Hubo gritos y tensión

Macri abrió las sesiones a pura grieta y empezó la campaña

Ante diputados y senadores, el Presidente mostró lo que será la estrategia electoral: la polarización con el kirchnerismo. Hubo cruces fuertes y pocos anuncios.
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viernes, 01 de marzo de 2019 · 13:23

En el discurso más efusivo que tuvo Mauricio Macri ante al Congreso, el último de su primer mandato, hubo pocos anuncios, duras críticas a la oposición y un ambiente hostil en el que sobresalieron gritos e insultos durante casi toda la ceremonia.

En líneas generales, Macri aseguró que, pese a la crisis económica, los argentinos “estamos mejor que en 2015”. Argumentó que Cambiemos está realizando un cambio de raíz, que será duradero. “Este cambio es para siempre”, advirtió. 

La economía está mal, aclaró, porque su gobierno tuvo que “empezar por lo básico”. Y pronosticó que la reducción del déficit y el equilibrio fiscal, que se dará para 2020, será el logro de justicia social más grande de los últimos 70 años

Fue un discurso a pura grieta, un anticipo de la apertura del año electoral y de su propia estrategia. La salvación del oficialismo es la postulación de Cristina. 

El presidente pidió a diputados y senadores que aprueben este año la reforma al Código Penal, que viene postergada por el propio oficialismo desde el año pasado; la reforma al Régimen Penal Juvenil, que implicaría, entre otras cosas, una reducción en la edad de imputabilidad de los menores; y una modificación a la Ley nacional de Educación.

El único anuncio concreto fue el aumento de más de 40 por ciento de la Asignación Universal por Hijo en reconocimiento por el aumento de la pobreza y la vulnerabilidad de los chicos en la crisis.

La inauguración de las sesiones ordinarias fue un indicio de lo que será el año electoral: una exacerbación de la polarización entre el oficialismo y el kirchnerismo, que se trenzaron en discusiones con el propio Macri durante la asamblea.

“Los insultos hablan de ustedes, no de mí, señores”, les dijo Macri, al menos dos veces, a los diputados y senadores del bloque kirchnerista. Algunos de ellos, como el titular de la bancada de los diputados, Agustín Rossi, se levantaron enardecidos cuando el presidente hizo mención a la firma del pacto con Irán. “En 2015, también, se empezaba a firmar la impunidad por el atentado a la Amia”, disparó Macri y Rossi lo señalaba y le gritaba. 

La postura del kirchnerismo es que el memorándum no es judiciable, que no buscó la impunidad, y que además fue aprobado por mayoría en el Parlamento. También Macri eligió la grieta cuando habló varias veces de la corrupción y recordó el decreto de necesidad y urgencia, rechazado por la oposición, para la extinción de dominio (recuperación de bienes). “Van a tener qué decir de qué lado se paran y a quién quieren proteger”, afirmó el jefe de Estado. 

Aprovechó políticamente la citación de su primo, Angelo Calcaterra, en la causa de los cuadernos para remarcar que la justicia ahora es independiente: “Todos tienen que rendir cuentas, hasta la familia del Presidente, y el propio Presidente”, dijo casi a los gritos, y mostrando emociones.

La mayor autocrítica de Macri ocurrió cuando dijo que los niveles de pobreza volvieron a los niveles a los que estaban antes, o sea, a las cifras de 2015. “Empezamos por lo básico. Pero que el cambio sea difícil no quiere decir que no se verdadero”, reiteró.

Defendió la política de seguridad que está en manos de Patricia Bullrich. “Ahora los policías se sienten respaldados”, precisó. Tuvo un fallido cuando se refirió a la lucha contra el narcotráfico. “Junto con el narcotráfico…”, dijo y retrocedió. 

También dedicó varios párrafos a la política internacional, con la mirada puesta en el electorado argentino. “¿Cómo puede ser que hayamos condecorado a Maduro, que lleva varios años violando los derechos humanos en Venezuela?”, dijo, en clara alusión a la cercana relación que tuvo el Frente para la Victoria con el gobierno de Caracas.

Aprovechó para recordar el “éxito” de la cumbre del G20 y la reinserción de Argentina al mundo. Y casi a los gritos, como en varios tramos de su discurso, lo cerró repitiendo varias veces “Vamos Argentina”. El hemiciclo de Diputados parecía una postal real de la grieta: casi la mitad de los legisladores estaban parados gritando “Sí se puede”, el eslogan macrista por excelencia. La otra, sentada, con gestos de desaprobación y rechazo.