POR RICARDO FEDERICO MENA

Dr. Victorino de la Plaza Presidente de la República (1914 -1916)

La presidencia de Victorino de la Plaza constituyó la articulación de la antigua sociedad patriarcal, con la naciente sociedad de masas
lunes, 18 de mayo de 2015 · 13:12

DR. VICTORINO DE LA PLAZA

 

 

 

PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA (1914-1916)

 

 

Respecto a su origen familiar, Gustavo Gabriel Levene manifiesta en su trabajo de Historia Argentina, acerca de los presidentes que dirigieron los destinos de la patria, el concepto de un doctor Victorino de la Plaza viniendo de una infancia dura, pues su padre don José Mariano Roque de la Plaza, fue un modesto agricultor del pueblo de Cachi, en el valle de Lerma. Reproduce una historia inexacta donde presenta al niño Victorino como vendedor de dulces o de primigenio canillita, voceando los periódicos salteños de la época. Si esto hubiera sido realidad, contribuiría grandemente a enaltecer su figura, pues un hombre que puede vencer las ingratitudes de la vida, con la solvencia que, supuestamente este joven lo hiciera en su momento, merece el mayor de los respetos y la consideración de su pueblo. No se descarta que hubiera contribuido- no como indigente-al sostenimiento de un hogar sin padre, pues las viudas a pesar de pertenecer a grupos sociales de prestigio, al quedar solas, se ayudaban con las manufacturas de su elaboración.

Lo cierto es que su padre fue don José Mariano Roque Plaza y Elejalde, y según las investigaciones de don Leandro Plaza Navamuel, expuestas en su libro "Los de Lea y Plaza”, su señorío se extiende no solamente por el valle calchaquí, sino también por las distintas latitudes de nuestra geografía. Don José Mariano Roque, quizá no haya tenido la solvencia económica de sus parientes más próximos, pero Plaza Navamuel, nos dice: "basta con leer su testamento para advertir su condición económica: fue dueño de varios inmuebles en la ciudad de Salta y de la finca "El Remate” en la provincia de Jujuy, más precisamente en el departamento de Tilcara, donde se dedicaba a la cría de ganado vacuno y caballar”. Solamente estos datos son suficientes para echar por tierra, la especie de su condición de muy humilde. Don Victorino era nieto del Coronel de caballería don Manuel Ubaldo de Lea y Plaza y Ríos. Fue su madre doña María Manuela Palacios, firmando ella, indistintamente como Palacios o de la Silva, entroncada según el historiador Atilio Cornejo, y citado por Plaza Navamuel, con distinguidas familias como Frías y de la Silva, héroes de la emancipación. Fueron sus hermanos, don Pastor Plaza y Ceballos y don Rafael Plaza y Palacios.

Creemos justo exponer en estas líneas, la consideración de personalidades nacionales como la de don Jorge A. Mitre citado por (LPN):

 

"Estuvo al servicio de la patria, desde sus primeros días, y se mostró por encima de las pasiones y de los partidos, con humildad democrática, en las altas posiciones y sin otra mira y fervor, que la prosperidad y grandeza. Álzase su obra como columnas fundadas en espíritu de un monumento ausente, hasta que una posteridad lo erija, apta para apreciarlo, reconocerlo y rendirle tributo”.

Jorge A. Mitre

Es también necesario para redondear su historia, una carta dirigida a doña María Manuela de la Silva firmada por don Justo José de Urquiza, diciendo:

 

"He tenido el gusto de recibir la apreciable carta de usted del 4 de enero último, solicitándome una beca para su hijo Victorino de la Plaza en el Colegio Nacional del Uruguay. Satisfaciendo los deseos que usted me expresa, he pasado ya la orden respectiva al Director de aquel establecimiento y, por consiguiente, Ud. puede, cundo quiera enviar a su hijo. Con este motivo, me ofrezco de usted atento y seguro servidor”.

Don Victorino, nació en el pueblo de Cachi de esta provincia el 2 de noviembre de 1840, siendo el primer hijo del matrimonio de don José Mariano Roque Plaza y de doña María Manuela de la Silva y Palacios. Uno de sus hermanos, Rafael, llegó a ser Gobernador de Santiago del Estero.

Sus primeros estudios los realizó en La Escuela de la Patria, estatal y gratuita. Pasó luego al Colegio Franciscano, para después ingresar como ya lo consignáramos al Colegio Nacional de Concepción del Uruguay.

