¿Se busca la verdad?

La muerte de Nisman: lo que nadie quiere que se sepa

Cualquiera sea el resultado de la investigación, esta causa sobre su muerte está destinada a no ser creíble, no solo por cómo se trabajo sino por lo que la rodeó.
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viernes, 18 de enero de 2019 · 19:03

Ni a la justicia ni a la política le interesa que se conozca la verdad de lo que pasó con el fiscal especial de la UFI AMIA, Alberto Nisman, que apareció muerto en su departamento de Puerto Madero hace cuatro años

Algo parecido pasa con la investigación del atentado, que estaba a su cargo hasta ese momento. Y que desencadenó en una denuncia contra la entonces presidenta Cristina Kirchner, por encubrimiento. 

Las primeras horas del hecho pero también el desarrollo de la investigación sobre la muerte del fiscal permiten identificar con claridad que se hizo todo lo posible para dinamitar la verdad. Es decir, para que cualquier sentencia (suicidio o asesinato) no fuera creíble.

No es un problema exclusivo de la debilidad de la justicia argentina. Hubo grandes magnicidios en la historia que nunca fueron resueltos o que tuvieron un "esclarecimiento" que a nadie convenció.

El más famoso de la historia reciente, posiblemente, es el del presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy. La historia oficial dice que lo asesinó un “lobo solitario”, Lee Harry Oswald. Pero Oswald nunca alcanzó a decir toda "su" verdad. Fue luego asesinado cuando lo llevaban de su lugar de detención al tribunal. Los elementos oficiales fueron cuestionados con datos concretos por diferentes investigadores que marcaron que muchas cosas del relato no cerraban, como la cantidad de tiradores o las sorpresivas fallas en la seguridad.

El asesinato de su hermano, Robert Kennedy, fue similar. Pasó lo mismo con el crimen que terminó con la vida de Martin Luther King o la de Mahatma Gandhi que, aún con asesinos “identificados”, nunca quedó del todo claro ni el motivo ni la veracidad de la culpabilidad de los autores.

¿Hay sectores que no quieren que se sepa qué pasó con Nisman? La impresión es que tanto los que aseguran con certeza que fue un asesinato como quienes dicen que fue un suicidio usan como les conviene los elementos de la causa judicial. Es una politización del hecho que no contribuye, pero el principal problema es cómo quienes no quieren que se sepa la verdad se montaron sobre un problema real de la Argentina, que es la absoluta falta de credibilidad de la justicia.

Porque aún si la fiscal Viviana Fein y la jueza Fabiana Palmaghini hubieran trabajado correctamente (no tengo elementos para decir ni que sí ni que no), hubo voces, sobre todo del actual oficialismo, que ridiculizaron a Fein por su forma de hablar y vestir, la caracterizaron como una funcionaria judicial negligente e instalaron que estaba puesta allí para que no se resuelva nada.

Suicidio o asesinato está claro que la muerte de Nisman tuvo algún tipo de relación con la grave denuncia (fundada o no) que hizo contra Cristina Kirchner unos días antes. Aún en el razonamiento que esgrimen los detractores del fiscal, que sostienen que, acorralado por la inconsistencia de su propia acusación y por la falta de respaldo de quienes lo habían llevado hasta ahí, se pegó un tiro. Aún en ese escenario, su denuncia tuvo que ver con su desenlace.

Pero sin ir a Estados Unidos o a India para ver los grandes casos no resueltos o de los que todavía hay dudas, volvamos a la AMIA. La voladura de la mutual judía no está resuelta, ni desde el punto de vista judicial ni desde el punto de vista político. Desde el punto de vista judicial, basta con leer las visiones críticas serias, como las de los periodistas Miriam Lewin y Horacio Lutzki para entender que hay pistas que la justicia no quiso investigar y el poder político buscó dejar abajo de la alfombra.

Por ejemplo, la incidencia de un infiltrado de la policía federal en la comunidad judía, la sorpresiva ausencia de los custodios policías justo en el momento previo a la explosión, la no investigación de un sirio libanés experto en explosivos vinculado al menemismo, entre otras cosas.

Y por si fuera poco, al juicio del encubrimiento contra los que obviaron esas pistas se sumó la investigación por el encubrimiento que, para Nisman, hizo el gobierno de Cristina Kirchner al firmar el acuerdo con Irán. Su principal hipótesis era que el acuerdo con los iraníes (acusados de ser los autores intelectuales del atentado) era que Argentina dejara caer las alertas rojas de interpol contra funcionarios y exfuncionarios iraníes, algo que Interpol desmintió.

Para otra discusión queda la actuación de Nisman en la investigación del atentado específicamente. Muchos de los que hoy lo convierten en virtual "héroe" post mórtem, antes de la denuncia contra Cristina Kirchner eran sus detractores.

También es cierto que fue el kirchnerismo quien alimentó la figura de Nisman que luego de la denuncia contra CFK intentó desacreditar con revelaciones de la vida privada del fiscal.

Pero más allá de la veracidad o no de la denuncia de Nisman, tanto en el caso del atentado a la mutual judía como en el de la muerte del fiscal todo queda a merced de la grieta: no importan los hechos, solo importan las creencias. 
 

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