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El ajuste de Emilio, las acciones de Garavano y la jueza acorralada

El jefe de Cambiemos que se tomó a pecho la baja del gasto público, el ministro que ahora habla con Macri y ¿otro Freiler?
miércoles, 14 de marzo de 2018 · 13:11

A buscar cochera que acá no hay lugar

Parece que el jefe de la Cámara de Diputados, el oficialista Emilio Monzó, se tomó a rajatabla la orden de Mauricio Macri de bajar el gasto público. El líder de Cambiemos, que cosecha varios logros legislativos en la era macrista, se propuso ajustar al máximo.

Empezó con los controles biométricos para verificar el horario laboral y desenmascarar “ñoquis”. Siguió con el achique de los beneficios en pasajes aéreos (que en muchos casos eran mal utilizados para quedarse con un dinero extra) y ahora le tocó el turno a las cocheras de los diputados.

Los diputados nacionales tienen cuatro subsuelos para dejar sus autos. La mayor parte, que proviene del interior, deja (ba) los lugares para sus asesores. Hasta diciembre, eso se hacía con una simple autorización escrita del legislador para su colaborador.

Pero Emilio restringió el beneficio y los asesores sólo podrán usar las cocheras de sus diputados (que quedó reducida a una por banca) siempre y cuando el mismo diputado le extienda a su empleado una cédula azul. 

Algunos memoriosos recordaron a El Intransigente que durante el final del menemismo se había impuesto un estricto control para acceder al estacionamiento en Diputados, dado que se descubrió que algunos “vivos” vendían a terceros sus lugares. El entonces oficialismo mandaba, de noche, a la grúa, para que se llevara a los autos que pernoctaban. Con eso cortaron el negocio.

Pero ahora, aseguran, no había ningún tipo de abuso, y varios asesores, incluso oficialistas, están que trinan. ¿Se le habrá ido la mano a Emilio con el ajuste?

¿Pasó lo peor?


Suben las acciones del ministro de Justicia, Germán Garavano, que hasta mediados del año pasado no había cosechado grandes logros, y que algunos veían afuera del gabinete. Tuvo una “remontada” entre octubre y diciembre, con la renuncia de Alejandra Gils Carbó y la destitución del camarista Eduardo Freiler. ¿Habrá pasado lo peor?

Se había especulado, incluso, con un cambio. Sonó el nombre del radical Ernesto Sanz. Pero nada pasó. Ahora, según relataron fuentes de la Casa Rosada a El Intransigente, Garavano, que integra la “mesa judicial”, es consultado de manera frecuente por el presidente Mauricio Macri.

El ministro, sin embargo, tiene un frente interno: Elisa Carrió lo tiene en la mira por la causa de encubrimiento del atentado a la AMIA, tras la decisión del funcionario de retirar la acusación contra dos ex fiscales comprometidos ante la justicia.

Garavano, que dice estar tranquilo pese a las críticas de “Lilita”, sabe que la diputada nacional, aliada a Macri, no se olvida de sus batallas, aunque sí las ponga en stand by por un tiempo.

 

¿Otro Freiler?

Bajan las acciones de Ana María Figueroa, la jueza de la Cámara de Casación Penal, a quien el macrismo tiene entre ceja y ceja por su alineamiento con el kirchnerismo. Figueroa ocupa un lugar clave en Comodoro Py, dado que está en el máximo tribunal penal del país.

El oficialismo avanza contra ella en el Consejo de la Magistratura, el organismo que selecciona y destituye jueces, pero todavía no tiene munición gruesa. La causa en la que más complicada está es en la que la acusan de aceptar una donación de computadoras del ministro de Planificación, Julio de Vido.

Aquel caso saltó a la fama porque un colega de Figueroa, Juan Carlos Geminiani, ordenó detener a la secretaria de la jueza por haber aceptado las computadoras. La empleada fue liberada y Geminiani terminó con una causa penal.