El investigador Leandro Plaza relata en su libro "Los de Lea y Plaza-Señorío y tradición del Valle Calchaquí salteño”, "que al morir don José Mariano en su testamento, deja en herencia a su mujer e hijos, la finca "El Remate situada en Tilcara, con "abundante ganado vacuno y caballar” "La casa donde vivieron sus padres, aún existe en Caseros 267.(…) La fachada de esta casa situada detrás de la Iglesia de San Francisco., aparenta ser original, es decir es una buena referencia sobre la situación económica de los padres de Victorino. (…) y puede de tal manera afirmarse que, si bien no estaban rodeados de fortuna, está muy lejos aquello, que conformaban una familia de baja condición social, sumergida en un estado cercano a la indigencia.(…) De la misma forma, el asunto de la extrema pobreza de la niñez de Victorino, aparece al menos como una exageración … (…) Es oportuno considerar también que el abuelo paterno, el Coronel don Manuel Waldo Plaza, había muerto tres años antes del nacimiento de Victorino, y que casi enseguida los bienes de sus herederos inmediatos fueron confiscados debido a las guerras civiles de esos tiempos. (…) No bien Victorino logró recursos suficientes de subsistencia, llevó a su madre a Buenos Aires, con quien vivió hasta que murió en 1887. (…)”

 

Siguiendo su ascendente carrera, consignaremos que, en esta provincia, ingresó el estudio de don Mariano Zorreguieta, a fin de trabajar como escribano y procurador, para luego de aprobar un examen ante el Supremo Tribunal de Justicia, conseguir el título de Notario en el año 1859.

Durante su paso por Concepción del Uruguay trabó amistades importantes, como por ejemplo la de Julio Argentino Roca-fue el único que le tuteaba-, y precisamente en esa ciudad obtiene la habilitación como Escribano de Juzgado. No solamente trabajaba en estos menesteres, sino que se dio tiempo para lograr un profundo conocimiento del latín y del inglés.

En 1862, concluyó sus estudios secundarios y en 1863 viajó a Buenos Aires para comenzar cursos de filosofía. En esa ciudad se alojó en casa de don Eduardo Lahitte, trabajando también en su estudio jurídico. Estando en aquella residencia tuvo la oportunidad de enseñar latín al nieto de su dueño que, a la postre, resultó ser nada menos que don Roque Sáenz Peña.

En el año 1864, Bartolomé Mitre, lo designa escribiente de la Contaduría General de la Nación, dejando este cargo para enrolarse en calidad de voluntario durante la Guerra de la Triple Alianza. Actuó en ella, como Ayudante del General Julio de Vedia, siendo nombrado por Mitre en el parte de guerra, luego de la batalla de Tuyutí. Conoció allí a Dominguito, y describió el gran pesar que su muerte había causado en Sarmiento. Luchó en las batallas de Estero Bellaco el 2 de mayo de 1866 y en la antedicha Tuyutí el 24 del mismo mes y año. Consecuentemente, Mitre lo ascendió al grado de Capitán, habiendo logrando en esta corta carrera militar, los galardones: "Sol de Plata” otorgado por el gobierno uruguayo y "Los Cordones de Honor” por nuestro país.

 

Regresado a Buenos Aires por razones de salud, inicia sus estudios en el Departamento de Jurisprudencia, recibiéndose de abogado, junto a Carlos Pellegrini y a Quirno Costa. En 1868 presentaba su tesis doctoral, con el estudio "El Crédito como Capital”, siendo su padrino de tesis nada menos que don Dalmacio Vélez Sarsfield. De la Plaza trabajaba como escribiente en el estudio de este renombrado jurisconsulto, mientras aquel redactaba su famoso código civil. Colaboró poniendo para ello su letra inconfundible, sus profundos conocimientos del latín, y el manejo certero de las fuentes documentales de información. Al presentar su tesis doctoral, dedica este logro a su madre, en agradecimiento a la abnegación y sacrificio con que había sostenido la familia.

Fue Domingo Faustino Sarmiento quien lo impulsara a importantes destinos dentro de su siempre ascendente carrera jurídica, pues le nombra en primer término profesor de Filosofía en el Colegio Nacional. Posteriormente le encarga la revisión del Código Civil en Nueva York, el proyecto de Juicio por Jurados, y la ley de enjuiciamiento penal. Para entonces ya se había convertido en uno de los más renombrados abogados del foro porteño. Se desempeñó durante dos años en la Procuración del Tesoro de la Nación, reemplazando a don José Evaristo Uriburu, quien ulteriormente pasaría a desempeñar el cargo de Presidente del país.

