UNA INVESTIGACIÓN DEL DR. RICARDO FEDERICO MENA

"Las calles de Salta y sus nombres": 10 de Octubre

El Intransigente comenzó este especial que enorgullece a los salteños. Cada semana dos entregas para saber sobre aquellos que nos identifican
lunes, 27 de septiembre de 2010 · 00:20

 
                                                        10 DE OCTUBRE 


                                                    CALLE DE LA CIUDAD




No Puede hablarse del 10 de octubre, sin hacer una reseña de uno de sus principales protagonistas: el caudillo catamarqueño don Felipe Varela, Coronel de la nación. Nació en Huaycama, departamento de Valle Viejo, provincia de Catamarca probablemente el 11 de junio de 1821, siendo sus padres el caudillo federal Javier Varela y su madre María Isabel Ruarte o Rubiano.

Fue militar y hacendado, ya que poseía campos en Guandacol, provincia de La Rioja. Fue un acérrimo enemigo del tirano don Juan Manuel de Rosas en la década de 1840, por lo cual debió exiliarse en Chile, donde se incorporó al ejército de ese país. Ocupó luego, en la entonces Confederación Argentina, después de la caída de Rosas, el cargo de segundo jefe de la frontera en Río Cuarto.

Dentro de sus actividades militares, es de destacar que bajo las órdenes de Justo José de Urquiza, participó de la batalla de Pavón, en el año 1861, donde luego de la controvertida “derrota” de este General a manos del General Bartolomé Mitre, pasa a enrolarse en las filas del Chacho Peñaloza, en clara sublevación contra las autoridades nacionales.

La figura del Coronel Felipe Varela fue fuertemente controvertida, ya que para algunos investigadores, fue un patriota y último caudillo de montonera que se opuso tenazmente al mitrismo y a la guerra del Paraguay, ya que en su Manifiesto con el que proclamara esta oposición, fue considerado como una de las más claras expresiones del federalismo nacional. Para otros historiadores, enrolados en la corriente liberal, no pasó de ser considerado un salvaje sanguinario, dedicado al pillaje.

Fue nombrado por el General Peñaloza, Jefe de Policía de la ciudad de La Rioja, pero en el año 1863, procede a invadir la provincia de Catamarca. Combatió contra el famoso General Paunero, en los enfrentamientos de Las Playas y Lomas Blancas. Luego de que el General Peñaloza fuera asesinado en la localidad riojana de Olta, se refugió en la provincia de Entre Ríos, donde ocupó el cargo de edecán del gobernador Urquiza. Luego volvió a Chile, donde se puso en contacto con un grupo llamado La Unión Americana, que le hiciera comprender el proceso político en que estaba sumergida la Confederación.

Al regresar al país, liquidó sus posesiones de Guandacol para equipar un contingente de exiliados argentinos y de chilenos simpatizantes a esta causa. La ola de acontecimientos que se sucederían, comienza con la sublevación de las tropas mendocinas que debían partir a la guerra del Paraguay. Estaba comandada por el General Juan de Dios Videla.
 
Con el contingente de tropas que había equipado, más los reclutados de otras montoneras que habían quedado sin jefes, entró al país bajo el lema: “Federación o Muerte”. Otros caudillos se le unieron, tales como Santos Guayama, Sebastián Elizondo y Aurelio Salazar, llegando a integrar un ejército de 5.000 hombres.

Los acontecimientos históricos, y los enfrentamientos militares, exceden las páginas de esta columna periodística, por lo cual nos concentraremos en su actividad desarrollada en Salta, que era un engranaje más de su política de enfrentamientos al gobierno nacional.

Al acercarse a Salta, lo hizo por Molinos donde lo esperaba una fuerza de 700 hombres al mando del Coronel Pedro José Frías. La columna de 250 hombres al mando del Coronel Sebastián Elizondo, según el Dr. Atilio Cornejo, dispersó en la cuesta del Tacuil, a las fuerzas del Coronel Frías, a pesar de su mayor número. Una referencia válida, expuesta por el citado historiador Cornejo, es una carta de doña Gregoria Beeche de García fechada el 30 de agosto de 1867 a su hijo diciendo: (…) Hacen tres días que llegó chasque de don Peque (Pedro José) Frías, de Molinos, diciendo que Varela estaba a los quince días. Es demás el decirte, desde ese momento la confusión que hay en el pueblo. Ayer dispusieron que marchen 400 hombres a reunirse con don Peque. Ya están saliendo. Van muchos decentes, entre estos don Baldomero (Castro), Pancho Uriburu, Martín Torino, don Ángel y muchos más (…)

