ARGENTINA

Palabra del día: "romance"

Un recorrido por la historia, atravesando siglos, continentes y civilizaciones en busca de los orígenes más remotos de las palabras que empleamos en nuestra vida cotid
lunes, 01 de enero de 1900 · 00:00

"romance"


Se dice de las lenguas modernas derivadas del latín, como el español, el italiano, el francés, el rumano y el portugués, por mencionar sólo lenguas nacionales. También el idioma español, que es apenas una de las lenguas romance, se llamó así en cierta época.

En español se llamó romance la novela o libro de caballerías en prosa o en verso, pero novela se traduce al portugués como romance. Existe, asimismo, una composición métrica de origen español, llamada romance, que consiste en repetir al final de todos los versos pares una misma asonancia y en no dar a los versos impares rima alguna.

En su origen, romance era una historia contada en latín, en la lengua de Roma. Cuando el idioma que se hablaba en Francia se tornó claramente diferente del bajo latín --como ocurrió con el español a partir del siglo X--, los franceses llamaron romanz a la lengua naciente, para indicar así que se trataba de un idioma que provenía del latín. Esta palabra se formó a partir del latín romanicus, que procede, a su vez, del adverbio romanicé, derivado del nombre de la Ciudad Eterna, aplicado al habla de sus habitantes y, posteriormente, a las lenguas desarrolladas en las naciones de cultura latina.

Romance aparece ya en el Cantar de Mio Cid. A las obras de la narrativa medieval, desde las novelas de caballería, se las llamó también romance en varias lenguas derivadas del latín, como el francés (roman), el portugués (romance). Sin embargo, en nuestra lengua conquistó tempranamente la preferencia para las narraciones literarias la voz novela, del italiano novella (noticia, novedad), que fue recogida por Nebrija (1495) en el primer diccionario de nuestra lengua.

El origen de romántico es similar: palabra formada a partir del francés romantique, que significaba ‘novelesco’; ‘romántico’, derivó de la palabra inglesa romantic, que en el curioso juego de idas y vueltas de las lenguas europeas, provenía del francés romant, una variante de roman.

Por su parte, romero --palabra que hoy se usa para designar a los peregrinos que van a un santuario-- se formó a partir del latín romæus ‘romano’, que se aplicaba a los peregrinos que iban de Roma a Tierra Santa.


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