Fue también Ministro de Hacienda, nombrado por Nicolás Avellaneda, poniendo orden a este Ministerio. Renunció al cargo para ocupar el de Justicia e Instrucción Pública, por un corto período de tiempo, pues en 1879 es nuevamente convocado a para ocupar su anterior cartera. Logró en esta oportunidad reducir el déficit presupuestario del 35% al 14%, en una gestión que pudo considerarse brillante. En 1880 es elegido diputado nacional por la provincia de Salta, apoyando a don Nicolás Avellaneda, desde su cargo de Presidente de la Comisión de Hacienda, durante la grave crisis financiera de 1880. También prestó su apoyo, votando por la federalización de la ciudad de Buenos Aires y por la unificación de la moneda en todo el país. De esta manera logró el antecedente de una segura estructuración del sistema financiero.

 

 

 

 

En el año 1882 se convierte en estanciero, al comprar amparado por una ley, 48.000 hectáreas en la provincia de Buenos Aires, siendo nombrado en el mismo año Ministro de Relaciones Exteriores y Culto. En 1885 se embarca hacia Francia para luego pasar a Inglaterra, donde tuvo el honor de ser el primer sudamericano en inscribirse como abogado en el foro local. Regresa definitivamente al país en el año 1902.

Al asumir Carlos Pellegrini la presidencia nacional, le encomienda tareas donde la idoneidad y la pericia le permitieron lograr triunfos significativos en materia financiera. En 1908, el Presidente José Figueroa Alcorta le nombra nuevamente Canciller. En 1910 es elegido ya con setenta años de edad, para ocupar el cargo de Vicepresidente de la Nación, acompañando en esta circunstancia a su ex aluno de latín, don Roque Sáenz Peña.

Debido precisamente a la enfermedad de don Roque, le sucede en la Presidencia, aquel año de 1914, anticipando su doctrina de neutralidad en la conflagración que hizo temblar al mundo: La Primera Guerra Mundial. Durante su ejercicio presidencial propuso entre otras múltiples medidas, la creación de la flota mercante, numerosas leyes en favor de los humildes, sin olvidar naturalmente la conquista del descanso dominical. Es de mencionar que, entre esas leyes, fueron de su inspiración las siguientes: la inembargabilidad de los sueldos, la creación de la Caja Nacional de Ahorro Postal, la Caja de Jubilaciones ferroviarias, la ley de Casas Baratas, y la famosa ley 9688 de accidentes de trabajo en el año 1915, modificando sustancialmente el régimen de aquel momento, apuntando a la responsabilidad del empleador en estos asuntos, entre otras también importantes.

La presidencia de Victorino de la Plaza constituyó la articulación de la antigua sociedad patriarcal, con la naciente sociedad de masas, que quedaría demostrada a partir de 1916 con la implementación de la nueva ley de elecciones presidenciales. En ese año y ya próximas las elecciones para una nueva presidencia, Victorino fue requerido por las fuerzas conservadoras a fin de darles el calor oficial, y en tal oportunidad reiteró su decisión de no comprometer en luchas de partido su alta investidura. Fue esta actitud un importante factor para el proceso democrático, y el consiguiente triunfo de don Hipólito Yrigoyen. Luego de terminada sus funciones, este grande hombre, se refugió en los avatares de la vida privada.

 

En 1919, es invitado por la Universidad de Córdoba a disertar en homenaje a Dalmacio Vélez Sarsfield con motivo del cincuentenario del Código Civil, enfermándose en la ocasión, de una severa afección gripal que le llevó a la muerte, un fatídico 2 de octubre del mismo año. Moría un grande, un estudioso político, integrante de la famosa generación del 80, generación que le diera un despegue sin precedentes a la República.

Casó el 20 de mayo de 1870 con la señorita Elcida Belvis, de quien no tuvo descendencia. En su testamento la porción hereditaria correspondiente a su mujer, es otorgada a la señora Lucía Castellanos de Belvis, madre de doña Elcida. (Elcida era el sobrenombre íntimo de su esposa Ercilia).

 

 Por Dr. Ricardo Federico Mena