Vicente López

La fotógrafa del rock más emblemática, Nora Lezano, y una muestra imperdible bajo su curaduría

Una muestra expuesta en la Quinta Trabucco retrata a decenas de jóvenes, documentando sus ilusiones, temores, personalidades. La exposición da fe de un momento personal e histórico.
viernes, 01 de febrero de 2019 · 20:26

Aunque la muestra es a cielo abierto, la fuerza de los retratos es tan potente que adentra al espectador a cada habitación en la que se realizaron las fotos de “Mi cuarto, mi mundo”. Son treinta y seis jóvenes que comparten más que un pedazo de intimidad, junto a la asistencia fotográfica de María Belén Grosso, Carla Policella y Sebastián Pani y la curaduría de una histórica de la fotografía argentina, Nora Lezano. 

Es ella quien explica en relación con la muestra que esa etapa de la vida “es un período de gran exploración y búsqueda que forja la base de una identidad propia, auténtica, genuina”. Y profundiza, sobre el lugar de los retratos: “El cuarto de un adolescente es el espacio donde todas esas búsquedas, pasiones, ideales e intereses dan cuenta de un aquí y un ahora soy o imagino, o quiero ser, de un mundo propio, único, diverso”.

No son menores las palabras de la fotógrafa. Palabra, concepto e imagen no suelen corresponderse con facilidad. Pero, en este caso, parecen relacionarse con absoluta armonía. Porque cada imagen no sólo refleja un mundo, a partir del orden, la estética, la personalidad reflejada a través de objeto; también dice sobre la persona: sus miradas son un puente hacia sus emociones.

En ese collage, el menos perceptible porque arbitrariamente depende de la interpretación, se encuentran los miedos y anhelos de las próximas generaciones. La tristeza, la soledad, la ilusión, los sueños presentes que se proyectan hacia los próximos años, y la irreverencia en frases como “de algo hay que morir”. Da miedo verla junto a un adolescente, quién sabe si por sorpresa ante su consciencia sobre sí mismo o por la desilusión que puede albergar esa sentencia.

Conviene considerar cada detalle porque las fotografías, si bien contaron con asistencia y trabajo curatorial, siguió el proceso de producción de los retratos. Es decir, esas fotografías “son” ellos y, de alguna forma, son lo que cada espectador en algún momento de su vida. ¿Se cumplieron los sueños?

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