LA GRAN ESTAFA

Fyre: el lujoso festival de influencers que terminó en la peor estafa

Netflix narra la historia detrás del peor fiasco de los últimos años, con consecuencias legales.
jueves, 24 de enero de 2019 · 08:06

El "Fyre" fue el festival más comentado de 2017, pero no porque nadie se lo pasara bien en él sino todo lo contrario: porque todo fue una pesadilla. Así lo reproduce un informe de la BBC Mundo sobre la gran fiesta de los influencers que terminó en el peor fiasco.

Publicitado por figuras tan famosas como las modelos Bella Hadid o Haily Baldwin, el festival fue anunciado como una glamurosa fiesta en una isla desierta de Bahamas. Las entradas costaban hasta US$100.000 y a los invitados se les prometió alojamientos de lujo y lo mejor "en comida, arte, música y aventura".

Pero todos acabaron topándose con tiendas pensadas para emergencias, colchones tirados en el suelo y empapados por la lluvia, pequeños sándwiches con un trozo de queso o su equipaje tirado en un aparcamiento, a oscuras. Su promotor, el joven empresario Billy McFarland, fue condenado a seis años de prisión por fraude.

Y ahora dos documentales, uno producido por Netflix y otro por Hulu, ahondan en cómo se produjo la estafa y las razones detrás de ésta, a través de entrevistas a organizadores y participantes, profesionales externos del sector o víctimas. Ambos proyectos tienen algo que el otro no tiene, y comparten críticas y ataques de sus responsables.

Hulu ofrece una entrevista exclusiva con McFarland antes de que entrara en prisión; una oportunidad que el director del de Netflix asegura que tuvieron gracias a que le pagaron y que desde Hulu confirmaron, sin dar la cifra exacta, detalla BBC Mundo.

El proyecto de Netflix, por su parte, es considerado tendencioso por los promotores de Hulu porque, apuntan, está coproducido por la misma agencia de publicidad que fue contratada para promocionar el festival, Jerry Media.

Un joven emprendedor

La historia del festival es la del propio emprendedor que lo lidera, Bill McFarland, un veinteañero conocido antes del festival por otras iniciativas como Magnises, una tarjeta de crédito para eventos que acabó también siendo una estafa. Por una cuota anual de US$250, los usuarios de la tarjeta podrían acceder con descuentos a una serie de eventos y fiestas exclusivas en su ciudad, pero en muchos de los casos nunca se llegaron a producir. Tras esa iniciativa, se creó "Fyre", para lo que contó con la ayuda del rapero neoyorquino Ja Rule.

Con el apoyo del cantante, McFarland convenció a productores, influencers, publicistas, inversores e incluso trabajadores locales de las Bahamas para montar un supuesto festival lujoso, sin tener experiencia en esta tarea y sin que su iniciativa fuera viable la mayoría de ocasiones, según refleja la producción de Netlix.

La justicia estadounidense concluyó que "falseó" las cuentas de su empresa, Fyre Media Inc, para ganar la confianza de inversores, asegurando que la compañía facturaba millones cuando en realidad la cifra era menos de US$60.000.

En un principio, el rapero Ja Rule fue presentado como el coorganizador del evento, pero no fue ni arrestado ni acusado por el fraude. Sus abogados argumentaron que McFarland utilizó su nombre y sus contactos para promoción.

El festival costó a los inversores, incluido Ja Rule, alrededor de US$26 millones, casi la misma cantidad que el juez ordenó a McFarland que devolviera. En la entrevista con Hulu, McFarland desvincula su situación legal del festival e insiste en que no incumplieron ninguna ley con "la organización del festival".

¿Un desastre anunciado?

Seth Crossno, un bloguero y productor de podcast, y tres amigos de éste se gastaron US$45.000 en sus entradas, viajes y alojamientos de lujo en el festival. Pero cuando llegaron, se encontraron con que las instalaciones eran prácticamente como las de una obra en construcción.

"Había aún trabajadores y enormes camiones por todas partes", explicó Crossno en el programa de radio de la BBC, Radio 1 Newsbeat. "Publiqué en Twitter una fotografía de un cuaderno con la planificación (del evento) que encontramos en el suelo y es desternillante", relata. "Hay una lista de las cosas que los organizadores querían pedir y eran cosas como 6.000 Skittles (marca de dulces) y 9.000 piruletas brillantes. ¿Había alguien que se pusiera a pensar en cómo organizar de verdad el festival?".

