ENTREVISTA

Gustavo Marrone: la vigencia de la pintura figurativo.

El artista inauguró su más reciente muestra en Recoleta. Conversamos con él sobre su trabajo y uno de sus maestros, Pablo Suárez.
jueves, 28 de febrero de 2019 · 23:01

Las caras miran a cada uno de los espectadores que visita la galería Cosmocosa con la boca abierta. De ellas se desprenden ramificaciones, gestos y expresiones que recrean distintos trances emocionales. Son los mismos retratos que miran a las veredas pintadas que conforman la otra parte de la muestra “El que todo lo ve”, que agrupa en un mismo espacio las dos series más recientes del artista Gustavo Marrone.

EL INTRANSIGENTE: ¿Se pueden leer como emociones cada uno de los retratos?
GUSTAVO MARRONE: Son rostros humanos que están con la boca abierta, con cara de asombro; ninguno tiene orejas. La idea del grito y de la intervención sin escuchar al otro. Después hay una variedad de tratamientos pictóricos que tienen que ver con la libertad de expresión y trata de anular la subjetividad absoluta de una persona determinada; englobarnos más en una actitud. Creo que ahora todo el mundo está con la boca abierta.

¿Y en las veredas?
En esta serie muestra lo que podés encontrar en las veredas, donde podés encontrar de todo cuando vas caminando por la calle. Situaciones prácticas muy específicas, pero básicamente es el rastro de lo que la gente deja y no mira.

Una cotidianidad no observada…
Exactamente. Entonces, está la cara, la persona que mira, y lo que no mira.

¿Cuánto tiempo hay en estas dos series?
La serie de las veredas a empecé en 2015 y la fui haciendo paulatinamente, en el medio de muchas otras exposiciones. Pero siempre sabiendo que quería hacer una serie sobre las veredas, con algunos recursos y pensamientos sobre la pintura figurativa argentina, desde Berni en adelante, quienes siempre e refirieron a lo social en algún sentido. Las caras son del año 2016 y 2018.

¿Cómo recuerda a uno de sus maestros, Pablo Suárez?
Lo recuerdo. Con él aprendí a pintar, a trabajar, etc. Siempre me afirmé en esa tradición, que no solo es de Suárez sino que viene desde mucho antes, desde Molina Campos, e incluso artistas anteriores. Es una tradición con la que me siento muy identificado. Creo que siempre puede volver a renovarse y a volver a estar en diálogo con la realidad.