LA BOCA

Elegancia y practicidad en Beta Sur

La galería presentó al artista chileno Diego Santo, a través de una exposición con piezas que pueden ser sillas y esculturas a la vez.
sábado, 02 de marzo de 2019 · 21:41

“Extinción” de Diego Santo remite a la sensación de hogar, a elementos antropológicos, y al mismo tiempo al cuidado de las obras de arte. Todo confluye ahí, como si la madera que usa para vehicular sus intereses hiciera lo que los ríos: agrupar elementos para llevarlos a otro sitio o, como en este caso, a otra forma. Con él, venido de Nueva York, de nacionalidad chilena pero con espíritu caribeño —como comenta—, la galería Beta Sur presentó este sábado 2 de marzo una suerte de prefacio previo a la presentación de su temporada de exposiciones, el próximo 23 de marzo.

EL INTRANSIGENTE: Luego de tu trabajo con la pintura, ¿cómo llegas a esta etapa en la que comenzás a trabajar con madera?
DIEGO SANTO: Yo estaba en Nueva York. Me habían sacado de mi estudio y, en esa angustia de llevar cosas a casa, me encuentro en esa transición llevando cosas a mi departamento. Siempre he tenido una tendencia bastante tropical, a pesar de que no vengo de un país tropical; siempre mi personalidad, desde el contenido que consumía hasta la comida, están marcadas por ese factor. En Nueva York, me compraba cajas de coco, iba tomando su agua y me quedaba con ellos. Le daba una vuelta: ¿cómo uno puede sumarle valor a este objeto, como lo hacen en las islas? Ahí empezó todo el tema de la forma y hacer estructura. Empecé haciendo muebles.

¿Y la característica de la funcionalidad de las piezas, que se puedan desarmar y a la vez sirven como sillas?
Me digo: vivo en Nueva York. No hay espacio. No voy a hacer cosas gigantes; iba a hacer objetos para que una persona como yo, que se mueve por todo el mundo, tenga un objeto que pueda meter en una maleta, que sea fácil de mover, que sea un asiento, una escultura. Por una cosa natural, empezó a salir como de orígenes, seres ancestrales, todo un tema espiritual muy conectado. Mis intereses siempre han sido los animales, las tribus. Lo primero que se me vino a la mente es esta melancolía de las personas que se me han muerto. Ahí me conecté con animales extinto. Con fotos, empezaba a recrearlos. 

El arte como reflejo de una forma de vida.
Antes de este trabajo, estaba pintando óleos y buscando, en el lenguaje contemporáneo y personal, honestidad. Entré casi por error. Siempre he estado muy conectado con la antropología, la filosofía, la historia, pero nunca en mi vida se me había ocurrido hacer un objeto; menos algo para sentarse. Soy extremadamente abstracto y tengo una creatividad bastante expansiva. Hay un trabajo bien chamánico. En la pintura era tremendo. Me conecto con algo, me vuelvo un poco loco y ahí creo la obra. No trabajo con base en la razón. 

¿Cómo influye tu condición de inmigrante en tu trabajo?
Está todo conectado. Voy a ver a Nueva York. Información. Quieres tener todo. Pero luego, en un momento, empiezo a transformarme en una persona muy minimalista. Está todo afuera, no necesito nada. Empiezo a transformarme en una persona bastante básica, simple y profunda: yo no necesito nada. Mi trabajo está completamente conectado a eso: querer tener una pieza que es limpia, que es simple.