SALTA

Escudo Norte: El sistema de defensa que jamás defendió a nadie de las drogas

Los 400 millones de dólares peor gastados del país no atraparon ni un sólo gramo, provocaron dos accidentes y casi derriban una avioneta con pañales donados
domingo, 09 de junio de 2013 · 21:02
SALTA.- Si el Escudo Norte, con sus radares de 400 millones de dólares, protegiera a un guerrero espartano, sin duda lo apodarían “el manco”. A poco de cumplir dos años, de su instalación en la provincia de Santiago del Estero, su más exitosa intervención fue haber interceptado una avioneta colmada de... pañales, el 21 de septiembre del año pasado.

Si bien se dijo que el 6 de agosto de 2011 había interceptado un avión con marihuana, lo cierto es que un helicóptero de la Gendarmería Nacional estaba apostado en la zona y chocó con una avioneta que ingresó al país sin que el radar del Colador Norte se diera por enterado. Se enteró, pero tarde, cuando los Mirage llegaron a la zona, los narcos ya habían descargado la droga se habían ido a su casa y disfrutaban del hermoso espectáculo que dan los aviones de guerra en el aire.
 
Pero eso no es lo único que logró el exitoso accionar del Escudo, también estuvo al borde de provocar una de las peores tragedias aéreas de la historia santiagueña en febrero de este año, cuando uno de lo aviones de combates se precipitó a tierra. Pero cada uno de estos puntos merece un desarrollo propio.

En teoría, el Gobierno diseñó una estrategia inteligente que echa mano de todos los recursos de los que dispone el Estado para el combate de los vuelos narcos. Modernos radares militares, helicópteros, aviones y embarcaciones de los sistemas de Seguridad y Defensa puestos al servicio de la lucha contra el crimen organizado, nada de eso ha dado resultado y costó, según la información brindada por la mismísima ex Ministra de Seguridad, Nild Garré, 400 millones de dólares.

Para detectar a los narcos (y a cualquier otro avión que ingrese al país sin informar a las autoridades) se usan radares militares que permiten la identificación, el seguimiento y la captura de los mismos, a un alcance de 30 kilómetros, pero desde su instalación en la provincia de Santiago del Estero, cuatro avionetas han sido descubiertas en esa provincia, y ninguna de ellas fue detectada por los millonarios radares. Supuestamente, no sólo permiten descubrir intrusiones terrestres o desplazamientos sospechosos, sino que además pueden detectar vuelos a baja altura de hasta 1.400 metros. Pero las avionetas siguen ingresando al país, la Gendarmería ha logrado detectar cinco nuevas pistas clandestinas.

Hace poco menos de un mes la Dirección de Drogas Peligrosas de la Provincia detuvo a dos personas con GPS y mapas de vuelo. Dos días después, la Gendarmería incautó 420 kilogramos de marihuana que habían sido descargadas desde una avioneta narco. ¿Y el radar?... bien, gracias.

Los 400 millones que se invirtieron en los mecanismos de detección de avionetas ilegales no sirvieron para nada, hubo que desplegar 150 gendarmes y una suma similar de policías, poner en riesgo sus vidas, para encontrar las drogas.
 
Por qué no funciona el sistema

Los radares no sólo se instalaron en Santiago del Estero, también en Chaco y Formosa. La información de estos radares es transmitida a un centro de control único, ubicado en la localidad bonaerense de Merlo, y es automáticamente compartida por efectivos militares, Policía Federal, Gendarmería Nacional, Prefectura Naval y Policía de Seguridad Aeroportuaria.

Este operativo debía incrementar la capacidad de control aéreo, fluvial y terrestre de Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Formosa, Chaco, Misiones, Corrientes, La Rioja, Catamarca, Córdoba y Santa Fe, merced a una importante cantidad de recursos humanos y medios materiales para combatir delitos como el narcotráfico, la trata de personas y el contrabando. Pero la logística establece que la información que se detecta en el Norte, va hasta Buenos Aires, vuelve se comunica a las fuerzas de seguridad del lugar, los pilotos suben a los aviones, los gendarmes se apuran a llegar al lugar de aterrizaje y los narcos se han ido hace varias horas.

En el caso de Santiago del Estero, una de las provincias más afectadas por los vuelos ilegales, la Gendarmería y la Fuerza Aérea tienen sus sedes en la capital provincial y la mayoría de los vuelos ilegales han sido detectados en los departamentos de Copo y Pellegrini, en el límite con Salta, a poco más de 290 kilómetros de la capital provincial. Una avión Mirage demora desde la preparación del piloto y del avión hasta el lugar de descargas de drogas alrededor de una hora. Mientras que, según información brindada por calificadas fuentes de Gendarmería, los narcos demoran en aterrizar, descargar, trasladar la droga, reabastecer la avioneta y huir del lugar poco menos de 15 minutos.
 
