MEDIO AMBIENTE

¿Por qué lograron recuperar el Río Támesis y no el Riachuelo?

Buenos Aires tiene un río interno y una costa propia como las principales capitales del mundo, pero todo contaminado.
lunes, 21 de enero de 2019 · 12:17

Hace 40 años atrás la ciudad de Buenos Aires, de un día para el otro, decretaba la prohibición total de ingresar y bañarse en las aguas del Río de la Plata que, hasta ese entonces, aunque uno hoy no logre creerlo, teníamos una ciudad costera, como en Montevideo o en muchas capitales del mundo que en plena urbe gozan de una gran playa de cara al río o al mar.

Buenos Aires lo disfrutó mucho tiempo, hasta que la contaminación arrancó el sueño de vivir en una ciudad costera para siempre. Pero, ¿es para siempre?

A contramano, cruzando el Atlántico, el Río Támesis fue rescatado literalmente de la muerte.

El ejemplo londinense

En 1957, el Museo de Historia natural declaró al Támesis biológicamente muerto. Las noticias de la época lo describen como una cloaca enorme y maloliente. "Se trata de un drenaje mal manejado", lo calificó el diario Manchester Guardian, en 1959. "No hay oxígeno a lo largo de varios kilómetros antes y después del Puente de Londres".

Los bombardeos de la Guerra habían destruido parte del sistema de cloacas victoriano que había mantenido al río limpio hasta entonces. Y la Gran Bretaña de la posguerra no tenía los recursos –o, al parecer, la energía- de resolver el problema en forma expedita. Otro artículo del Guardian de 1959 cita a un integrante de la Cámara de los Lores diciendo que purificar el río era innecesario: los ríos, decía, eran "canales naturales para la deposición de desperdicios", y dejarlos hacerse cargo del desecho orgánico les daba "algo que hacer".

Pero aunque las bacterias de los ríos descomponen las aguas residuales, para hacerlo consume oxígeno, con lo que potencialmente no le dejan nada a otras formas de vida.

Lenta recuperación

Fue solo a partir de los años 60, cuando el sistema de drenaje de Londres mejoró de la mano de la mayor recuperación del país después de la guerra, que el río comenzó a respirar otra vez. Otros factores jugaron un papel en la limpieza. En los años 70 y 80, como parte de una mayor conciencia ambiental, se incrementó la preocupación por los pesticidas y fertilizantes que caían a los ríos con la lluvia.

Como consecuencia se implementaron controles más estrictos, dice Chris Coode, subjefe ejecutivo de Thames21, una organización no gubernamental dedicada al mejoramiento de las vías acuáticas de Londres. Otras tendencias son más complejas. Por ejemplo, la polución de metales tóxicos en el río ha caído desde comienzos del nuevo siglo, de acuerdo con David Morrit, experto en ecología acuática del Royal Holloway, un instituto de la Universidad de Londres en Egham, sur de Inglaterra.

Cualquiera sea la razón, el resultado ha sido claro: volvieron los peces. Ahora hay 125 especies de peces en el Támesis, un incremento significativo de los casi ninguno que existían en los años 50, detalla un informe de BBC Mundo. Los peces, a su vez, alimentan a los mamíferos marinos, incluidas las focas. Mientras que la atención del público tiende a estar en las juguetonas focas y marsopas –lo que los conservacionistas llaman la "carismática megafauna"-, Coode está más emocionado por el regreso de una especie mucho menos fotogénica: la lamprea marina. "Son criaturas antiguas, desdentadas, con forma de anguila, que se prenden de los costados de peces grandes y chupan sus jugos", dice, con genuino entusiasmo. "Son muy sensibles a la contaminación".

Pero mientras que algunas amenazadas se han aplacado, otras han emergido. "El Támesis está definitivamente más limpio de lo que estaba", dice Morrit. "Pero hay un nuevo elemento en la ecuación: el plástico". En 2015, un estudio del Royal Holloway encontró que tanto como el 70% de las sollas rojas (un tipo de pez de río) del Támesis tenían pedazos de plástico en las agallas. Ahora, el reto es otro, pero el río está recuperado.

Más de 2.000 focas han sido avistadas en el Támesis durante la década pasada, según una investigación de la Zoological Society de Londres que se extendió de 2004 a 2014 y fue publicada en agosto de 2015. También cientos de marsopas y delfines, y hasta la ocasional ballena perdida.

Volviendo a Buenos Aires, la ciencia asegura que recuperar la costa de Buenos Aires no es imposible. Es difícil, pero se lo puede lograr. La cuestión, seguramente, sea otra.

Mientras tanto, el Támesis es vida. El Riachuelo, muerte.

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