IN MEMORIAN

Falleció Tomás Vallee Meyer Pellegrini, destacada figura de la sociedad argentina

Murió un hombre de una personalidad notable, en la cual se mantenían con la vigencia de su memoria los resabios de aquella Argentina esplendente que se formó de la mano de su antepasado el Dr. Carlos Pellegrini
lunes, 11 de febrero de 2019 · 12:20

La desaparición física de Tomás Vallee Meyer Pellegrini nos priva de una personalidad exuberante, calificada y notable en la cual se mantenían con la vigencia de su memoria los resabios de aquella Argentina esplendente que se formó de la mano de su meritorio antepasado el Dr. Carlos Pellegrini; notable estadista, fundador del Jockey Club, del Banco de la Nación y el Presidente de la Nación que dio impulso a ese país que para el Centenario se contaba entre las primeras naciones del mundo. 

La talla de esa prosapia marcó la dimensión de la personalidad de Tomás, que transcurrió el siglo de las grandes transformaciones sociales y políticas que se iniciaron con Hipólito Yrigoyen y alcanzaron a nuestros días. Una centenaria personalidad que desbordó siempre su talla de gentil  formado en las augustas tradiciones,  en el conocimiento universal y en su amor a la tierra de sus mayores. 

Perteneció a esa estirpe que trazó los rasgos fenotípicos de aquella Argentina que alternaba con la Europa más clásica y que dejó en herencia un modo de ser perpetuado en la fisonomía de aquella Buenos Aires que destelló como una de las grandes capitales del mundo. No era para menos, sus padres, el General Tomás Vallée Cavanagh y María Meyer Pellegrini atesoraban en sus genes la impronta de esa generación que se destacó por sus aspiraciones mayores y que sus sobrinos nietos Sergio y Matías Etchart añoran. 

Fue el “hombre que está solo y espera”, según la clásica definición de Scalabrini Ortiz, macerando en su memoria privilegiada los resultados de esas metamorfosis vertiginosas que afectaron a la sociedad y que sabía transmitir en la forma de apasionantes relatos a quienes tuvieron la dicha de compartir con él.

Su hogar, en el petit hotel de Ayacucho 1571 construido en 1913, en tiempos de aquella Buenos Aires “Boutique” se convirtió en un verdadero alhajero que custodiaba valiosos recuerdos de otras épocas de familia, donde Tomás atrapaba el tiempo en libros y manuscritos que hoy adquieren relevancia histórica.  

Fue el caballero de los aristocráticos salones donde supo pasear su don de gente y alternar con personalidades de la cultura, de la política y de las ciencias algunas de las cuales llegaron a formar parte de su círculo de amigos.  Abogado,  investigador, autodidacta en todos los temas de interés y hombre de letras pudo hacer verdad aquella sentencia de Terencio: “Soy humano, y nada de lo humano me es desconocido”. 

Continuador de esa tradición de apego a la tierra fue productor agropecuario y formador de instituciones culturales y patrióticas desde las cuales buscó perpetuar la continuidad del legado que la historia familiar y su vocación le imponían. 

Hoy la sociedad argentina despide a un hombre ejemplar, distinto y diverso, polifacético y se puede afirmar que con la partida de Tomás Vallee Meyer Pellegrini se cierra un capítulo irrepetible, como únicas son esas personalidades que marcan una época. En realidad, Tomás fue en sí mismo una época, aquella que representó el esplendor argentino. 

Bien le caben frente a su intenso hacer en la hora póstuma aquellas palabras del responso: “Descansa en paz porque sus obras lo acompañan”.

Federico Mena Saravia (director de El Intransigente Media Co), Ana Vallejo, sus hijos María Eloísa, Wenceslao y Juana hacen presente la cercanía de su afecto en estos momentos de dolor, uniendo su oración por el descanso de Tomás Vallee Meyer Pellegrini, al que se suman Guillermo Leguizamón Mayol y familia. 

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