Seth, que publica en su blog bajo el nombre de William Needham Finley IV, retransmitió su experiencia en vivo en Twitter y sus videos registraron millones de visualizaciones. Pese a que Fyre fue promovido como una fiesta exclusiva para influencers adinerados de Instagram, Seth asegura que había más gente "normal" en el evento que modelos famosas.

"Todos asumieron que cualquiera que estaba ahí era un influencer rico, que había sido trasladado en avión y esperaba una vida de lujo, pero que se había topado con la realidad", explica Seth. "Algunas de las personas con las que hablé se gastaron US$500 en entradas y eran sus vacaciones de primavera, su descanso de la universidad. Pensaron que sería un viaje genial".

Publicidad engañosa

Pese a que el caos del festival fue relatado en su mayoría en Twitter, los documentales descubren parte de lo que ocurrió entre bambalinas en la isla de Gran Exuma, en las Bahamas. El relato describe a un grupo de personas, lideradas por McFarland, que venden un festival con todo tipo de lujos sin tener asegurada ni siquiera su ubicación ni saber cómo lo van a montar o si es si quiera factible ofrecer lo que ya se ha vendido.

Los empleados del empresario describen una situación en la que la atención está centrada en los famosos y no en detalles cruciales como garantizar que haya comida, o baños. McFarland insistió en que las personas que acudieran al festival no tendrían que llevar dinero en efectivo, pues se utilizaría un sistema de brazaletes para pagar.

Un exempleado aseguró que se recomendó a los "festivaleros" ingresar un mínimo de US$300 por día en esas pulseras digitales y otro mantiene que McFarland impuso ese sistema para conseguir dinero para pagar a inversores. "Los organizadores tuvieron entre seis a ocho semanas para organizar algo para lo que normalmente se tarda cerca de un año", explicó Chris Smith, quien dirigió el documental de Netflix. "Pero lo que fue más sorprendente para mí fue ir a las Bahamas y ver el desastre que dejó (el festival) y los efectos en la gente de allí".

Víctimas desconocidas

El festival Fyre no solo fue una horrible experiencia para las personas que pagaron la fiesta, también tuvo un gran impacto en la población local de la isla, que ayudaron a los organizadores a montar el evento. "Trabajaron mucho con la comunidad local para sacarlo adelante. Había cientos de trabajadores empleados", explica Chris.

El documental de Netflix, de hecho, muestra las imágenes de la gran cantidad de personal local contratado en la isla, trabajando casi 24 horas diarias para adecuar el enclave a la llegada estimada de miles de personas. "El festival era de un perfil tan alto que creo que nadie creía que no funcionaría".

Maryann Rolle, propietaria de un restaurante que ayudó a organizar el evento en las Bahamas, aseguró que tuvo que sacar US$50.000 de sus ahorros para pagar a los trabajadores que se encargaron del catering durante los preparativos del festival. Tras el desastre del festival, todo el mundo se marchó, con las cuentas pendientes.

"Corregir las injusticias"

"Seis años no parece cuadrar con lo que hizo y el impacto que tuvo en el resto de la gente", considera por su parte Seth. Él demandó a Billy por US$2,5 millones y ganó su litigio, pero cree que tendrá que esperar hasta 20 años para recuperar su dinero ya que McFarland tiene que pagar antes a los inversores.

No obstante, el bloguero espera que el dinero llegue antes a los bahameños de Gran Exuma y considera que los documentales pueden ayudar. Y parece que así ha sido.

Hasta este martes, se habían recaudado casi US$168.000 para la propietaria del restaurante que tuvo que utilizar dinero de sus ahorros para pagar a sus trabajadores, a través de una iniciativa creada en la página GoFundMe. "Vi el documental y me sentí fatal por la estupenda y trabajadora gente de Gran Exuma. ¡No se merecían esto!", comenta un usuario en esa página.

Otra persona que también donó dinero a la causa concluía su mensaje así: "No podemos cambiar el pasado, pero podemos intentar corregir las injusticias".

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