Varela prosiguió su marcha hacia Salta, y en la cuesta de Las Cuevas, se encontró con una fuerza enemiga de 500 hombres al mando del Coronel Francisco Centeno, a la que también derrotó. El día 9 llegó desde Cachi hasta las proximidades de nuestra ciudad, donde esperaba enfrentarse al enemigo. Sabemos que el día 10 de Octubre, mandó una comunicación al gobernador Ovejero, intimándole que entregara la plaza en el término de dos horas, garantizándole su persona, y la de todos los suyos, al tiempo que le prevenía, que de no contestar “lo haría responsable, ante Dios y la Patria, de los perjuicios consiguientes, y de la sangre que se derrame en los momentos del combate”. La respuesta recibida, fue que si él tenía soldados, el gobernador también los tenía, y cañones para defenderse. Varela entonces ordenó atacar la plaza “y, después de dos horas y media de vivísimo fuego, quedó definido el combate por los míos, quedando yo dueño del campo”. ( Ovejero- Leguizamón). Varela sabía que el General Navarro lo perseguía con una fuerza de 2.500 hombres, pero lo aguardó en el Campo de la Cruz. “Varela dice: “que no tenía un solo cartucho para quemar”. Navarro no atacó a Varela no obstante saber que sus hombres eran nada más que 400 o 500. Varela se llevó las seis piezas de artillería tomadas a Salta en aquel 10 de octubre de 1867, más algunas municiones y vestuarios. Luego emprendió la marcha hacia Jujuy, ciudad que tomó el día 13 de octubre del mismo año. La ciudad había sido abandonada por su gobernador Dr. Cosme Belaunde. Varela quería aprovisionarse de armamento para volver sobre Navarro, y luego sobre los Taboada. Luego de esto Varela siguió hasta Humahuaca para luego solicitar asilo en Tupiza-Bolivia-

Dice el Dr. Cornejo, transcribiendo a don Felipe Varela: “…Tal ha sido mi campaña, tales mis marchas en la guerra, que he hecho al tirano de mi patria, durante un año, combatiendo por los santos principios que dejo consignados en mi proclama…”. Pide “a la generosidad de los pueblos americanos, la severidad de su fallo sobre todos sus procedimientos … con la conciencia tranquila lo aguardo, porque jamás he obrado de mala fe, ni pesa sobre mi conciencia, nada de lo cual pueda arrepentirme…”
 
Felipe Varela actuaba protegido por los gobiernos de Bolivia y de Chile. En nota anterior acerca de Sixto Ovejero, consignamos que ya durante el gobierno de don José Benjamín Dávalos y de sus continuador el citado don Sixto Ovejero, cursaron notas de protesta al Cónsul de Bolivia Dr. Benjamín Dávalos y Avilés, como asimismo al Ministro de Relaciones Exteriores boliviano, protestando por esta ayuda. El Dr. Dávalos y Avilés contestó “que nada sabía acerca de esta ayuda”. El Dr. Dávalos y Avilés ya era ciudadano de esta provincia, por estar casado con doña Asunción Leguizamón y Cobo de Ugarteche. Desde Chile venía la ayuda, al haber apresado el Coronel Pedro José Frías a Eugenio Vázquez, que traía una carta de Varela para Latorre, confesando que Varela se encontraba en Antofagasta con una fuerza de cerca de 2.000 hombres. Se suceden numerosas acciones e intrigas, donde se nombran a personajes como Juan Saá y el General Melgarejo, Presidente de Bolivia.

Pero nos concentremos por razones de espacio, en lo actuado en esta ciudad de Salta: Varela penetró por Molinos, asolando lo que encontraba a su paso, especialmente las fincas de los Gómez y de los Isasmendi, en particular Colomé, perteneciente a doña Ascensión Isasmendi de Dávalos, recientemente viuda del ex gobernador don José Benjamín Dávalos; se vio obligada a refugiarse en la hacienda de su prima hermana en San Isidro-Campo Santo-; era su prima doña Hortensia Valdés Gorostiaga, casada con don Juan Fernández Cornejo. En Aguas Calientes robaron muchas cosas de la Iglesia. Una de las partidas de Varela encabezada por Santos Guayama, bajó a San Carlos y Cafayate. Allí degollaron a Dámaso Rodríguez y a Liborio Ochoa. El 8 de octubre las fuerzas de Varela entraron a Rosario de Lerma, con 900 a 1.000 soldados. Los oficiales al mando de esta tropa eran Santos Guayama, Elizondo, Corvalán, Chumba, Cáceres y otros, entre estos varios chilenos. Ese mismo día don Juan Martín Leguizamón, nombrado Jefe del Estado Mayor, dispuso la defensa de la plaza, construyendo barricadas y trincheras que llevaron el nombre de las 14 provincias. La tarde del 9 de octubre el Gobernador Ovejero recorrió a caballo las trincheras, para alentar con su presencia a los defensores. Se reunieron 255 armas de fuego, entre escopetas, fusiles y rifles y a falta de balas se fundió el plomo que pertenecía a la imprenta de los niños expósitos. La pólvora se fabricó en el Colegio Nacional, pero resultó de mala calidad.

