Arquitectura

Palacio Piccaluga: lujo y encanto cinematográfico

No suele ser uno de los lugares más nombrados y debería serlo: diseño y decoración de distintos momentos armonizan de manera especial.
sábado, 02 de febrero de 2019 · 23:32

Recorrer el Palacio Piccaluga es un ejercicio de imaginación y una reconciliación con la capacidad de asombro. Todo comienza con su entrada: ninguno de los transeúntes imagina que detrás esas puertas ubicadas en el 1500 de Marcelo T. Alvear puede haber uno de los templos clásicos de la ciudad.

Una vez adentro, la siguiente sorpresa se produce cuando toda esa infraestructura, que desde el garaje sugiere glamour, estilo y personalidad, era sólo una vivienda de paso. Aún así, cada detalle está impecablemente cuidado: ventanas que dan hacia la calle, amplias para que quien se asomara por ellas pudiera acercarse a esa dinámica de vida que intuye cargada de lujo.

Fue Francisco Piccaluga quien mandó a construir la inmensa propiedad a finales de 1800. La idea la materializó Domingo Donati, un arquitecto italo/suizo que fue traído por Piccaluga, destacado empresario de la época, para emprender la tarea. Resultó una propiedad con decenas habitaciones, un jardín, un hall y una escalera de la que podría descender en cualquier momento Leonardo Di Caprio.

Tanta habitación y espacio se explica desde lo amplio de la familia: Piccaluga y su esposa tuvieron seis hijas y un hijo. Una casa en la que en algún momento vivieron al menos nueve personas no podía ser pequeña. Fueron ellos los que se vieron entre los vitrales, tantos y de tan alto acabado, que cada la sospecha de que el Palacio Piccaluga bien podría ser, simplemente, una galería compuesta por ellos. Pero se perdería demasiado.

Y por demasiado hay que considerar las entradas de luz del lugar, sus corrientes de aire o las especies de cuadros pintados que aparecen donde menos los esperas. Porque ese es el principal secreto del espacio: cada rincón parece esconder una historia, como la de esa puerta falsas que está en el comedor, y por la que sólo pasaba el personal de servicio.

Entre las sorpresas, al juntarse la cantidad de miembros de la familia, más el personal de cocina, y tanta exquisitez arquitectónica y decorativa, se entiende que el espacio sea usado para eventos empresariales y de alta costura: es que, en algún momento, Buenos Aires tuvo un espacio en el que pudo haberse filmado “El gran Gatsby”.

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