Entrevista

Cynthia Cohen: la pintura como voz

La artista visual recompone  parte de su carrera, desde las conversaciones con Pablo Suárez hasta su más reciente trabajo: “esta última muestra fue como salir de un viaje y volver a ser”.
sábado, 05 de enero de 2019 · 17:05

Cynthia Cohen va y viene por su trayectoria artística con naturalidad. Describe etapas con criterio y agradecimiento, como quien reconoce que el presente no se explica sin el pasado pero también lo da por superado. Pintura, naturaleza, forma, color. En esta entrevista detalla parte de sus comienzos, su experiencia entre charlas con Pablo Suárez, y explica su más reciente muestra en Punta del Este.

EL INTRANSIGENTE: Volvamos a parte del comienzo y tus estudios con Pablo Suárez, a propósito de la muestra del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires. Cuando mirás esa exposición, ¿cómo recordás sus clases y esa relación alumna-docente?
CYNTHIA COHEN: Pablo Suárez era lo que se ve en sus obras; esa irreverencia, una inteligencia muy afilada y una mirada muy crítica. Más que clases, estuvo yendo durante un año a su taller. Era hablar con él sobre la vida. No sé si tenía un sentido académico, más allá de compartir su sentir sobre la vida.

¿Recordás algún consejo (o enseñanza) artístico y no artístico que te haya dado?
No sé si consejo. Él tenía una visión muy cínica de las vanguardias, de los movimientos creados de alguna manera como modas. En la muestra (), en ese cuartito donde están las naturalezas muertas, se ve en esas pinturas, en la labor, en la consistencia del trabajo y no en los gestos de moda. No se trata de consejos, sino de una mirada que atraviesa el universo del arte.

Enseñar con el hacer, antes que con el discurso…
Seguro. Y también eso de no estar complaciendo ni al medio ni a la mirada del otro; ser valiente. Me parece que, hoy en día, está bueno eso porque hay sistemas que ya están agotados. Haces una cosa y podés llegar a otro. En ese momento era más romper para hacer, sin pensar en el costo que podía significar, como quedarte fuera del sistema, de las galerías. Hoy está todo más cuidado.

Entrando a tu trabajo, ¿cuál fue esa pieza que te permitió reconocerte en ella?
Mi primera muestra, entre el 1997 y 1998. Reuní esas primeras obras en las que hablaba del universo femenino. Eran situaciones que estaba atravesando y, de alguna manera, las puse en mi lenguaje, el pictórico. Ahí me empecé a ver, a partir de esas primeras obras que hablan sobre el lugar de la mujer, la mujer objeto. En esas muestras había una sutileza, no es un relato sobre algo puntual. Ahí empecé a sentir que mi necesidad de expresar venía por ahí.

¿Cómo se desarrolló ese feeling?
Se desarrolló a través de diferentes series, hasta hace unos años cuando ya me desprendí de mi universo y empecé a tener una mirada que no va desde lo personal sino desde otros lugares. Otra mirada ajena a mi universo personal. Pero tuve una época, dos o tres series, donde obviamente los temas venían desde ahí.

¿El autor define el arte a través de su obra, crea un sistema para entenderla, o es algo que define el espectador, la crítica?
En mi caso, la define más el espectador. Obviamente tengo una intención al hacer una obra. Pero está abierta a diferentes mirada, diferentes cuestionamientos. De hecho, se van agregando: hay miradas de otras personas en las que me invitan a mí a mirar las obras desde otro lugar. Yo sé lo que estoy haciendo, soy consciente de lo que necesito plasmar, pero cuando ya está hecho, obviamente el universo es mucho más amplio que el de uno. Se amplía el sentido de la obra.

¿Cuál muestra resultó más compleja, a nivel de experiencia creativa?
“Entrañable Cynthia”. Fue la primera vez que pude hacer obras en un tamaño mucho más grande del que yo venía haciendo. Tenía esa necesidad. El hecho de elaborarlas en un taller bastante chiquito, en el que una obra me ocupaba casi todo el taller, tuve que sortearlo poniendo escaleras, subir o bajar, la perspectiva, el manchado. Eso fue como lo más complejo a nivel de escala, pero me sentía totalmente cómoda. De hecho, la tengo como bastante natural.  

Cuando ocupás el rol de espectadora, ¿cómo es tu lectura de las muestras?
Depende mucho de la demanda de la obra. Hay muestras que se entienden con sólo verlas, y tenés esa percepción más sensitiva y no tan intelectual. Por lo general hay algo que me atrapa: lo visual. Siempre. Porque también es mi modo de expresión. Hay algo de la inmediatez que también me gusta. Con el tiempo, después de haber visto tanto, pasa que hay obras que aunque no son fáciles les podés entrar más rápido.

Sobre “Un jardín sobre una playa, una playa sobre una ciudad, una ciudad sobre un cerro”, que inauguraste en Punta del Este, ¿cuál es el concepto y cuánto tiempo de preparación tuvo?
Utilicé elementos que me son propios, parte de mi lenguaje, como los anillos y las piedras lo fueron en una muestra (“Futuro brillante”). Esta muestra la pinté 100% para la Galería del Paseo, desde mitad de año hasta diciembre, unos seis meses. Salí de una serie en la que hice un homenaje pero al mismo tiempo transformé una obra de mi abuelo en obra mía. Me metí en un universo de un artista de los años 30-40, en donde cambié de pincel, de pigmento. Entonces esta última muestra fue como salir de un viaje y volver a ser yo.

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