Ese mismo 9 de octubre de 1867, Varela llegó a la ciudad practicando un reconocimiento de la plaza, y lanzándose al ataque, fue rechazado, retirándose por la noche, al Campo de la Cruz, hacia Vaqueros. Volvió el día 10 de octubre, enviando el ya comentado ultimátum y la respuesta de los 10 rifleros de Leguizamón. En esta acción Varela perdió 200 hombres entre muertos, heridos y prisioneros. De los defensores de la ciudad murieron don Baldomero Castro, don Natal Castro, D. Patricio Varela, D. Borja Avedaño y otros más. El Jefe del estado Mayor D. Juan Martín Leguizamón recomienda por su heroísmo al Comandante de Artillería D. Francisco Host, y al Gral. Manuel Puch. El Jefe de la Plaza Gral. Nicanor Flores así lo confirma. Los primeros combates se libraron al norte de la plaza principal, especialmente en casa de la señora Candelaria Viola de Ortiz. La tropa de Varela durante una hora, saqueó las iglesias y las casas de familia. Las mujeres refugiadas en los templos, fueron echadas a sablazos, y las tiendas saqueadas. El Gobernador Ovejero, don Manuel Puch y muchos vecinos se refugiaron en el templo de San Francisco. Los sacerdotes fueron vilmente apaleados tratando de hacerles confesar el paradero de los refugiados, lo que no lograron. Las casas de comercio de los vecinos principales fueron arrasadas. También degollaron a personas indefensas y hacharon al anciano Juan Motta en un altar de la Iglesia de San Francisco. También arrearon haciendas y caballadas y cuanto botín encontraron en su camino.

Se suceden luego movimientos militares, al mando del Coronel Martín U. Cornejo y el General Octaviano Navarro en el centro de esta ciudad que eximimos de comentar debido a razones de espacio.

A mediados de diciembre de 1868 Varela vuelve a invadir Salta, dirigiéndose desde Antofagasta por el Altiplano, hacia Pastos Grandes para caer sobre la ciudad de Salta. El gobierno de la provincia, movilizó a la Guardia Nacional, destacando al Teniente Coronel D. Delfín Leguizamón en Luracatao con 180 hombres (el archivo Leguizamón dice 400 hombres), y el Mayor Juan Solá con 700 hombres en Pucará, departamento de Rosario de Lerma, mientras el Gobernador Ovejero, partió al mando de 600 hombres al pueblo de Molinos. Luego de ello entra en el juego de la guerra, desde Tucumán, el Mayor Julio Argentino Roca. Luego después de algunos acontecimientos guerreros, un encuentro en Cabecera de las Salinas, provoca la completa derrota de Varela que logra escapar con 30 hombres hacia Antofagasta.

El Teniente Coronel Leguizamón, desde su campamento de Ruparca, el 14 de enero de 1869, da parte al Jefe de las fuerzas movilizadas de la Provincia, Tnte. Coronel Julio A. Roca, de la derrota de Varela. Termina felicitando a Roca, a la Provincia y a la Nación por el triunfo alcanzado en las Salinas, por una división a su mando. Dice en una parte: “la Montonera ha terminado”. A su vez Roca, desde Molinos comunica al Ministro de Guerra y Marina de la Nación la eficacia de las decisiones de don Delfín Leguizamón y la eficaz cooperación prestada por los propietarios de esos departamentos y principalmente por los señores Dr. Benjamín Zorrilla, D. Calixto Linares y D. Ricardo Isasmendi.

Inmortalizaron este acontecimiento la zamba de don José Ríos: La Felipe Varela que dice en una parte:
 
“Galopa en el horizonte/ tras muerte y polvaderal/ porque Felipe Varela/matando viene y se va.

Por otra parte las cuartetas de don Alfonso Carrizo, dicen: “De Chile llegó Varela/y vino a su patria hermosa/Aquí ha de morir peleando/por el Chacho Peñaloza”.
 
La resistencia de Salta y el valor de sus habitantes fueron memorables, y merece una permanente recordación.


Dr. Ricardo Federico Mena
para El Intransigente



Currículum abreviado

El Dr. Mena- Martínez Castro es odontólogo y ha escrito dentro de su profesión diversos trabajos de investigación clínica, como asimismo acerca de variadas materias: Historia, Genealogía, Poesía, Novela, Teatro y Cuento. Pertenece a distintas instituciones académicas de la región y de Buenos Aires, entre ellas Centro de Estudios Históricos y Genealógicos Gens Nostra de Buenos Aires, Miembro correspondiente del Centro de Estudios Genealógicos de Tucumán, Miembro Fundador del Centro de Investigaciones Genealógicos de la Provincia de Salta, etc. Es autor de importantes trabajos dentro del cancionero popular. Ha recibido numerosos premios provinciales y nacionales en su quehacer. Colabora con en su columna “Las Calles de Salta y sus Nombres”.









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