Jesús y el pontificado de Francisco. 

Hay un sector grande que no lo quiere o piensa que es un Papa progre de los católicos más conservadores. ¿Qué pensás de esa lucha que él debe tener en el mismo Vaticano?

Yo creo que hay sectores múltiples dentro de la Iglesia y cada uno busca imponer o desarrollar su visión de la Iglesia, de las escrituras, del poder que sin lugar a dudas tiene. Me parece que Francisco viene a iniciar un proceso de cambio adentro de la Iglesia; también que desde luego tiene la resistencia de los grupos conservadores, muchas veces del lugar de poder que se ocupa, y la resistencia es lógica pero creo que él ha iniciado un proceso y seguramente va a llegar un momento en el cual va a haber un punto en el cual no se puede volver atrás. 

Desde luego que, cuando uno analiza también la designación de obispos, para no ir lejos, la designación del obispo de la villa, está marcando la Iglesia que quiere él. Creo que la Iglesia tiene 2 mil años y tendrá no sé cuántos miles de años, hasta que el Señor quiera, y son procesos que duran mucho tiempo. Lo va a exceder a Francisco.

Pero, seguramente, será recordado en la historia como el que inició. 

Un gran reformista. 

Los argentinos lo queremos acá. ¿Qué podemos esperar nosotros, quienes queremos que venga? ¿Vendrá? 

Nunca le he preguntado. ¿Por qué nunca se lo he preguntado? Inclusive se lo he dicho: "Nunca te voy a preguntar por el viaje a Argentina". ¿Y por qué? Primero porque lo respeto, lo quiero y confío en él. Probablemente, haya quienes utilicen ese tema de que viene o no viene y la verdad no sé si quieren que venga o no.
 
Los que realmente lo quieren, y lo quieren bien, y lo recuerdan bien, creo que un poco la manera es tenerle confianza y entender que cuando él sienta o piense que es el momento o no, y lo que él decida, uno confía de que está bien. Hay libros que se editan permanentemente en el mundo recopilando su vida acá, sus homilías, sus 76 años acá y nosotros, muchas veces, no lo conocimos y tampoco estoy seguro que estemos leyendo -aún los que trabajamos como yo dentro de la prensa del Vaticano-; nos cuesta muchísimo seguir todas las homilías, todos los discursos, las encíclicas, la enseñánzas. Así que aún para los especialistas es muy difícil. Pero igual en la Argentina podríamos hacer el esfuerzo de leerlo y de entenderlo un poco más a la luz del conocimiento que tenemos o deberíamos tener de él.

La palabra para mí más importante es, si le queremos bien, confiemos en él. No nos preguntemos ni le preguntemos más. Confiemos en su discernimiento y en su legado. Quizás, si queremos hacer uso del mal orgullo argentino, pensemos que es una ofrenda que como argentinos le damos a toda la humanidad; no seamos egoístas, dejemos que él trascienda esa esfera de Argentina y que lo haga con la mirada argentina y con la mirada de Latinoamérica. Me parece que eso es como una donación de corazón que los argentinos tenemos que hacer más que apropiarnos de él. 

Está bueno verlo desde ese lado, que es nuestro regalo al mundo. 

Exactamente. Yo creo que si, que es un regalo para la historia argentina, para nosotros. Es uno de los nuestros. Tengamos un poco más de amor y de comprensión y si se quiere, si existe, si llegara a existir el sano orgullo utilicémoslo como una ofrenda, si existiera el sano orgullo.