Nadie se explica por qué motivos el Gobierno Nacional no ha dispuesto que las fuerzas de seguridad se desplieguen en el interior provincial, lo que sería mucho más lógico que mantenerlas a cientos de kilómetros de los lugares de conflicto.

La primera hipótesis es la más obvia, el absoluto desconocimiento sobre cuál es el problema y cómo solucionarlo. La segunda es la falta de interés. Sea cual fuere, el Escudo Norte ha sido absolutamente inútil, costó 400 millones de dólares y provocó gravísimos accidentes.
 
Cada vez que el Gobierno habla de un incremento en la cantidad de droga secuestrada no hace más que reconocer lo que para todos es obvio hace años: cada vez ingresa más droga al país.

Pudo haber sido una tragedia
 
Corría el día 15 de febrero del 2013, cuando las habituales maniobras de rutina que desarrolla el personal de la Fuerza Aérea Argentina que presta servicios en el Programa Escudo Norte estuvieron a punto de provocar el peor accidente aéreo de la historia de Santiago del Estero. Una de las máquinas que en esos momentos intentaba realizar un vuelo rasante por la pista principal del aeropuerto Comodoro Ángel Aragonés, ubicado en medio de dos populosos barrios santiagueños, entró en emergencia al detenerse su motor y minutos después cayó a tierra donde fue consumida por las llamas. Instantes antes, los dos pilotos que comandaban la nave se habían eyectado con lo que salvaron sus vidas.

Fue aproximadamente, a las diez de la mañana, cuando una aeronave A4-AR se precipitó sobre la pista del aeropuerto local. Desde algunos barrios aledaños al aeropuerto, narraron que escucharon una fuerte explosión y vieron cómo la nave se precipitaba a tierra mientras que los pilotos se eyectaban. Los efectivos de la Fuerza Aérea que se encontraban en el lugar acudieron al lugar del siniestro y auxiliaron a sus colegas, los que a los pocos minutos fueron retirados en ambulancias, mientras que las unidades de bomberos comenzaban a extinguir el fuego que, de todos modos, consumió por completo a la aeronave.

Los pilotos eran David Machado, Mayor de la Fuerza Aérea, y el Teniente Esteban Bossi, salvaron sus vidas de milagro, pero lo más milagroso de la acción de los miembros de la fuerza fue no haber estrellado la aeronave contra alguno de los barrios que albergan entre ambos más de 1.000 personas.  

Exitoso secuestro de pañales
 
Decir que los radares del Escudo Norte jamás atraparon un solo vuelo no registrado es una terrible injusticia. La Fuerza Aérea demostró la celeridad con la que puede interceptar una avioneta, sobre todo cuando se trata de la avioneta equivocada. El 21 de septiembre del año pasado, la primavera regalaba uno de los tantos días soleados cuando las alarmas en el centro de comando de radares empezaron a sonar.
 
Un vuelo no informado de una avioneta fue advertido por aviones Mirage pertenecientes al Escudo Norte, que la obligaron a descender en el aeroclub de la ciudad de Añatuya. Efectivos policiales de la Comisaria 41º y la Departamental 13, montaron un rápido operativo en el predio del Aeroclub Añatuya, a fin de indagar a los ocupantes de la avioneta sobre su destino y cargamento. En pocos minutos la tranquilidad del lugar, que se encuentra en las afueras de la ciudad, se vio convulsionada por una multitud de personas, que sorprendidas por la presencia los aviones Mirage, se acercaron a curiosear sobre lo que sucedía.

La avioneta doble turbina modelo LV-MHB, era piloteada por Jorge Ambrosini, quien informó a la policía que trasladaban un cargamento de pañales y leche, provenientes de Buenos Aires que tenían como destino Añatuya para luego dirigirse hacia la provincia de Salta. En el lugar se apersonaron también representantes de la fundación Haciendo Caminos, quienes eran los destinatarios de dicho cargamento, lo que favoreció la no detención del piloto y sus otros dos acompañantes. Luego de constatar la carga los efectivos policiales permitieron que los tripulantes de la avioneta puedan continuar con su estadía en la ciudad, pero con el compromiso de que informen de su salida hacia su próximo destino.

Quedó en materia de investigación la negligencia de haber volado sin informar, y por supuesto, la investigación de por qué el único vuelo detectado por los radares fue un vuelo solidario. Quedará como una gran anécdota para los pilotos el día en el que lograron interceptar una peligrosa avioneta colmada de pañales.

Fuente: Semanario El Intransigente
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