SALUD

ACV: la disfagia no diagnosticada puede despertar nuevas enfermedades

Entre las que se encuentran la neumonía, en un 50% y riesgo de muerte en un 37%.
viernes, 08 de marzo de 2019 · 15:37

La disfagia es la dificultad para tragar y afecta al 50% de los pacientes que sufrieron un accidente cerebro vascular (ACV). Y si bien, la mayoría recupera la función de la deglución tras 7 días, entre un 11 a 13 % sigue presentando disfagia a los 6 meses.

Es importante resaltar que la disfagia y el déficit nutricional tras un ACV, aumentan un 50 % el riesgo de neumonía y un 37 % el de muerte, por eso es tan importante tomar medidas preventivas a tiempo, y teniendo en cuenta que las primeras 24 horas posteriores a un ACV, son fundamentales para la evolución del paciente.

Una vez atendido el paciente después de sufrir un ACV, los expertos remarcan que el siguiente paso debe incluir la evaluación del estado nutricional, definir el tipo de alimentación que recibirá en el corto y largo plazo de acuerdo a las potenciales secuelas que haya sufrido, como trastornos deglutorios, dificultades motoras y del habla.

"A nivel internacional, la evaluación deglutoria y la nutricional son un criterio de calidad en la atención. De hecho, recientemente se redactó en nuestro país un Consenso entre profesionales de distintas especialidades (Medicina Física y Rehabilitación, Neurología, Terapia Intensiva, Nutrición, Kinesiología y Fonoaudiología) para establecer las recomendaciones para el manejo de estos cuadros, algo que no existía. Los pacientes a los que se les asegura un buen estado nutricional tendrán más chances de realizar una rehabilitación funcional y volver al estado previo al ACV", afirmó María Cristina Zurru, jefa del Área de Enfermedad Cerebrovascular del Hospital Italiano de Buenos Aires.

El Consenso es el primero que existe en el país. Además, es una herramienta muy valiosa que permite estandarizar la metodología de evaluación e intervención nutricional y reforzar la importancia de la valoración nutricional de cada paciente que tiene un ACV.

"La desnutrición luego de un ACV depende mucho de la situación previa del paciente. El ACV es más frecuente en población añosa, aumenta tanto su incidencia como su prevalencia por arriba de los 50 años y cada 10 años de vida se duplican esos valores. Además, algunos de estos pacientes presentan otras comorbilidades o circunstancias clínicas que pueden favorecer a que no presenten un estado nutricional adecuado, sea por problemas vasculares previos, enfermedades degenerativas que puedan predisponerlo o porque presenten un compromiso cognitivo que los lleva a una alimentación inadecuada", señaló Zurru.

En el país, existe un solo estudio de prevalencia que reporta una tasa de 868 casos cada 100.000 habitantes y cuando se ajusta por edad a la población mundial es de 473 cada 100.000.

De acuerdo con datos del Ministerio de Salud y Desarrollo Social de la Nación, el ACV constituye la segunda o tercera causa de muerte en función de la región y el grupo etario considerado.

"Entre las principales recomendaciones para la atención nutricional de pacientes institucionalizados y/o con deterioro cognitivo, se sugiere registrar la ingesta de alimentos y de líquidos, documentándola durante un mínimo de 3 días, aunque lo ideal es que se realice un registro semanal. En pacientes ambulatorios, se recomienda la educación de familiares y personas que asisten al paciente en cuanto a la detección de cambios del estado de alerta o en la conducta y actitud alimentarias", refirió Miriam Weinberg, presidente de la Sociedad Argentina de Medicina Física y Rehabilitación.

Las recomendaciones básicas surgidas a partir del consenso interdisciplinario son:
En cualquiera de las etapas de progresión de la dieta hay que verificar que la persona se encuentre alerta, con capacidad de responder a órdenes sencillas y sea supervisada durante la alimentación. Para el proceso de alimentación se sugiere:

a) Mantener al paciente sentado con la espalda en contacto con el respaldo de la silla y los pies apoyados en el suelo con el tronco lo más cercano posible a los 90 grados.

b) Si la persona está en cama, elevarle la cabecera a 60 grados, con la cabeza ligeramente flexionada durante la deglución, evitando la hiperextensión del cuello.

c) Evitar distracciones al paciente durante la comida.

d) Asegurar la fijación de la prótesis dental antes de la ingesta.

e) Anticipar con palabras lo que va a comer y mostrar el contenido.

f) Ofrecer información sobre el alimento, incluso acercándole el plato para favorecer el olfato.

g) Asegurarse que la boca está vacía antes de introducir otra cucharada.

h) Seguir rutinas fijas en cuanto a horario, lugar y utensilios.

i) Luego de la ingesta, mantenerse erguido o sentado durante al menos 30 minutos, para minimizar el riesgo de aspiración o reflujo.